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¿A dónde miraba el tinerfeño Trujillo en el penalti de Cifuentes a Igbekeme?

En el minuto 45 de la primera parte, el árbitro canario no señaló una pena máxima flagrante que hubiese podido ser el 0-2. Es el resquemor eterno que queda en el Real Zaragoza tras caer en Málaga.

Momento en el que Cifuentes, tras meter el pie en el área de manera suicida ante una penetración del zaragocista Igbekeme, zancadillea claramente al nigeriano.
Momento en el que Cifuentes, tras meter el pie en el área de manera suicida ante una penetración del zaragocista Igbekeme, zancadillea claramente al nigeriano.
Captura de Gol TV/LFP

El Málaga-Real Zaragoza de la noche de este viernes, saldado con derrota clara de los zaragocistas por 3-1 ante un candidato al ascenso a través de la Promoción dentro de unos días, se analiza con bastante coherencia entre la expedición aragonesa. Fue un duelo de claroscuros, de enormes contrastes, donde fue sencillo ver a un Zaragoza mejor que un atorado rival en la primera parte (se fue ganando 0-1 al descanso) y a un Málaga superlativo en la segunda mitad, que arrasó a los tomates y ganó al final 3-1. 

Pero, en los matices puntuales del choque, tampoco hay nadie que pueda olvidarse del penalti del que fue objeto el zaragocista Igbekeme al borde del intermedio, en el minuto 45, cuando penetró en el área andaluza y fue derribado, zancadilleado con la pierna, por el lateral local Cifuentes. Y es que no hay explicación alguna a la decisión del árbitro, el tinerfeño Trujillo Suárez. Porque el encontronazo fue notorio, incluso sonoro dicen quienes estaban ahí abajo. 

Igbekeme entró en el área, con una de esas arrancadas suyas que empiezan a coger velocidad y ganan metros enseguida. Y Cifuentes, que se vio rebasado, le metió la pierna una décima de segundo antes de que fuese a consumar su regate profundo el nigeriano. Contactó evidentemente rodilla con rodilla, le hizo perder la vertical, lo puso incluso en el aire en plena zancada, y el '12' zaragocista cayó irremisiblemente al césped sin poder rematar la jugada, que era prometedora de gol (argot arbitral moderno).

La pregunta, ya in situ, y mucho más después de ver una y mil veces las imágenes de televisión, es... ¿a dónde estaba mirando Trujillo Suárez, tinerfeño, en ese momento?

Porque resulta difícilmente explicable que, con cara de esfinge cuando los zaragocistas protestaron el penalti al unísono y de inmediato, el colegiado de Santa Cruz de Tenerife se hiciese el sueco y pusiera cara de "no sé qué me estáis diciendo, chicos". El runrún del propio graderío de La Rosaleda, con la afición malagueña asustada asumiendo que su lateral derecho la había pifiado seriamente cometiendo semejante pena máxima, era otro factor que debería haber hecho pensar a Trujillo, árbitro chicharrero, que se estaba columpiando al no señalar la falta desde los once metros. 

Lo vieron los zaragocistas, obviamente. Pero también los malacitanos. En la tribuna, junto a la zona de prensa, los aficionados locales sonrieron aliviados mirando a los periodistas aragoneses, incrédulos ante lo que habían visto en una decisión errática a más no poder del canario Trujillo Suárez. ¿Cómo puede no pitarse ese penalti? ¿Cuáles pueden ser las dudas que le surjan a un árbitro para, en décimas de segundo, adoptar la decisión de que no ha habido derribo, ni contacto, ni falta? Porque, si su espejismo fue pensar que Igbekeme se había tirado (barbaridad muy bárbara), ¿por qué no le sacó al zaragocista una tarjeta amarilla por 'simular'?

Sea como fuere, estamos ante el penalti más flagrante de la temporada a favor del Real Zaragoza que, sorprendente y desagradablemente, se fue al limbo porque un colegiado de Tenerife se llamó andana cuando lo normal, lo natural y lo que todo el mundo hubiese aplaudido y aceptado (en Málaga nadie duda de la naturaleza de esta pena máxima de Cifuentes) hubiera sido que Trujillo se fuera al punto de penal. Y ahí nacen las elucubraciones. Ejercicio natural del fútbol desde hace más de un siglo.

¿Hubiera remontado el Málaga un 0-2 tras el descanso? ¿Habría logrado el Real Zaragoza, al menos, el punto que necesita aún para sellar su permanencia? Nunca se sabrá.

Lo que sí se sabe a esta hora del sábado es que, este fin de semana, si el Zaragoza quiere sentirse salvado matemáticamente, el rebote se lo tienen que dar los malos resultados de sus rivales implicados en el lío del descenso: el Majadahonda, el Lugo y el Tenerife. Ea. 

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