Real Zaragoza

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Un mal segundo tiempo del Real Zaragoza en Málaga lo lleva a la derrota por 3-1

Los aragoneses ganaban 0-1 en el descanso y el árbitro les escamoteó un penalti claro sobre Igbekeme. Después, los malagueños fueron muy superiores.

El Real Zaragoza deberá seguir esperando para sellar la salvación. No puntuó en Málaga en el partido inicial de la 40ª jornada, la antepenúltima. Le bastaba un punto, pero no pudo sujetar al Málaga en la segunda mitad tras haberse ido al descanso ganando 0-1 y con un penalti claro cometido sobre Igbekeme que el árbitro no señaló sorprendentemente. En la segunda fase del choque, los andaluces, aspirantes claros a jugar la Promoción de ascenso a Primera, fueron un huracán sobre la portería de Cristian Álvarez, que evitó una goleada sonora con diferentes paradas ante los disparos de los jugadores locales. Al final, el combate se paró en el 3-1.

El primer tiempo fue un melón que salió con un sabor y una textura no esperados, vista la pinta del partido, lo que se jugaba el Málaga y la falta de obligaciones (en líneas generales) que tenía esta vez un desahogado Real Zaragoza. Salvo los primeros 5 minutos, en los que los malagueños salieron en tromba y provocaron un par de llegadas profundas de Renato, un remate a gol de Blanco que sacó a córner Verdasca y otro par de centros con veneno al área de Cristian Álvarez, nada respondió al patrón que la mayoría podía esperar entre el 5º clasificado, el cuadro andaluz, que tenía en juego la Promoción de ascenso, y el 14º, el Zaragoza.

El estado nervioso de los mediterráneos estuvo muy por encima del habitual. La ansiedad les pudo siempre. No dieron pie con bola. Y el Real Zaragoza tuvo el buen acierto de marcar enseguida. De adelantarse en el marcador en el minuto 9. Eso fue mano de santo para los de Víctor Fernández, pues hizo de acelerador de las histerias locales. Pep Biel, tras una penetración por el centro del anárquico Papunashvili (había visto amarilla en el minuto 1 peligrosamente), lanzó una rosca en el área tras deshacerse de su marcador y colocó el balón en la red de Munir. Tuvo mérito el mallorquín, pues esta vez remató con la derecha, la no prevalente en su juego. A partir de ahí, el Málaga se enrevesó sobremanera en sus ideales futbolísticos.

N’Diaye era un motor sin continuidad. Los delanteros eran parados bien por Guitián y Verdasca, bien secundados atrás por los laterales, Delmás y Nieto, esta vez poco ofensivos. El Zaragoza no se fue demasiado arriba nunca. Se gustó saliendo lento de atrás, porque además todo era sencillo ante el atrancamiento rival. Largas posesiones, combinaciones de lado a lado a base de toques a la primera que llamaron la atención por que no ha sido lo habitual durante el año. En las cercanías de las porterías, durante minutos y minutos, no pasó nada de nada. Solo que el Málaga la pifiaba cada vez que lanzaba un centro o intentaba un pase a su ariete tanque, Blanco.

Hasta el minuto 32 no se atrevió nadie a romper esa tendencia. Fue el malagueño Mula, cabeceando un centro al área pequeña, mal, sin encontrar portería por medir mal el salto. En el 35, en una especie de despertar malacitano, Ontiveros se sacó un derechazo desde 25 metros que obligó a Cristian Álvarez a ejecutar un paradón, en el aire, sacando la pelota a córner junto al palo derecho con ambas manos. Ese córner, en el 36, lo peinó peligrosamente Blanco, pero el balón se fue cruzado fuera, por alto. Fue el único rato que el Real Zaragoza se vio algo agobiado. Pero tampoco fue para tanto.

De la apatía ofensiva zaragocista, que reinó durante la mayor parte del primer periodo, salió de nuevo P. Biel, en el minuto 39, con un disparo desde fuera del área, de rosca (quiere hacer marca), que esta vez se le marchó alto por un metro, asustando a la parroquia andaluza. Media hora había tardado el cuadro aragonés en dar miedo arriba. Y el final de esos primeros 45 minutos hizo pensar que, si hubiese sido algo más atrevido, es probable que hubiera matado a un Málaga esposado a la pata de la cama por sus propias argollas de la responsabilidad. El Zaragoza entró varias veces en el área local con peligro y, en la última acción, Luis Hernández cortó un avance de Igbekeme en el área en un penalti clamoroso que Trujillo Suárez, el árbitro canario, se comió con patatas. Se protestó, por increíble que no hubiese sido señalado por el colegiado, pero el descanso se llevó las sensaciones al túnel de vestuarios.

El segundo tiempo arrancó sin cambios. Al Zaragoza, el 0-1 le venía de perlas. Con un punto, simplemente, certificaba la permanencia, su misión mayor. Pero al Málaga, esa derrota puntual le suponía una catástrofe, quizá fatal de cara a dentro de 15 días. Por eso todo el mundo esperaba la reacción local. Y enseguida se empezó a notar ese olor a asedio. Renato, en el minuto 50, probó de nuevo los reflejos de Cristian Álvarez desde la frontal del área, que hizo volar al argentino para enviar a córner. Fue el aviso de lo que venía de inmediato. El exzaragocista Juan Carlos (ahora Juankar) se convirtió en un cuchillo afilado desde su posición de lateral zurdo y por ahí taladró la defensa hasta tres veces seguidas en dos minutos.

En una de ellas, su centro no lo despejó bien Guitián y llegó al segundo palo, en el 53, para que Renato fusilara a placer el 1-1. La Rosaleda se convirtió en un caldera. Ahí, todo el zaragocismo se acordó del penalti a Igbekeme en el 45, que hubiera podido llevar a los tomates (vistió todo de rojo el cuadro aragonés) con el 0-2 al ecuador del duelo. La segunda mitad era ya otra cosa. El Málaga presionaba con todo, arriba del todo, obligando a los zaragocistas a jugar con precipitación y sin el buen pulso del primer episodio del choque. Y ese empate lo puso a cien por hora. Tanto que, en apenas 6 minutos, fue capaz de voltear el marcador adverso.

Blanco, en el 59, remató en el área pequeña un balón vuelto por Adrián González en una buena penetración de Ontiveros. El argentino se comió la posición de Guitián y Verdasca y, pese a su corpulencia y cierta lentitud, llegó a empalar a gol ante el delirio de la afición malaguista. Dentro del primer cuarto de hora del segundo tiempo, el equipo blanquiazul había sido capaz de salir de su frenesí anímico y de ponerse por delante. Por su puesto, en este tramo del juego, no hubo noticias del Real Zaragoza. Todos desaparecidos en combate. Como si les hubiesen saboteado la batería en la caseta. En el minuto 20 de la segunda parte ya se podía afirmar que había dos partidos en uno. Radicalmente diferentes: uno el primer tiempo, y otro tras el descanso.

Todo lo que ocurrió posteriormente al 2-1 lo siguió haciendo el Málaga, llevado en volandas por el ambiente de su gente. Ontiveros, en el 65, lanzó un duro disparo desde la frontal del área que rechazó nuevamente el salvador Cristian Álvarez. La zaga aragonesa estaba como paralizada y nadie fue al rechace. Sí lo hizo Juan Carlos que, solo ante el portero zaragocista, lanzó a sus pies y elevó a sobresaliente la actuación del arquero argentino. Aquello era un vendaval. Blanco, en el 67, se fue con fuerza hacia el marco, se llevó colgando a Verdasca (no lo pudo parar ni agarrándole claramente de las escápulas) y su remate potente lo volvió a echar a saque de esquina el portero del Real Zaragoza. Era un milagro que aquello siguiera solo 2-1.

Víctor Fernández, que ya había sacado a Pombo por Papunashvili tras el 1-1 sin provecho alguno, jugó otra bala de plata al retirar a Igbekeme y ayudar en la ofensiva con M. Gual a falta de 20 minutos. Pero todo fue inútil. Justo después de que Pombo asustara un poco a Munir con un disparo blando desde lejos, Adrián González marcó el 3-1 al recoger un rechace corto (otro) de Guitián en un centro al área mal restado. El ‘8’ malacitano sentenció el partido ahí, en el minuto 74, con un cuarto de hora aún por delante y el Real Zaragoza abatido por completo. Unos y otros decidieron parar y firmar ese marcador. Ya no pasó casi nada de sustancia. Un par de tarjetas para los enfadados zaragocistas (Guti y Nieto) y un disparo intencionado del crecido Blanco que rozó el palo izquierdo fueron lo único a anotar en la recta final.

El Real Zaragoza no pudo replicar al Málaga globalmente pese a que hizo 45 minutos, los iniciales, de mucho mérito. Los andaluces son un equipo superior y eso de demostró en la parte decisiva del duelo. Y habrá que esperar un poco más para cuadrar la salvación. Majadahonda, Lugo o Tenerife se la pueden dar de rebote al cuadro zaragozano durante el fin de semana. En La Rosaleda, por méritos propios, no pudo ser en una noche con dos caras.

Ficha Técnica

Málaga CF: Munir; Cifuentes, Luis Hernández, Pau Torres, Juan Carlos (Ricca, 71); N’Diaye, Adrián Glez.; Renato Santos (Iván Alejo, 79), Mula (Pacheco, 63), Ontiveros; y Blanco.

Real Zaragoza: Cristian Álvarez; Delmás, Guitián, Verdasca, Nieto; Javi Ros, Igbekeme (M. Gual, 71); Papunashvili (Pombo, 57), P. Biel, Raúl Guti; y Álvaro Vázquez (Eguaras, 79).

Árbitro: Trujillo Suárez (Canario). Amonestó a Papunashvili (1), Ontiveros (49), Álvaro Vázquez (54), Raúl Guti (76) y Nieto (82).

Goles: 0-1, min. 9: P. Biel. 1-1, min. 53: Renato. 2-1, min. 59: Blanco. 3-1, min. 74: Adrián Glez.

Incidencias: Noche veraniega en Málaga, con 30 grados tras un día magnífico. El césped de La Rosaleda presentó un estado sobresaliente. En las gradas hubo alrededor de 24.000 espectadores.

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