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Objetivo en Córdoba: retomar la sensación de ganar fuera de casa, perdida hace 2 meses y medio

Desde el 9 de febrero en Lugo (1-2), el Real Zaragoza no vence como visitante, su obligación este domingo en casa del colista, 

Los jugadores del Real Zaragoza celebran el triunfo por 1-2 en Lugo el 9 de febrero en el Anxo Carro.
Los jugadores del Real Zaragoza celebran el triunfo por 1-2 en Lugo el 9 de febrero en el Anxo Carro.
Mero Barral

El Real Zaragoza necesita volver a sentir. Recuperar vivencias perdidas. Está obligado, este domingo en Córdoba, a salir de la espiral de incapacidad que lo ha atolondrado fuera de La Romareda desde hace algo más de 2 meses y medio. Porque ese es el tiempo que hace que logró vencer su último partido a domicilio, justo lo que la liga, la vida, le pide ahora para no caer en problemas graves cuando la competición se acaba.

Desde el 9 de febrero, en plena ola de frío, en una noche muy lluviosa en el corazón de Galicia, el Real Zaragoza no ha dado una alegría a su afición (y se la ha dado a sí mismo dentro del vestuario) en su rol de visitante. Fue en Lugo, en el pequeño y vetusto estadio Anxo Carro, cuando logró voltear el tanto inicial de los rojiblancos para imponerse por 1-2 en un día de perros. Linares y Guitián fueron los autores de aquellos últimos goles ganadores lejos del hogar.

A partir de ahí comenzó la decadencia zaragocista. A la conclusión de ese éxito en tierras lucenses, antes de los carnavales, el equipo de Víctor Fernández navegaba con 7 puntos de colchón sobre el descenso. Eran aquellos días en los que el movimiento optimista espontáneo del zaragocismo hacía números con la Promoción de ascenso como referencia hipotética. Pero la mala dinámica del equipo fuera de casa arruinó ese sueño de repetir la remontada histórica del año pasado. Finalmente, el destino del Real Zaragoza estaba en la parte más baja de la clasificación, no en otras latitudes más templadas.

Derrotas en cadena, hasta tres, por 1-0 en Pamplona y Granada, y por 3-0 en Mallorca. Y el agridulce empate último en Cádiz (3-3). Ese es el balance en este periodo de tiempo de un Real Zaragoza nervioso y sin pulso ágil cuando ha de jugar lejos de su casa. Un punto de 12 que, combinado con los patinazos en La Romareda ante Almería y Alcorcón, han dejado la situación con los agobios del presente, sobre los que no hace falta redundar una palabra más. Se dan por sabidos y asumidos. Apuros a diestro y siniestro. Miedos cada vez que se mira al retrovisor y se ve la reacción de los de abajo, con el Extremadura subiendo la cota de la supervivencia y media docena de afectados por la histeria con la respiración entrecortada.

Víctor Fernández y sus muchachos tienen en Córdoba un objetivo supremo: retomar la senda de la victoria en campo ajeno. Como en su día hicieron con este tercer entrenador del curso en Gijón (1-2) y la referida de Lugo. Es la hora de la verdad y no cabe otra alternativa si se quiere cuadrar la caja de los puntos en junio. El Arcángel, campo del colista cordobés, es a priori el lugar más propicio para alcanzar tal propósito, que para eso juega ahí el peor equipo del actual curso. El aliciente, por estar todo bajo una presión mayúscula, tiene un doble filo: no ganar en Córdoba podría traer efectos secundarios y contraindicaciones para los seis últimos partidos de la liga. 

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