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Cristian Álvarez doma los oblicuos en 8 días de duro rodeo

El portero titular del Real Zaragoza estará finalmente en Córdoba tras una larga semana de dudas por una atípica lesión en el abdomen. 

Cristian Álvarez habla con Víctor Fernández durante el último entrenamiento, en el que el portero ha sido foco de máxima atención para el técnico.
Cristian Álvarez habla con Víctor Fernández durante el último entrenamiento, en el que el portero ha sido foco de máxima atención para el técnico.
Francisco Jiménez

Cristian Álvarez estará en Córdoba en la noche del domingo. Fumata blanca para el Papa Cristian. Habemus portero titular en el once inicial del Real Zaragoza en tamaña 'final' ante el colista, donde los 3 puntos son para el equipo aragonés vida pura, sosiego en medio de la zozobra del final de la liga. 

El guardameta argentino ha sido duda durante más de una semana. Imprevistamente. Porque se lesionó en la semana blanca, la pasada, en la que el equipo entrenó en vacío al no tener que jugar el fin de semana, pues el Reus, rival de turno, no existe desde enero. Pasó desapercibida su dolencia. Nadie se enteró entre la opacidad del día a día de los entrenamientos, todos a puerta cerrada menos en su tramo de carta de ajuste. Fue el viernes y, a continuación, sábado y domingo (santos, en plenas fechas de Pascuas), el equipo tuvo fiesta y se desvaneció por completo de la actualidad informativa fresca. Por eso, lo de Álvarez no trascendió hasta el lunes último, cuando todos regresaron a las rutinas... y Cristian no estaba en su lugar habitual, donde siempre, con la misma gente. 

Como faltaban 7 días para afrontar la 'final' cordobesa, su ausencia "por un golpe" tampoco fue valorada externamente como importante a esas alturas del calendario. Pura anécdota en un principio. 

Pero según fue avanzando la cosecha de hojas del almanaque, el susto empezó a meterse en el cuerpo del zaragocismo, los que están dentro del equipo y saben de qué va cada cosa intestina y los de fuera, que conocen lo que conocen, más a nivel de epidermis y con gafas progresivas, de hipermetropía y miopía, a veces con matices de astigmatismo. 

La cosa es que, sin un parte médico oficial en todo este tiempo, ver que Cristian Álvarez no estaba trabajando con normalidad en los ensayos del lunes, martes, miércoles y, tampoco el jueves, evidentemente elevó el grado de preocupación hasta al más insensible entre la desgana informativa instalada ya por defecto desde hace largo tiempo por pura inercia. 

Fue Víctor Fernández, el veterano entrenador del Real Zaragoza quien, como es costumbre en él desde su regreso al equipo hace 4 meses, puso algo de luz al asunto en la comparecencia habitual de los viernes, o sea, justo una semana después de que Cristian Álvarez se lesionara, por lo demostrado en el devenir de los días, de cierta importancia.

"Fue un gesto en el último entrenamiento de la semana pasada, que no sé cómo ocurrió. No sé si fue un golpe, o un mal gesto, en una salida con los pies y con los brazos arriba. Hizo un movimiento y le dio ahí... en la zona de los oblicuos, lo que le provocó este problema", contó Víctor de soslayo en su repaso al estado físico de los múltiples inquilinos de la enfermería blanquilla.

Los oblicuos fueron el problema. Malditos oblicuos. ¿Saben ustedes, estimados lectores, que todos tenemos nuestros oblicuos? Esos maravillosos oblicuos que a los de la tableta de chocolate en la barriga tanto les gusta destacar en el relieve de su mapa corpóreo y que, al 95 por ciento de la población mundial (me quedo corto, probablemente), les resultan ajenos, desconocidos e indiferentes a pesar de llevarlos puestos de fábrica, igual que los dedos, los ojos, las orejas y demás herramientas de primer uso del cuerpo humano. 

Así que lo de Cristian Álvarez ha consistido en domar a los oblicuos. En hacerse con ellos para amansarlos y que no le duelan. Y, de paso, gracias a Víctor Fernández, para presentar en sociedad, para muchos de los receptores, a los oblicuos en cuestión. Aquí los oblicuos, aquí el mundo. Encantado de saber de ustedes. 

Oblicuos, músculos abdominales, que unen la cadera con la última de las costillas, la de más abajo. Esa zona llamada de la cresta ilíaca hasta el plexo solar. La barriga, vaya. La tripa. La panza. Los oblicuos están ahí debajo. Para hacer fuerza. Para sostener el tronco de la persona con fortaleza. Para doblarse con solvencia. Para aguantar peso, golpes, gestos poco naturales, si es preciso. Los oblicuos impiden que nos rompamos como papel si forzamos de caderas hacia arriba en ademanes contra natura. Maromas de barco. 

Pues a Cristian, los oblicuos se le rebelaron el viernes santo y le ha costado un mundo meterlos de nuevo en vereda. Pero, por suerte, parece que ya está. Que esas sirgas de acero están ya engrasadas, pulidas y puestas en su sitio con normalidad. 

Lesión novedosa esta. Inhabitual. Pero interesante para culturizarse un poco más a través del fútbol. El fútbol es conocimiento. Economía, finanzas, derecho civil, derecho penal, derecho concursal, psicología, medicina, empresa, banca, moda, peluquería, 'tatoo', idiomas, política, religión, geografía, historia, artes gráficas, papel 'couché'... anatomía, todo esto se estudia cada día aunque usted, la mayor parte de las veces, no lo aprecie así. Es la Universidad del fútbol. Un saludo a los oblicuos. Ya son unos más de la familia. 

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