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Real Zaragoza

Vuelta al barrio

Cristian Álvarez regresa a Vallecas, lugar que le cautivó y donde encontró un encaje ideal su filosofía de vida. Jugó una temporada como portero del Rayo Vallecano

Cristian, en un entrenamiento del Real Zaragoza
Vuelta al barrio
Aránzazu Navarro

Estará como en casa, porque siempre manifestó que lo era: Vallecas posee significados profundos en la vida de Cristian Alvarez. Solo jugó allí una temporada, entre julio de 2014 y junio de 2015, cedido por San Lorenzo de Almagro tras su paso por el Espanyol. Pero el latido urbano, humilde, rebelde y combativo del barrio se le tatuó en el alma al actual portero del Zaragoza. Un grabado a fuego en alguien con la piel cubierta de tinta, con la lengua de los Rolling Stones, la efigie de Morrison… Vallecas se marcó en el espíritu atribulado, solitario y bohemio de Cristian, un tipo singular, atípico en el universo del fútbol y que encontró en Vallecas un encaje ideal para su filosofía de vida.

Cristian vivía en el centro de Madrid, en la zona de Tribunal, en un caldero de artes, librerías, cines, teatros, tascas y pasión vital. Huyó de zonas residenciales y complejos de lujo. Quería oír los latidos de la gente y del pueblo en su día a día. Pero también era común reconocerlo entre el tumulto de Vallecas, adonde acudía, puntual a entrenamientos y partidos, en el metro. La estación de Portazgo, en la avenida de la Albufera, a los pies del estadio de Vallecas, era su punto de acceso a un barrio en el que gustaba de mezclarse con los vecinos.

En ese universo diferente, tan sui géneris, Cristian Álvarez halló varios puntos de conexión humana. El estilo punk, las corrientes antisistema, la rebeldía del barrio, la austeridad de la gente, la modesta pertenencia del Rayo a esas calles, la llama proletaria… Su origen rosarino, una ciudad argentina que representa un mundo en sí misma, cuna del Che Guevara, el Loco Bielsa, el Negro Fontanarrosa, tuvo mucho que ver en ese flechazo. Cristian, a pesar de vivir allí solo un año, siempre ha bañado de elogios esa experiencia y ha puesto al Rayo Vallecano en un lugar especial de su vida.

«Vallecas tiene algo de la gente sin zapatos como me gusta a mí llamarlos. Me gusta que haya ese punto de humildad alrededor del club, un punto que ha hecho que no se pierda el contacto humano. Vallecas es algo cercano, guarda la esencia del fútbol», relató en una entrevista en El País.

Tras todo aquello, retornó a América. Jugó en Paraguay, en Cerro Porteño, de nuevo en San Lorenzo... hasta que llegaron las dudas, las inseguridades y dejó el fútbol un año por razones personales. El Zaragoza le devolvió a la portería, y hoy volverá al estadio donde tanta calor recibió.

A Cristian Álvarez apenas le dio tiempo a jugar 17 partidos aquella temporada en Vallecas, pero, sobre todo, le dio tiempo a vivir. A ser feliz.

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