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Real Zaragoza

Imparable Real Zaragoza en Pamplona: sexta victoria consecutiva

El equipo aragonés venció 1-2 en El Sadar, con doblete de Borja Iglesias y alcanza ya los puestos de promoción de ascenso.

Victoria del Real Zaragoza ante Osasuna en el Sadar
Victoria del Real Zaragoza ante Osasuna en el Sadar
Daniel Marzo

¡Que no pare la música! El Real Zaragoza es ahora un tsunami de efectividad, de goles, de triunfos, de puntos y, tras lograr ayer en Pamplona su sexta victoria consecutiva (18 puntos sumados de los 18 disputados), alcanza por primera vez los puestos de promoción de ascenso, en un tiempo récord de menos de dos meses que lo han llevado arriba del todo proveniente de la cola de la clasificación, en la que estaba a solo 2 puntos de la zona de descenso el pasado 3 de febrero. Un doblete de Borja Iglesias en la última media hora de juego en El Sadar sirvió para doblegar a un rival directo que lo antecedía en la tabla y que, durante 60 minutos, jugó con mayor intención y opciones de gol pero sin saber cómo batir al héroe de la tarde, el portero Cristian Álvarez. Un triunfo clave para cimentar la creencia de que es posible cualquier desembocadura feliz de aquí a junio si la sobresaliente dinámica que mantiene viva el Zaragoza en la segunda vuelta de la liga no se tuerce.

No fue esta una victoria sencilla ni exenta de padecimientos y problemas. En la primera parte, lo mejor fue el 0-0 con el que se llegó al descanso. El Real Zaragoza pasó infinidad de minutos atrincherado atrás, fruto del empuje osasunista y de la enorme cantidad de balones que llegaron a las inmediaciones del área aragonesa de todas las maneras posibles. No hubo forma de ver una jugada ligada de los de Natxo González, que en ningún momento supieron deshacerse de la presión constante de los rojillos, que se inició siempre arriba del todo, en sus puntas. Y, de esa guisa, las ocasiones de gol ante el marco de Álvarez, que ya se marchó al intermedio como el héroe blanquillo un día más, fueron goteando hasta sumar ocho claras.

No funcionó el Zaragoza como en días anteriores. Torpe en la combinación desde el mismo inicio en Eguaras, que intentó varias filtraciones de balón hacia Borja Iglesias y Pombo sin éxito, pasando por Zapater, Raúl Guti y Febas, totalmente anulados por sus marcas férreas. No hubo suministro de juego de medio campo hacia la portería de un inédito Sergio Herrera y solo merodeó el balón el área osasunista en un córner que remató Guti, mal en el segundo palo, y en una pelota que Febas, desde fuera del área, en la única acción en la que el Zaragoza ganó la espalda a los centrales locales, no golpeó bien en su intento de vaselina sobre el portero navarro.

Entretanto, los pamploneses fueron punteando el gol en la primera media hora a través de Torró –dos veces–, Barja y Quique González, pero poco a poco Cristian Álvarez fue creciéndose con sus paradas hasta convertirse en un muro infranqueable. El gran salvador del Zaragoza en esa fase de oscuridad mental del equipo. El culmen de su actuación lo tuvo en el minuto 41 cuando, totalmente vendido, detuvo un remate a bocajarro a Quique tras una jugada de Barja. Un paradón superlativo cuando el público, incrédulo, ya cantaba el gol. Poco antes, el argentino ya había desmantelado, en doble acción, otro tanto sencillo que tuvieron Lasso y el mismo Quique, tras una pérdida letal de Eguaras en la medular que patrocinó una contra en superioridad de los rojillos.

Que el tanteador se fuese inmaculado al intermedio fue, en cierta medida, un golpe de fortuna para el equipo zaragocista. Hasta hubo una jugada de gol de Quique González, en el minuto 36, que fue anulada por un fuera de juego más que dudoso. Jugó con fuego el cuadro aragonés en ese primer periodo y lo más positivo, visto lo visto, es que no se quemó. Pero, para aspirar a ganar o, al menos, llegar a manejar los tiempos con mayor capacidad de maniobra, era necesario cambiar muchas cosas en la caseta. Justo antes del cuarto de hora de meditación, Natxo se había anticipado al sustituir a Febas por Buff, pues el leridano no acabó de convencer al técnico en la labor encomendada para enganchar la media con los delanteros. Un cambio táctico atípico que después vendría muy bien al equipo. Un acierto, sin duda.

Segunda mitad decisiva

El segundo tiempo arrancó, mal que pesara a los zaragocistas, con las mismas hechuras. Dominio constante del Osasuna, llegadas constantes al área blanquilla, y problemas para que los de Natxo salieran hacia arriba, siquiera para pasar de medio campo. Cristian Álvarez no se enfrió en la caseta y prosiguió con su tarde épica bajo palos. En el 53 salvó un remate a quemarropa de Barja a centro de Mérida, sacando una mano decisiva para sacar la pelota a córner. Dos minutos después, el sudamericano se marcó otro paradón de belleza descomunal, a mano cambiada, en un chut desde 20 metros de Borja Lasso que buscaba la escuadra. El Zaragoza no lograba espabilar y el 0-0 se presentaba como un botín de oro, vistas las circunstancias.

Al borde del cuarto de la reanudación, a los zaragocistas se les sintonizó la emisora en el punto preciso, en la onda buena. La llama divina se les posó sobre sus cabezas. Avisó Borja Iglesias, al alimón con el central Oier, rematando forzado un centro de Benito que se marchó fuera rozando el palo. Y segundos después, llegó el estallido de la euforia aragonesa en El Sadar. Iglesias voleó a la primera en el área un centro del mismo Benito, tras un pase al hueco precioso de Buff, y batió con un obús perfecto a Herrera. De repente, el partido cambió de vertiente, de peralte. De estar durante una hora inclinado a favor del Osasuna, sin ser capaces los navarros de aprovechar su dominio, pasó a ponerse del lado zaragozano con solo 30 minutos por delante. Una maravilla en una tarde de este calibre.

Los locales, obviamente, atornillaron aún más sus tuercas para intentar remontar semejante adversidad. Y Xisco, el ariete tanque que Diego Martínez tenía en el banquillo, salió para intentar abrir la lata por alto. Fue Xisco precisamente el que primero tuvo el empate en sus pies, tras dos faltas mal lanzadas anteriormente por Mérida y Lasso. Pero ahí estaba de nuevo el amo de llaves de la Puerta del Carmen, Cristian Álvarez, para evitar el mal con una estirada portentosa. En las llegadas siguientes, Quique, por dos veces, remató fuera dos balones francos en el área zaragocista. Los nervios atenazaban cada vez más a los locales y el reloj corría a favor de obra del Zaragoza.

En el minuto 80 aguardaba la puntilla. El éxtasis. El 0-2, de nuevo con Borja Iglesias como ejecutor. Esta vez en una contra en la que el pasador letal fue Toquero, recién reaparecido en el lugar de Pombo. El gallego superó un mano a mano a Herrera y sacó las lágrimas de los ojos a todo el zaragocismo. Un pleno de efectividad en un partido trabado, duro, complicado, que durante 60 minutos iba encaminado hacia otro fin radicalmente opuesto. El mito del fútbol. La magia del balompié. El saber estar de un equipo enrachado en los momentos difíciles, esperando con oficio el momento de reaccionar. La excelencia de poseer un portero mayúsculo, de estar dotado de un goleador que cuando marca siempre suele ser para ganar. Un partido trabajado con solvencia, peleado cuando todo venía cruzado para aguantar con vida y, una vez salvado el pellejo con casta, llevarlo al terreno favorable con gotas de calidad.

El gol osasunista, en el minuto 94 (cuando el árbitro solo había dado 3 de aumento) fue pura anécdota. Algo residual en un córner defendido con demasiada calma en un grupo zaragocista que, entonces, ya celebraba su magnífico triunfo en Pamplona. Un éxito con muchos valores añadidos. Con efectos secundarios que deben hacer crecer aún más a los de Natxo, un entrenador enormemente reforzado por razones obvias y que está manejando esta crecida con mano izquierda y pulso firme. A expensas de cómo concluya esta 31ª jornada que tan bien empezó para el Real Zaragoza, los blanquillos ya tienen a mano a corto plazo sueños de alto rango para el último cuarto del torneo.

Ficha Técnica

C. At. Osasuna: Sergio Herrera; Lillo, Oier, Unai García, Clerc; Torró, Fran Mérida; Barja (David Rodríguez, 80), Borja Lasso (Roberto Torres, 84), Rober Ibáñez (Xisco, 66); y Quique González.

Real Zaragoza: Cristian Álvarez; Benito, Grippo, Perone, Lasure; Eguaras, Zapater, Raúl Guti, Febas (Buff, 42), Pombo (Toquero, 76) y Borja Iglesias (Oyarzun, 92).

Árbitro: Varón Aceitón (Comité Balear). Amonestó a Grippo (64), Pombo (72), Lasure (85), Roberto Torres (87), Buff (89) y Oier (90).

Goles: 0-1, min. 60: Borja Iglesias. 0-2, min. 80: Borja Iglesias. 1-2, min. 94: Unai García.

Incidencias: Tarde fría en Pamplona, con 6 grados, cielo muy nublado con lluvia intermitente. El césped de El Sadar presentó un aspecto irregular, con calvas en varias zonas. El graderío estuvo casi lleno, alrededor de 15.000 espectadores, 600 zaragocistas en la zona visitante. El Real Zaragoza lució brazaletes negros en memoria de Antonio Pais, jugador de la época de Los Magníficos, fallecido esta semana.

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