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Sporting-Real Zaragoza: Cuando la necesidad y los objetivos aprietan

El Sporting, favorito caído fuera de la zona de promoción, y el Real Zaragoza, 14º, afrontan un duelo lleno de urgencias. Los de Natxo necesitan la victoria para escapar de la zona baja de la tabla

Natxo González baja del autobús del Real Zaragoza, ayer a las 3 de tarde tras viajar durante toda la mañana por autopista.
Cuando la necesidad y los objetivos aprietan
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Hambre. Sed. Frío. Nervios. Vértigos. Dolores de cabeza. Pequeñas venas varicosas. Febrícula. Pasajes de insomnio. Estrés. De todo esto tienen un poco cada uno de los dos equipos que esta noche se miden en El Molinón. No están finos ni los muchachos del Sporting de Gijón ni, mucho menos, los del Real Zaragoza. Al contrario, llevan varias semanas achacosos. A merced de cualquier virus, proclives a sufrir más que a disfrutar de esta liga que camina hacia su mitad.

Todavía no muestran signos depresivos, sus ansiedades no traspasan la línea neurológicamente preocupante, pero es evidente que llevan unas vidas fuera de sus previsiones, de sus aspiraciones particulares, de lo que su día a día les exige por sentido común y mandato societario.

Los gijoneses, que vienen de Primera División y tienen como plan volver a la élite en junio de un solo impulso, resulta que se han caído, no ya fuera de los puestos de ascenso, sino también de los de promoción. Son octavos y solo han sumado un triunfo en los últimos siete partidos.

Los zaragocistas, que padecen el quinto año seguido en Segunda, no han logrado en lo que va de liga levantar el cogote más arriba de la 11ª plaza y, con la misma racha que el Sporting, una victoria desde el Pilar, andan por el escalón 14º asomados al abismo del descenso a Segunda B, que dista ahora mismo a un solo partido de distancia, o sea, tres puntos. La diferencia es que el Sporting empezó mucho mejor la liga que el Zaragoza. Y por eso, pese a su regresión evidente, aún aguanta la estela del grupo de cabeza, con 24 puntos (cinco más que el club zaragozano). Quién los pillara, se pensará entre el zaragocismo.

La cosa es que Paco Herrera, el ex de La Romareda que dirige a los asturianos en un año tan exigente por aquellos lares, afronta el envite ante su antiguo equipo blanquillo con mucha presión. Otro tropezón ante la hinchada astur podría significar un serio inconveniente para el veterano técnico. El último episodio en El Molinón, que fue un aparatoso 0-3 contra el Cádiz, aún sangra por allí y necesita sutura firme.

En el lado de los viajeros, Natxo González, cada vez más serio y cavilante, necesita reavivar el fuego de la esperanza tanto de sus muchachos como, por extensión, de todo el zaragocismo. Los dos últimos desplazamientos acabaron en sendos batacazos: el doloroso de Huesca (3-1) por los aderezos que tenía aquel vergonzante partido de los blanquillos, y el último en Almería, donde nadie encontrará jamás una razón lógica a aquel 3-0 frente a un rival catatónico que ese día revivió como un bailarín de claqué.

Así que, por encima de la dinámica ya agobiante que impide a los zaragocistas elevar su nivel de rendimiento –insuficiente desde agosto, a ráfagas– de modo que se adquiera esa cota que los acostumbre a ganar (solo llevan cuatro victorias en 16 jornadas), Natxo tiene que evitar otra puesta en escena que haga daño a la vista y al orgullo. Qué menos. Y, por supuesto, si el equipo es capaz de romper los pronósticos mayoritarios y sale exitoso de Gijón, feudo de alto rango, habrá obtenido la única medicina que ahora existe en el mercado para mejorar de sus síntomas: sumar de tres en tres.

El Sporting afronta el compromiso con cinco bajas por lesión: Lora, Canella, Sergio Álvarez, Alex López y Xandao. Parece ser que Paco Herrera baraja seriamente jugar con una defensa de cinco, con tres centrales y dos laterales largos, sistema que, sabe, se le atraganta a los de Natxo. Por su parte, el técnico zaragocista solo pierde por fuerza a Mikel González. Lo de Buff y Oyarzun ya es cosa suya. Tras la esperada sacudida del jueves en Valencia, en el adiós a la Copa, hoy toca reparar las abolladuras en el eje central de la zaga, en la creación de la línea medular y en la llegada al área. O sea, casi todo. Es decir, lo de hace unas cuantas semanas.

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