Real Zaragoza
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Alimento para la paciencia

El Real Zaragoza, en su presentación en La Romareda frente al Granada, necesita los primeros puntos para ganar calma, seguridad y confianza entre las dudas.

La plantilla del Real Zaragoza, en la Ciudad Deportiva.
La plantilla del Real Zaragoza, en la Ciudad Deportiva.
Raquel Labodía

Paciencia, se pide desde diferentes sectores del Real Zaragoza. Algo natural. Con sentido común, de manera cabal, es una solicitud razonable en el arranque del quinto año consecutivo en Segunda División. Sin esa paciencia envolviendo a todos los sujetos que forman parte del día a día del club, dentro y fuera del campo, el zaragocismo estará abocado a vivir otro año frenético y lleno de errores como el pasado, que casi acaba con el Real Zaragoza en Segunda B y, por derivación, liquidado y desaparecido del mapa futbolístico español y europeo, donde, a sus 85 años, tiene escrito su nombre en oro desde hace más de cinco décadas, cuando empezó a engordar sus vitrinas.

Todos, jugadores, técnicos, auxiliares, dirigentes, espectadores, analistas... están de acuerdo en que la paciencia es la medicina de cabecera en este inicio de curso, en este verano 2017 que aún está vivo, que todavía tiene la plantilla zaragocista por culminar, a falta de seis días para que el mercado estival concluya. No hay problemas de comprensión por este flanco. Algo se ha avanzado respecto de años precedentes, en los que a estas alturas de agosto la obsesión era el concepto 'ascenso', algo cuasi obsesivo que parecía paralizar los reflejos de los futbolistas en cuanto las cosas se empezaban a torcer en los primeros lances de cada año anterior.

Pero el entrenador, el también debutante Natxo González y, por extensión, sus pupilos -Febas lo hizo hace unas horas-, también han expuesto públicamente que la fiabilidad del equipo zaragozano, en estos momentos de balbuceos y dudas iniciales, necesita de resultados de vez en cuando, para mantener enhiesta y bien cimentada la tesis que pide sosiego alrededor de un equipo tan renovado y, además, con una base tan joven en su estructura. Es decir, que la paciencia necesita ser alimentada con cierta cadencia a base de victorias. La afición, los responsables del club, necesitan ver que el equipo sea fiable y ofrezca a la parroquia resultados positivos, puntos, algo en lo que basar la postura expectante durante un tiempo más largo de lo que ha sido habitual en Zaragoza últimamente, que ha sido muy poco, casi nada.

Esto es lo que significa el Real Zaragoza-Granada de este domingo (19.00) en La Romareda. Además de la presentación oficial de los blanquillos ante su gente, tras la derrota por 1-0 en la 1ª jornada en Tenerife la pasada semana, la tarde puede y debe traer más valores añadidos positivos para el zaragocismo. Porque, además de nutrir a la requerida paciencia, el triunfo de los de Natxo González rompería una racha concatenada de 8 partidos de verdad en los que el equipo aragonés no paladea la victoria: las 7 últimas jornadas de la pasada temporada y la primera de esta. Un episodio parcial que resume la grave crisis que vivió el Real Zaragoza en los últimos dos meses del curso anterior y la inevitable inmadurez que aún manifiesta en el nuevo proyecto generado por Lalo Arantegui en la dirección deportiva.

No es un adversario sencillo el Granada. Cierto es que, en las circunstancias que concurren en el cuadro zaragocista, ninguno lo será durante mucho tiempo en esta igualada, a más no poder, Segunda División española. Pero que a bote pronto caiga como visitante por La Romareda un recién descendido de Primera, que luce en su cuenta corriente un presupuesto que casi cuadruplica al limitado del Real Zaragoza, da idea de las hechuras del primer envite como locales de este nuevo año, el 2017-18 que ya empieza a tomar velocidad.

Algo iguala las cosas: los granadinos, tras precipitarse desde la élite, han cambiado su plantilla también de manera notoria. No son, evidentemente, el bloque que compitió en Primera. Han nacionalizado su composición, habitualmente un caballo de Troya con más de una docena de pasaportes diferentes. Ahí asoman ahora los Javi Varas, Joselu, Montoro, Germán, Espinosa, Quini, Alex Martínez, el exzaragocista Pedro... la afición nazarí agradecerá la radicación de su equipo en el territorio. Y, para que los zaragocistas crean en sus posibilidades, dentro de ese ambiente de cierta sospecha sobre su eficacia que ha generado la inconsistente y verde pretemporada, además del primer patinazo en el Heliodoro en el debut, es un buen estímulo observar cómo el Granada fue incapaz de ganar en su estadio el otro día al Albacete recién ascendido de Segunda B: su estreno fue con un feo 0-0 en Los Cármenes, que dejó en evidencia que los de Oltra (ahí ha recalado esta vez este clásico entrenador en la categoría) tampoco llegan afinados en su proceso de ensamblaje.

Estamos, por lo tanto, ante un buen termómetro para saber el grado de evolución del grupo que dirige Natxo González en estas últimas fechas. Queda el recuerdo de hace 15 días, en el Memorial Lapetra, frente al Eibar. En ese primer test en La Romareda, amistoso, el sabor quedó amargo. En Tenerife, hubo 10 o 15 minutos (no más) de cierta ilusión al principio del duelo, pero el Zaragoza no tuvo continuidad y acabó capotando en la isla. Algo habrá debido mejorar con el paso de los días, si todo va, como asegura Natxo, según lo previsto por él cuando cogió las riendas del proyecto.

Es, como cada primer día de clase oficial, la presentación de muchos protagonistas en casa. Además del entrenador, lucirán como zaragocistas en partido oficial por primera vez más de la mitad de los que vistan de blanquillo ante el Granada. Los Benito, Ángel Martínez (una vez superada su leve dolencia muscular), Grippo, Eguaras, Febas, Borja Iglesias, seguramente Toquero, Buff, Papunashvili, Oyarzun... Quien sabe si Verdasca o el canterano Delmás, por no citar al portero suplente, el inédito con el filial Sergio García Paisa, eventual en el banquillo mientras el argentino Cristian Álvarez se pone en forma. Es un día con numerosos alicientes. Tantos como incertidumbres por venir de donde se viene y cómo se viene. 

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