Real Zaragoza

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Habemus director general

En puertas del inicio de la pretemporada, el Real Zaragoza ha anunciado al nuevo director general, Jesús García Pitarch. El entrenador, Paco Herrera, y los recién fichados Barkero y David Cortés, únicas novedades.

Habemus director general
OLIVER DUCH

Un mes y una semana después de consumar el doloroso descenso a Segunda División, el Real Zaragoza cuenta como novedad principal con el desembarco de un nuevo director general... Y este sábado ha anunciado la llegada de dos futbolistas, Barkero y David Cortés. El zaragocismo vive envuelto en el vértigo y la incertidumbre al ver cómo las cosas siguen muy parecidas -o peor- que cuando se precipitó al foso de la Segunda.

Con la provisionalidad de un presidente que ya ha dicho que se va; con la fugaz aparición del entrenador; con la sensación de que a Agapito se le escurren las ideas; y la convicción de que empresario soriano sigue profundamente implicado en un proyecto en el que debería dar de verdad un paso atrás... da la impresión de que la entidad se deshace como un azucarillo. Es la imagen incomprensible de un Zaragoza en Segunda que debe mostrar una jeraquía de la que es complicado estar convencido.

En este territorio desembarca Jesús Garcia Pitarch, obligado a enderezar la nave blanquilla. No levanta el valenciano adhesiones emotivas del zaragocismo. Tendrá que ganárselas...

Pero en el entramado que ha montado Agapito se echa en falta la referencia al zaragocismo comprometido, algo que aliente las ilusiones blanquillas. Para saber, entre otras cosas, qué ofrece esta apuesta de Agapito y Garcia Pitarch a los aficionados. Que solicitan una identificación con el Real Zaragoza, el de siempre, el de verdad.

El hartazgo mayúsculo que sufre la afición zaragocista, aquellos que de verdad aman y sienten estos colores, exige la reacción inmediata para enmendar el enésimo despropósito, este gravísimo, el del descenso.

No es admisible flirtear con la improvisación, alinearse de nuevo en el despropósito, adentrarse por las veredas de la incapacidad, que ponen en peligro la apuesta deportiva y el futuro de la entidad.

Es imprescindible actuar, trabajar, construir un proyecto que devuelva a la escuadra donde se merece. Que repare, en parte al menos, las heridas de tamaños varapalos.

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