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La Romareda: un largo historial de deterioro y deficiencias

Ya en 1992 la UEFA advirtió de los problemas del estadio para organizar eventos. Desde entonces, su decadencia no se ha solucionado.

Imagen de este año del estadio de La Romareda.
Imagen de este año del estadio de La Romareda.
Guillermo Mestre

Bloques de cemento desmigados, butacas raídas, cristaleras rotas, cables y conexiones eléctricas de otro siglo, paredes agrietadas y descoloridas, espacios angostos en las gradas, zonas de prensa desbordadas, unos vestuarios disfuncionales… Las voces de denuncia llegadas desde Suiza sobre el deterioro general de La Romareda tras el partido de selecciones del pasado fin de semana no son más que un nuevo capítulo del largo historial de decadencia del campo zaragozano.

Desde hace 30 años, el estado de La Romareda sufre una huida hacia delante de la que han tomado nota aquellos equipos que la han visitado con motivo excepcional, como los suizos ahora o en el pasado ciertos rivales europeos del Real Zaragoza. Pero también, principalmente, observadores oficiales de la UEFA. Ahora, con la ciudad metida de lleno en las deliberaciones sobre la construcción de un nuevo campo de fútbol y en plena carrera para convertirse en sede oficial de la candidatura de España a la Copa del Mundo de 2030, la ruinosa y preocupante situación de varios elementos estructurales de La Romareda adquieren relevancia.

Ya en 1992, le pusieron el pulgar hacia abajo al estadio zaragozano. El club solicitó organizar ese año la final de la Recopa de Europa y una delegación de la Comisión de Estadios de la UEFA visitó Zaragoza. El escocés Ernie Walker, el irlandés Cees de Bruin y el italiano Claudio Negrino, junto al federativo español Juan Hornero, recorrieron La Romareda y elaboraron un informe en el que se puso especial atención a la zona de vestuarios, la sala de prensa, los accesos al palco y la dependencias médicas.

Finalmente, se desestimó la candidatura del Real Zaragoza y se designó el estadio de Da Luz de Lisboa como sede de aquella final de la Recopa. Era 1992, y La Romareda lanzaba el primer aviso serio sobre su envejecimiento.

Pero no fue hasta siete años más tarde, hasta 1999, cuando el deterioro del estadio de Zaragoza generó un clima político y social que, por primera vez, agitó la conciencia de la ciudad y avivó debates y planteamientos sobre la edificación de un nuevo campo de fútbol. Fue entonces cuando La Romareda comenzó a convertirse en un problema para la ciudad, y, por lo tanto, en un activo más de las discusiones políticas y electoralistas y de los diferentes pulsos de interés.

La visita de la UEFA en 1999

Aquel año, Zaragoza se posicionó como sede para la candidatura de España a la Eurocopa de 2004, y una nueva comitiva de técnicos y expertos de la UEFA visitaron La Romareda para someterla a un exhaustivo examen.

Era día de ‘mercadillo’ a las puertas del campo de fútbol, y los delegados Marios Lefkaritis (miembro del Comité Ejecutivo), Mircea Sandu (miembro del Comité de Campeonato de Europa), Ernie Walker (presidente de la Comisión de Estadios) y Cristophe Von Vattenwyl (miembro de la Secretaría General) descubrieron que La Romareda presentaba carencias y deficiencias importantes. Declararon el estadio no apto para grandes eventos futbolísticos y sugirieron la necesidad de realizar profundas reformas o la construcción de un nuevo estadio.

Las remodelaciones exigidas afectaban al túnel de acceso al terreno de juego, la zona de recepción de autoridades, el palco, la sala de prensa y otras área de trabajo de los medios de comunicación, los accesos o los aparcamientos. «La Romareda es una venerable anciana. Aún con aires de grandeza, pero, al fin y al cabo, una venerable anciana», admitieron los miembros de la UEFA tras calificar el estadio de «obsoleto».

La Romareda, como se indica, ya era oficialmente «vieja» hace 23 años. Desde entonces, ocupa un lugar destacado en la agenda política y social de Zaragoza. Por el camino, se han quedado diferentes proyectos e incluso una sentencia judicial que paralizó las obras de su reconstrucción en 2006 minutos antes de que las excavadoras comenzaran a tirarla abajo.

De parche en parche

Mientras, el estadio ha ido sobreviviendo con respiración asistido, de parche en parche, dedicándole partidas municipales como medida cosmética. A la vez que, en los últimos 25 años, se han efectuado «adecuaciones» o «reformas accesorias», el campo ha ido agravando sus deficiencias estructurales y deteriorándose. Ya en 2003 se destinó casi un millón de euros al arreglo de la cubierta. Pero más allá de aquello apenas se ha actuado sobre equipamiento básico y algunos servicios: cambios de butacas de la grada, la ampliación del palco, la renovación de la zona de prensa, la tímida mejora de los vestuarios, la instalación de nuevos banquillos…

El último lavado de cara se le dio este verano, con vistas al España-Suiza. Para celebrar el regreso de la selección a Zaragoza, la RFEF exigió una reforma de mínimos. El Ayuntamiento destinó así 400.000 euros para esa nueva dosis de maquillaje: una nueva sala UCO de la Policía, mejoras en los vestuarios y en la habitación antidopaje, la reforma del sistema de iluminación, la renovación del césped…

Una ligera transformación que, a ojos de la expedición y medios de comunicación llegados de Suiza y otras partes de España ante un evento de cobertura nacional e internacional, no pudo ocultar la evidencia de deficiencias mayores.

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