Kárate contra la violencia de género: "Con que a una sola mujer le sirva de algo, estoy satisfecha"

La exinternacional zaragozana Carmen García Alcay imparte desde hace más de diez años cursos de autodefensa enfocados contra las agresiones sexuales.

La karateca Carmen García Alcay, en el gimnasio del Centro Deportivo Actur de Zaragoza
La karateca Carmen García Alcay, en el gimnasio del Centro Deportivo Actur de Zaragoza
Francisco Jiménez

Para la zaragozana Carmen García Alcay el kárate es “un estilo de vida” y, a pesar de que ya ha dejado la competición a un lado, ha decidido utilizarlo para aportar su granito de arena en la lucha contra la violencia de género. A sus 54 años, lleva más de diez ayudando a otras mujeres a utilizar este arte marcial como una forma de autodefenderse.

“Siempre quise hacer kárate”, asegura Carmen, que después de toda una vida de esfuerzo y perseverancia puede presumir de ser la única karateca aragonesa con cinturón negro 7º dan. Ligada a este deporte desde los 13 años, la exinternacional aragonesa ha sido campeona de Aragón, de España, de Europa y del Mundo -con medallas de todos los colores que embellecen un impresionante palmarés-, y ahora persigue un nuevo reto: superar a principios de julio el examen que le permita convertirse en cinturón negro 8º dan.

“La clave -admite- es la perseverancia. Parece que una vez que acabas la etapa deportiva terminas de ser karateca, pero yo lo seré hasta que me muera”. Este nuevo examen es para ella “un reto personal”. En él, tendrá que defender ante un tribunal de cinco jueces su visión particular del kárate, haciendo también una descripción de su trabajo, para el que ha elegido un enfoque muy especial, la violencia de género en el interior del domicilio. Carmen es una mujer muy comprometida con la defensa de las mujeres y lleva más de diez años colaborando con la Federación Aragonesa de Lucha, impartiendo cursos de autodefensa enfocados contra la agresión sexual y la violencia de género.

“Un compañero policía recientemente fallecido me invitó a participar en uno de los cursos para mujeres maltratadas que realizaban en colaboración con la Casa de la Mujer de Zaragoza. Los impartían un par de compañeros, pero me comentó que le gustaría que fuese también una mujer ya que, al fin y al cabo, aunque eran muy prudentes con un tema tan delicado como este, a la hora del contacto muchas mujeres no terminaban de atreverse a interactuar y se echaban a llorar”, relata. “Además, como ellos eran profesionales de la lucha, era una oportunidad también para incorporar nociones de kárate”, añade.

La karateca Carmen García Alcay, en el gimnasio del Centro Deportivo Actur de Zaragoza
La karateca Carmen García Alcay, en el gimnasio del Centro Deportivo Actur de Zaragoza
Francisco Jiménez

Tras dos años colaborando con la Casa de la Mujer, decidieron continuar por su cuenta, realizando cursos una vez al mes de manera ininterrumpida y desinteresada: “Con que venga una sola persona, damos clase. No ganamos dinero con esto, el objetivo es poder ayudar. Con que a una persona le sirva una sola cosa de la que enseñamos, estamos satisfechos”.

“Varias de las mujeres maltratadas que acudían durante los primeros años a los cursos siguen acudiendo ahora a las clases y algunas de ellas se han convertido ya en amigas”, asegura Carmen, que recuerda algunos casos de verdadera superación: “Hay una chica a la que tengo mucho cariño, que al principio se sentía muy pequeñita. Poco a poco se fue abriendo y, para ella, salir a tomar algo con su hermano fue ya todo un logro. Una vez que salió a celebrar su cumpleaños me invitó y me dijo que gracias a los cursos había encontrado su fuerza interior. Me eché a llorar de la emoción”.

Carmen, junto a las alumnas en uno de sus cursos.
Carmen García y Manuel Gil, junto a las alumnas en uno de sus cursos.
H.A.

Sacar el máximo potencial a tus capacidades

A los cursos que imparten Carmen y sus compañeros acuden mujeres de distintas edades y capacidades físicas. “No importa cuáles sean tus capacidades, sino lo que puedes hacer con ellas. Tienes que conseguir sacar el máximo con lo que eres. No importa que peses 40 kilos o que midas un metro y medio. Cuando te quieres, te valoras y te sientes fuerte, afrontas mejor cualquier tipo de situación”.

Se trata de “hacer pensar a la gente, no sólo entrenar aspectos técnicos”. “¿Qué haces si de repente te asalta alguien por la calle? ¿Corres? ¿Hasta dónde? ¿Gritas? ¿Qué gritas? Además de cuestiones físicas, también les damos información y consejos. Técnicas simples, pero resolutivas que les permitan ganar tiempo y espacio en situaciones de peligro”, destaca.

Estos cursos, impartidos en el Gimnasio Antonio Ochoa de Zaragoza, han llegado a congregar a más de 40 personas y, aunque actualmente no cuentan con ningún tipo de ayuda, parece que seguirán teniendo el futuro asegurado. “Siempre que haya una alumna dispuesta a aprender y que el cuerpo me lo permita, seguiré haciéndolo”, concluye.

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