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Pablo Abián: "Hay mucho sacrificio detrás de cuatro Juegos Olímpicos"

El niño que aprendió a jugar al bádminton de la mano de su padre en Calatayud afronta con la máxima ilusión su cuarta participación en los Juegos Olímpicos.

Pablo Abián, sonriente con su inseparable raqueta de bádminton en Madrid, donde entrena desde hace 18 años.
Pablo Abián, sonriente con su inseparable raqueta de bádminton en Madrid, donde entrena desde hace 18 años.
Enrique Cidoncha

Pablo Abián Vicén (Calatayud, 1985) llega a su cuarta cita olímpica con un bagaje de 23 títulos, altas dosis de sacrificio y el reconocimiento que alcanzó en 2015 como mejor jugador de bádminton de España. A su carrera deportiva en la pista, labrada junto a su hermano Javier como entrenador, ha sumado un doctorado en este deporte.

En Tokio, competirá en sus cuartos Juegos Olímpicos, igualando a una leyenda del deporte aragonés como Conchita Martínez.

Es un sueño hecho realidad. Algo impensable. Eso sí, ahora lo único que tengo en la cabeza es llegar en las mejores condiciones posibles e intentar conseguir un buen resultado.

¿Lo imaginaba cuando se subió a un podio por primera vez en Calatayud?

Al principio, cuando era pequeño, tenía pasión por el deporte y siempre sueñas con poder asistir a unos Juegos Olímpicos, pero lo ves como algo muy lejano. Cuando creces, entiendes que el primer paso es ir al CAR (Centro de Alto Rendimiento del Consejo Superior de Deportes) de Madrid, donde puedes entrenar con los mejores, con unas instalaciones que son excelentes. Desde que me marché con 18 años a Madrid, he ido mejorando, cumpliendo metas y ganando campeonatos.

Y desde entonces la progresión ha seguido casi imparable.

Poco a poco, empecé a ganar campeonatos de España y a conquistar resultados internacionales hasta conseguir la clasificación para mis primeros Juegos, los de Pekín 2008. También he tenido suerte con las lesiones, que me han respetado. La fórmula se remata con mucho trabajo, esfuerzo y sacrificio para poder mantener el nivel y seguir cumpliendo los objetivos año a año.

¿Cómo es su día a día?

Hay días de empezar a entrenar a las 9.45 y no parar hasta las 13.00... y por la tarde otras tres o cuatro horas más. La media son cinco o seis horas diarias, dependiendo del momento de la temporada y la carga de competición.

¿Y sacrificios?

Hay mucho esfuerzo y mucho sacrificio detrás de cuatro Juegos Olímpicos. No solo son horas de entrenamiento técnico en pista, series de atletismo o trabajo en el gimnasio. También son sesiones de recuperación, fisioterapia y horas de estudio de los rivales.

¿A qué se renuncia para competir en cuatro Juegos Olímpicos?

Es evidente que requiere de múltiples privaciones que tienes que asumir. En mi caso, como siempre me ha gustado mucho el deporte, no me arrepiento de nada porque todos los sacrificios han tenido su recompensa.

¿Ahí incluye abandonar muy joven su hogar y apenas tener tiempo para volver?

Cuando me fui de Calatayud, echaba muchísimo de menos todo: la ciudad, la familia, los amigos... Poco a poco, te vas haciendo a Madrid, a los entrenamientos, a los desplazamientos largos... Eso sí, en cuanto tengo unos días libres me escapo, porque me gusta mucho volver, desconecto, veo a la familia y disfruto mucho. Siempre tengo palabras buenas para Calatayud porque he nacido y crecido allí. Fui unos años al colegio Augusta Bilbilis, al Baltasar Gracián y después al Instituto Miguel Primo de Rivera (ahora Leonardo de Chabacier).

En ese camino, ¿qué papel ha cumplido tu familia?

Ellos son básicos, fundamentales. Lo son todo. Me han inculcado unos valores que he mantenido a lo largo de mi vida y que me hicieron ver que había que compaginar la vida deportiva con la académica. Me ayudaron a entender que tengo que estar preparado para la realidad que me espera cuando diga adiós al deporte de élite.

Su padre, Antonio Abián, creó la Agrupación Deportiva San Íñigo.

Allí es donde empezamos, junto a mis dos hermanos Javier y María, y donde nos inculcó el entusiasmo por el bádminton y por el deporte. Pero tanto él como mi madre, Mª Carmen Vicén, nos dejaron claro que había que compaginarlo con los estudios. Desde los 18, mi referencia ha sido mi hermano Javier, que lleva más de ocho años siendo mi entrenador y es quien me ha guiado deportiva y académicamente.

Habla de su formación. En 2015, presentó su tu tesis doctoral vinculada con el bádminton.

Me licencié en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y luego realicé el máster en Investigación. En la tesis, preparé un análisis de la estructura del juego y de los parámetros morfológicos y fisiológicos en el bádminton. Conseguí el sobresaliente Cum Laude por unanimidad. Conté con la dirección de Javier Sampedro y de mi hermano. Ahora, compagino la doble sesión de entrenamientos con la docencia en un grado superior de Actividad Física y Animación Deportiva en el colegio Guzmán el Bueno. También doy clase en la Universidad Pontificia de Comillas en el doble grado de Ciencias del Deporte y Educación Primaria.

Con ese nivel de actividad, ¿habrá unos quintos Juegos?

De momento, tengo la cabeza cien por cien centrada en hacer una buena participación en Tokio. A largo plazo, me veo con fuerzas y ganas de seguir entrenando, mejorando cada día y compitiendo con la referencia mental de los Juegos de París de 2024. Sin embargo, los resultados y la competición son las que mandan. Hasta entonces, quiero pensar en el presente, en disfrutar de mi participación en Tokio.

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