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Ansu Fati, símbolo de la España moderna

El extremo de origen bisauguineano, todavía menor de edad, se erige en la gran esperanza de la nueva selección que construye Luis Enrique.

Ansu Fati celebra el gol que marcó en el choque entre España y Ucrania
Ansu Fati celebra el gol que marcó en el choque entre España y Ucrania
SERGIO PEREZ/REUTERS

Cuando se analizan uno por uno los nombres de la selección española de los últimos tiempos surge un debate. Bien es verdad que el conjunto es de calidad, al menos para pelear con cualquiera, aunque quizás un paso por detrás de las grandes favoritas, pero cuesta encontrar futbolistas entre los cinco mejores del mundo por cada puesto, más allá de Sergio Ramos, capitán y uno de los defensas centrales de referencia mundial.

Por ello, no resulta extraño el terremoto que ha provocado la aparición deslumbrante de Ansu Fati con la Roja. El jovencísimo extremo del Barça, a casi dos meses de cumplir la mayoría de edad, dejó ante Ucrania una primera parte para el recuerdo, mostrando una capacidad de desequilibrio propia de una estrella mundial, esa que tanto necesita el ataque español para dar un salto de calidad y ser candidata a todo.

Después de la generación dorada de los Casillas, Puyol, Piqué, Xabi Alonso, Xavi, Iniesta, Villa o Torres, donde en un mismo equipo se acumulaba una buena nómina de jugadores de talla mundial, la resaca ha sido compleja para España, que de la mano de Luis Enrique busca una nueva identidad, sin renunciar al gusto por el fútbol de toque en el centro del campo pero dotándolo de velocidad, juego por bandas, transiciones rápidas y presión alta, tal y como ya hizo el asturiano en un Barça posGuardiola donde eso sí, tenía a su disposición a un tridente ofensivo inigualable con Messi, Luis Suárez y Neymar.

En ese contexto, la perla Ansu Fati, de origen bisauguineano, encaja como anillo al dedo, pues es rápido, habilidoso, atrevido y le gusta arrancar desde la banda izquierda para hacer diagonales hacia dentro y finalizar con pierna derecha, con la que muestra una capacidad de definición propia de una estrella confirmada de otra edad. Los registros hablan a las claras, pues más allá de que sea ya el goleador más joven en la centenaria historia de la selección española, ya durante la pasada temporada marcó 7 tantos en Liga en 24 partidos y 1.024 minutos, a un gol cada 146 minutos, y otra diana en cinco partidos y 112 minutos de Champions. Un gol cada partido y medio, prácticamente lo mismo que ha hecho con España en su primera experiencia como internacional, pues ha marcado un tanto y forzado un penalti en 134 minutos disputados frente a Alemania y Ucrania.

Sería meritorio para cualquiera, pero sí se tiene en cuenta que es un chaval de instituto, que aún no ha podido ni siquiera lograr el carné de conducir, la cosa impresiona. Luis Enrique prefiere ir con pies de plomo, pero es consciente del diamante en bruto que tiene entre manos: «Ansu tiene 17 años y hay que ir con muchísima tranquilidad. Que con esa edad se atreva a hacer lo que hace dice mucho. La gente joven necesita tranquilidad y humildad, que es lo que él tiene». Sabe el técnico asturiano la presión de un gran club como el Barça y lo alargada que es la sombra de Messi para cualquier joven que deslumbre con la camiseta azulgrana. En el Camp Nou tiene la competencia de Griezmann, que en la pasada campaña actuó mayoritariamente por ese costado izquierdo donde destaca Fati, pero también de Dembélé o de Coutinho si es que el brasileño se acaba quedando en la ciudad condal.

Una carrera meteórica

Para un jugador joven es difícil hacerse un hueco en un grande, pero Ansu Fati está acostumbrado a consumir etapas que para cualquier otro futbolista serían de años a velocidad de vértigo, cuando no incluso a saltárselas. No ha jugado ni un partido con el filial del Barça y ya presenta sus credenciales para ser titular en el primer equipo cuando aún le quedaría otro año al menos en el juvenil, con el que ya se salió en la UEFA Youth League de la 2018-19. En la selección su lugar natural por edad sería la sub-19 y sin embargo, es ya la esperanza de la absoluta después de disputar sólo dos partidos con la sub-21.

Todo a mil por hora, como los mejores. De eso sabe también Sergio Ramos, que en 2005, hace ya quince años, se convirtió en el en ese momento fichaje nacional más caro de la historia del Real Madrid, después que el club de Chamartín abonase 27 millones de euros al Sevilla por su traspaso. Tenía entonces 19 años y se convirtió en un titular indiscutible blanco desde el primer momento. «Ansu es un chico muy joven que viene con muchas ganas y te aporta ese punto de frescura que se necesita. Para nosotros es una alegría. Su rol no es el de un simple chaval. Viene con fuerza, pisando fuerte, como hicimos otros en otro momento de nuestras carreras», palabra de la experiencia de un capitán.

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