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Cuando José María Ruiz-Mateos era 'trending topic'

La serie documental 'Ruiz-Mateos: el primer fenómeno viral', de RTVE Play, recorre la vida del empresario jerezano.

José María Ruiz-Mateos, disfrazado de Superman, en los juzgados de Madrid
José María Ruiz-Mateos, disfrazado de Superman, en los juzgados de Madrid
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Hágame un favor. Escriba en google Ruiz-Mateos y vea qué términos le sugiere el buscador. Junto a 'hijos', 'patrimonio' o 'muerte', figuran también los de 'disfraces', 'supermán' o el ya eterno '¡que te pego, leche!'... A José María Ruiz-Mateos (Rota, 1931 - El Puerto de Santa María, 2015) no solo se le recuerda por la expropiación de Rumasa, a manos del Gobierno socialista en 1983, o por la estafa de los pagarés de Nueva Rumasa, sino también por todas aquellas salidas de tono que convirtieron a este empresario en una persona siempre presente en los medios de comunicación, un meme humano antes siquiera de que existiera internet.

Es la tesis que sostiene 'Ruiz-Mateos: el primer fenómeno viral', una serie documental original de RTVE Play, escrita por Àlex Solà y dirigida por Roger Gual, en el que se analizan todas las caras de este empresario que comenzó a trabajar como perito mercantil, exportando vino de Jerez, y acabó a finales de los setenta convirtiéndose en el dueño del holding empresarial más importante del país.

Solà y Gual han hilado fino y no se quedan solo en la caricatura. Con un montaje vertiginoso, elaborado a base de abundante material de archivo y decenas de entrevistas a periodistas, políticos, amigos, directivos de las empresas de Rumasa -ahí está la periodista Cuca G. Vinuesa-, expertos en comunicación y hasta youtubers, van retratando todas las aristas de un «populista», «un villano», «un tipo muy inteligente», «alguien irrepetible, para lo bueno y lo malo», deteniéndose en los distintos hitos del personaje para demostrar que, muy probablemente, José María Ruiz-Mateos lo hubiera 'petado' en la era de Tik Tok e Instagram. Aquí no hay una estructura cronológica, al contrario, Solà y Gual apuestan por la fragmentación, como la línea temporal de cualquier cuenta de Twitter, avanzando y retrocediendo en el tiempo cuando lo creen conveniente, para realizar una semblanza profunda y certera del personaje que pasó de reconocido empresario a bufón.

Comienza el recorrido, eso sí, por aquel «¡que te pego, leche!». Tras la expropiación el 23 de febrero de 1983 de Rumasa -el holding empresarial aglutinaba a 700 empresas y daba trabajo a 65.000 personas, pero también con contabilidades en B y en C y un agujero de 257.000 millones de pesetas- por parte del entonces ministro de Economía y Hacienda, Miguel Boyer, Ruiz-Mateos decide que debía representar su enfado y mantenerlo en los medios de comunicación. Javier Sáinz Moreno, uno de sus amigos, acabaría convirtiéndose en uno de los guionistas de aquellas historias insólitas. 

Dice Sáinz Moreno en el documental que lo que estaba previsto aquel 3 de mayo de 1989 en los juzgados de Madrid era que Ruiz-Mateos mostrara una pancarta pidiendo a Boyer que devolviera lo que les había robado, unas caretas de las distintas parejas que había tenido Isabel Preysler y que hiciera unas declaraciones. «¡Cínico, a ver si se atreve a salir porque le doy un puñetazo! Es un falso, un profesional de la mentira, un cobarde, está nervioso, descompuesto, no tiene ni media torta», dijo a los medios de comunicación congregados con aquella pronunciación entre dientes tan característica. Lo que nadie podía imaginar es que acabara atizándole el golpe que le tiró las gafas al suelo y que luego hiciera el gesto del capón y pronunciara el célebre «¡Que te pego, leche!».

Había nacido una estrella. Los niños de todo el país repetían aquel característico gesto en los colegios. «Los memes se crean y se reproducen a medida que los vamos repitiendo. Es cierto que él entonces no tenía competencia, pero ya se salía de la norma para tener notoriedad. Habría que ver si ahora hubiera tenido el mismo éxito», llega a decir un profesor de Nuevos Medios de Comunicación Audiovisual de la Universidad Pompeu Fabra. Hubo muchas más. Escapó de los juzgados con una peluca, un bigote y una gabardina, portó un ataúd por el centro de Madrid con el nombre de Boyer y se disfrazó de Supermán, entre otras ocurrencias.

Son la excusa para explicar los orígenes de este empresario que aprovechó la España caótica de la transición, «en el que las leyes se cumplían a medias», para convertirse en uno de los magnates más importantes. Su boda con Teresa Rivero, el papel de sus hijos, su acercamiento al Opus Dei, la adquisición del Rayo Vallecano, aconsejado por Jesús Gil y Gil, su impostado salto a la política, el atentado que simuló o la puesta en marcha de Nueva Rumasa van retratando a este «devoto de la Virgen y temeroso de Dios», en un documental también ahonda en su relación con las mujeres. «Era muy detallista y piropero», dicen, «un caballero tradicional, de los que tenían a la legítima en casa y amantes fuera». Fruto de esas relaciones fuera del matrimonio nació Adela, hija de Patricia Montes de Oca. A ambas estuvo unido durante años y sus testimonios están presentes en el documental.

Solà y Gual no pierden de vista a las otras víctimas del clan Ruiz-Mateos, dando espacio a aquellas personas afectadas por los pagarés de Nueva Rumasa y demostrando que detrás del chiste y la picaresca hubo siempre damnificados.

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