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Blog - Cuarta dimensión

por Carlos Bogdanich

cuarta dimensión

Los "sin nombre" también hacen historia.

Por todos es sabido que las cosas no se cuidan solas, y más cuando no son solo patrimonio, si no también parte del sentir popular.

Los Sanjuaneros.
Los Sanjuaneros de Ballobar..
C. B.

En cada rincón del planeta siempre hay historias que, solo conocidas por pocos, no dejan de ser entrañables y fueron una pieza más, del intrincado y obligado transcurrir del tiempo.

Una querida amiga, Isabel, 'alma máter' del pueblo de Ballobar en Aragón, me trae un pedacito de su historia que, en su momento, indagó con gran acierto y sensibilidad Elena Isábal Sasot.

Corrían los fríos tiempos de las posguerra y a pesar de las tristes y duras secuelas, se mantenían en pie, en todo pueblo que se precie, su correspondiente ermita, en este caso, la ermita de San Juan de Ballobar. Pero por todos es sabido que las cosas no se cuidan solas, y más cuando no son solo patrimonio, si no también parte del sentir popular.

Eran tiempos en que la palabra subvención, protectorado o ayudas públicas no existían en la "jerga" popular. Dicha labor la ejercían sus propios habitantes, anónimas personas que sólo les movía su sentir tradicional y espiritual. Y en este caso, en la ermita de San Juan, fueron Mª Nicomedes y José los artífices de la custodia, durante todo su existencia. Vivían de la caridad de todo el pueblo, avisaban con la "campaneta" el transcurrir de las horas, la llamada al trabajo de campo por la mañanas, la hora de comer y la correspondiente al descanso. Si había "tronada", ejercían de "hombre del tiempo", según las campanadas avisaban si la tormenta era pasajera o llegaba un diluviada. Dos días a la semana bajaban al pueblo a recoger su sustento, algunos daban pan, otros mondongo y hasta los pocos que podían, algo de dinero para "matar necesidades"...

La vida no les sonrió mucho, perdieron a sus dos hijos de forma muy dura, el mayor en Serós por una maldita bomba mientras pastoreaba, la hija en un accidente de montaña.

Eran los Sanjuaneros de Ballobar, María y José, los "sin nombre" que cuidaban de todos, por su propia fe.

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