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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

la voz de mi amo

Los museos de Héroes del Silencio (y 9)

Desde Guatemala, Fernando García pone fin a la miniserie de este blog dedicada al mundo del coleccionismo de Héroes del Silencio y Bunbury con una historia llena de sueños cumplidos.

Concierto de Héroes del Silencio en Valencia.
Concierto de Héroes del Silencio en Valencia.
Pablo Ferrer

Excusas si esta miniserie dedicada a los coleccionistas de Héroes del Silencio y Bunbury se ha estirado en el tiempo más de lo debido. Una razón principal: no deseaba que este blog se convirtiera en un monográfico del grupo, y más aún a tenor de toda esa parroquia de gentes de esta tierra que no comulgan con los Héroes y lo que representaron y todavía me siguen disparando dardos por mi apoyo periodístico desde el mismo momento en que nacieron. Esta tierra, como supongo ocurrirá en muchas otras, es cainita.

En cualquier caso, despido la serie (por ahora), con una historia tremendamente bonita, trufada de pasión y sueños realizados que muestra los beneficios que genera la música y quienes la hacen. El guatemalteco Fernando García oyó hablar de Héroes cuando ‘el buque’ de Héroes prácticamente acababa de hundirse, en 1997, comenzando a llenar su particular estanque heroico en 2002. Dieciocho años pues cultivando su mayor afición y viviendo momentos realmente impactantes en su vida personal y en su devoción como coleccionista, caso de la visita a su museo de Pedro Andreu y Gonzalo Valdivia. Que nos lo cuente él directamente.

Fernando y Bunbury.
Fernando y Bunbury.
M. U.

“Conocí a Héroes del silencio por un amigo que me prestó el CD del Espíritu del Vino, alrededor de 1997, cuando apenas tenía unos 14 años de edad, y a partir de ahí el poder de esta banda de rock en español me dejó fascinado. Para entonces, la única manera que tenía de conocer las demás canciones era por grabaciones caseras de la radio, ya que difícilmente los amigos de mi edad tenían los CDs originales. Poco a poco, me fui haciendo con copias CD-R de la discografía oficial (que era lo único que podía tener a mi alcance monetario), hasta que por fin pude juntar mis ahorros y comprar mi primer CD Senderos de Traición”.

Un momento crucial en su devenir como fan y coleccionista: “Cerca de 1999, en las ventas callejeras de CD-R, alguien me ofreció el audio de cuando vino Héroes a Guatemala en el 96. Recuerdo que me vendió el disco a un precio cinco veces más caro de lo normal, pero pensé que valdría la pena y me arriesgué (hasta la fecha la mejor apuesta por el r’n’r que he tenido) y tomando en cuenta que acá, aún no conocía los bootlegs de Héroes. Inserté el CD y sonó Song to the siren, en ese momento pensé, ¿qué es esto? ¿me estafaron? Después escucho a Enrique diciendo “muy buenas noches Guatemala, por fin nos vemos las caras”…, quedé impresionado, supongo que sentí lo mismo que los que asistieron al concierto. El audio increíble, había descubierto un gran tesoro”.

Internet, la gran plataforma del conocimiento, el invento más trascendental (o uno de los más) de la era moderna, abrió plenamente el camino de Fernando a los Héroes: “Con la llegada del internet, fui indagando y conociendo más de mi grupo favorito. Encontraba páginas de intercambio de mp3 y allí descubrí que existía un audio llamado Leyenda Maya (bootleg de HdS en Guatemala), pero el audio que se encontraba en internet estaba en baja calidad (el original Leyenda Maya es muy similar a mi grabación en calidad, con algunas diferencias de audio) y que gracias a la versión que yo tenía, me sirvió para abrirme puertas en el intercambio del gran listado de bootlegs, llegando a completar un gran archivo digital. Más adelante logré al fin hacerme con una copia del bootleg Leyenda Maya también”.

Vitrina de Héroes con parte del material (2019).
Vitrina de Héroes con parte del material (2019).
M. U.

Y a continuación, el inicio físico del coleccionismo: “Fui conociendo a más guatemaltecos que compartían el mismo interés que yo por Héroes y a finales del año 2002 (ya en mi primer trabajo) me decidí a comprar en original la discografía completa. A partir de aquí considero que me inicié en el coleccionismo de manera formal, este fue mi punto de partida. Poco a poco, adquirí material poco común, como maxis, la caja en directo que traía un VHS formato PAL (el cual no podía ver en Latinoamérica) pero no importaba: ya me encontraba en los brazos de la fiebre del coleccionismo, pudiendo adquirir el LP En directo 89 numerado, singles y un par de cassettes”.

Fantasías y sueños con futuro: “Luego empezó la moda de los foros en Internet, algo que me ayudó a conocer más gente del continente, en especial de Costa Rica, México y Argentina, con la que trabé una increíble amistad, sin imaginar que algún día conocería a algunas en persona. Entre mis fantasías estaba que Héroes se iban a reunir nuevamente y que iban a iniciar tocando en Guatemala. Al fin y al cabo, era un sueño, porque si se reunían nuevamente ¿por qué iniciar en Guatemala? Mas, como dice el dicho, “nunca digas nunca”: para el 2007 el sueño de muchos se cumplió y sorpresa ¡¡¡ iniciaban en Guatemala!!! Gracias a este evento, conocí en persona a muchos de los amigos de los foros que viajaron desde sus países para asistir al concierto y algunos me regalaron unos discos de Bunbury como solista (Radical sonora y El viaje a ninguna parte). En aquel entonces aún no coleccionaba nada de Bunbury como solista, únicamente tenía dos discos de él”.

Y llegó el inevitable sistema de archivar y exponer todo aquel material, práctica insoslayable y muy querida por cualquier coleccionista. “Más adelante con las facilidades del Internet, Facebook, Ebay, etc. fue más fácil adquirir material por mi propia cuenta. Inicialmente tenía la colección guardada en una caja, pero pensé que todo aquello necesitaba un lugar propio, así que mandé hacer un estante de madera a la medida, estante que con los años quedó pequeño”. Obviamente porque Fernando se desató y empezó a adquirir el resto de CDs de Bunbury como solista, y luego, cuando menos lo imaginaba, todo lo relacionado con el resto, Juan, Pedro, Joaquín, Alan y Gonzalo. “Tuve que mandar a hacer una vitrina de vidrio más grande y siempre a la medida según la cantidad de material que tenía, es lo que se merecían”.

Vitrina Bunbury y solistas.
Vitrina Bunbury y solistas.
M. U.

Una buena cómplice en la formación de su museo, aparte de los amigos de Internet, fue esposa: “Para la Navidad del año 2018 me sorprendió con la caja recopilatoria de vinilos de Bunbury y con el vinilo bootleg Acoustic, “aún hay cajas con sorpresas”, me dijo”. ¿Son así de complacientes todas las esposas de los coleccionistas? Gran debate.

De todo el material que ha atesorado, le resulta difícil destacar una pieza u otra, aunque hay varias que resalta, bien por su carácter afectivo o por su dificultad de adquisición: Senderos de traición (su primer disco), el maxi Flor de loto, los básicos de terciopelo rojo y negro, el single Deshacer el mundo Benasque, la caja blanca en directo, el bootleg Duende en Madrid troquelado, el box set del Licenciado Cantinas, las ediciones japonesas de Senderos de Traición y Espíritu del Vino, el CD single Alicia, el CD Trigonometralla, los singles transparentes del CD Puravida, púas, baquetas...

Fernando, Alan y Gonzalo.
Fernando, Alan y Gonzalo.
M. U.

Claro que el momento cumbre de su vida como coleccionista se produjo en octubre de 2019: “Entonces tuve la enorme oportunidad de poder exhibir y presentar mi colección a Pedro Andreu y Gonzalo Valdivia en un tributo realizado por la banda local Entropya. Para mí como coleccionista, fue un tremendo honor poder mostrarles esta pasión”.

Y concluye: “Han sido un poco más de 18 años desde que empecé a coleccionar formalmente y he visto que poco a poco he adquirido piezas que incluso pensaba que nunca iba a encontrar, pero con empeño, esmero y suerte en algunos casos, me doy cuenta que ‘el estanque no para de crecer’”. Pues a cuidarlo y a disfrutarlo, Fernando. Ha sido un gozo conocer tu historia de sueños y devociones.

Pedro y Gonzalo con la colección de Fernando.
Pedro y Gonzalo con la colección de Fernando.
M. U.
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