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Blog - El buen jardinero

por David Navarro

el buen jardinero

Un mundo mágico en peligro

Necesitamos el suelo para vivir. Pero el maravilloso universo de mircoorganismos está empobrecido por la erosión, salinización, abuso de fertilizantes y compactación del terreno, entre otras causas

alimento
Imagen de la campaña de concienciación de la FAO sobre la importancia del suelo
FAO

El suelo es hogar de un tercio de toda la biodiversidad del planeta. En una simple cucharilla hay más vida que seres humanos en todo el planeta. Cifra que sorprende, si se tiene en cuenta que ya somos 7.000 millones de personas. El suelo está compuesto en un 45% de minerales, un 25% de agua, un 25% de aire y un 5% de materia orgánica. Se calcula que el 68% del suelo europeo se destina a agricultura. En Aragón, el porcentaje es del 44%, con un enorme potencial económico (la agricultura representa un 5% del PIB aragonés y crea unos 30.000 empleos). Y lo que es más importante: el 95% de nuestros alimentos provienen del suelo.

Pero cada año se pierden en todo el mundo 50.000 kilómetros cuadrados de superficie cultivable, aproximadamente el territorio de Aragón. Las razones son diversas: 11 hectáreas de suelo fertil son selladas cada hora en Europa por la expansión de las ciudades. Además, el 33% de la tierra se encuentra de moderada a altamente degradada debido a la erosión, salinización, compactación, acidificación y la contaminación química.

Desde organismos como la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y los Alimentos (FAO) se advierte de que la degradación «crítica» del suelo, principal causa de la pérdida de especies, pone en riesgo a 3.200 millones de personas en el mundo y provocará grandes migraciones para 2050. Los expertos afirman que solo tenemos 60 años de capa arable disponible.

Una capa fértil de apenas 30 centímetros soporta la vida

En un metro cuadrado de jardín de 20 cm. de profundidad hay 4 billones de bacterias y hongos, un millón de nemátodos, medio milón de flagelados, 200.000 ácaros, 100.000 colémbolos, 80.000 anélidos y 80 lombrices. Todo un universo de seres diminutos gracias a los cuales se mantiene la fertilidad del suelo. Trabajan en diferentes estratos, como si de una cadena de montaje se tratara. Bajo una primera capa de hojas y restos, comienza la descomposición, donde bacterias y microorganismos trituran sustancias tan duras como la madera en una capa de unos 5 cm. Más profunda es la capa del humus, de unos 15-30 cm., donde las sustancias ‘digeridas’ se transforman en sustento que las plantas pueden tomar. Ácidos orgánicos, nitrógeno, fósforo...

Aquí entran en acción hongos y bacterias que, fijadas en las raíces de las plantas, permiten que la raíz pueda absorber los nutrientes. Más abajo está la capa mineral, donde se encuentran las reservas de agua y nutrientes propios del suelo, como magnesio o potasio.

Las carencias llegan a las frutas y verduras

A diferencia de los métodos tradicionales, que respetaban los ciclos naturales y confiaban en el barbecho para recuperar nutrientes, ahora se confía en aplicar fertilizantes artificiales, que en muchas ocasiones no logra absorber la tierra y que terminan contaminando acuíferos.

Los vegetales necesitan un número de oligominerales para poder fabricar las vitaminas que luego aprovecharemos nosotros. Los seres humanos necesitamos, al menos, 13 vitaminas y hasta 60 minerales. Sin embargo, las carencias en los suelos debido a la mala gestión agrícola harán que, con el tiempo, sea necesario tomar suplementos vitamínicos artificiales. Si la alimentación es deficiente, se pueden producir enfermedades. Sin cobalto no tendríamos vitamina B-12, el cromo permite a las células aprovechar la glucosa y el molibdeno y manganeso son importantes para que funcionen los sistemas enzimáticos.

Plantas que ayudan a cuidar suelos enfermos

Un estudio del Instituto Vasco de Investigación y Desarrollo, descubrió que la combinación de tres tipos de plantas que crecen en los entornos de pueblos mineros ayudan a limpiar el suelo. Una de ellas es una vieja conocida, la ‘Thlaspi caerulescens’ o hierba alpina, que está catalogada en Aragón como especie amenazada y que ya se ha usado desde hace unos años para limpiar suelos con cadmio. La segunda es la ‘Festuca rubra’, habitual en los prados aragoneses, sobre todo en el entorno prepirenaico, y que absorbe el plomo. La tercera es la ‘Rumex acetosa’ o acedera, muy abundante en las riberas de los ríos y que en el Ebro se aprovecha de las crecidas primaverales para prosperar.

La acedera es especialmente útil para limpiar el suelo de cinc. Epelde ha descubierto que al sembrar las tres especies a la vez el resultado es más positivo que excavar y aplicar sustancias limpiadoras. De hecho, las plantas se ayudan a prosperar mutuamente y algunas, como la acedera, absorben más cinc cuando están en compañía de sus ‘amigas’.

Todo está unido Bajo nuestros pies tienen lugar historias de amor...

La micorrización es la colaboración entre la raíz y hongos, que se da en el 80% de las especies. Gracias a ella, la planta consigue absorber más minerales, sobre todo fósforo, mientras que el hongo obtiene azúcar y moléculas orgánicas del vegetal. Otro ‘matrimonio’ que tiene lugar en el suelo es el de las bacterias y las leguminosas, gracias a la cual el nitrógeno del aire puede pasar a la tierra tras ser convertido en amoníaco, que luego se añade a otras moléculas orgánicas. Además, la lombriz participa en el proceso de descomposición y contruye túneles que permiten que el oxígeno llegue a las profundidades. Sus deyecciones son el mejor abono del mundo.

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