Tercer Milenio

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De Calatayud a Estados Unidos para luchar contra el cáncer

Los bilbilitanos José Ramón Conejo-García y Carmen Anadón trabajan en la Escuela de Medicina de la Universidad de Duke en nuevos tratamientos contra la enfermedad.

Conejo-García, a la izquierda, y Anadón (derecha), junto a otros dos compañeros del laboratorio.
Conejo-García, a la izquierda, y Anadón (derecha), junto a otros dos compañeros del laboratorio.
HA

A más de 6.500 kilómetros de distancia de Calatayud, en Carolina del Norte, Estados Unidos, dos científicos bilbilitanos trabajan en el mismo centro de investigación con el objetivo de encontrar nuevos tratamientos para vencer al cáncer. Son los doctores José Ramón Conejo-García y Carmen Anadón Galindo. Ambos estudian las respuestas del sistema inmune para desarrollar mecanismos que frenen la progresión de los tumores sin que sean tan dañinas para los pacientes.

A pesar de la distancia y los devenires del día a día, siempre tienen a su localidad natal presente en el laboratorio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Duke, en Durham. En el caso de él, recuerda el trabajo de su familia en la ferretería que llevaba su propio apellido, y donde su padre recorría la comarca para vender algunos de sus productos, como los frigoríficos. "Hace 21 años que estoy en Estados Unidos, soy ciudadano. Antes estuve en Alemania dos años, y en Suiza", comenta Conejo-García, de 57 años, a través de una videollamada. Sus visitas a España son muy puntuales: "Siempre que voy a casa suele ser para Navidad y para las Fiestas de San Roque, en agosto".

En Calatayud recuerdan otra visita. A Juan Rubio, presidente de la junta local de la Asociación Española contra el Cáncer, le quedó grabada a fuego su asistencia y la fecha: 11 de marzo de 2016. Era la primera jornada de divulgación que organizaba la entidad en Calatayud y llevaba por nombre ‘Poniendo cara a la investigación de la enfermedad del cáncer’. "Me comentó que iba a dar una charla en Valencia. Lo organizamos todo para que coincidiese y él se alquiló un coche para venir de Valencia a Calatayud y poder participar".

Anadón salió de su localidad de muy joven para formarse, primero en Alcalá de Henares, luego en Salamanca y en Barcelona. Los recuerdos también están presentes. "Desde muy pequeña me gustaba mucho todo lo relacionado con la biología y ya el doctorado lo hice en genética", explica a sus 32 años, recordando incluso su paso por la compañía Taisi.

A Conejo-García, su actividad investigadora, además de como profesor de Inmunología, le ha llevado a establecerse al otro lado del Atlántico. "Aquí la investigación es otro mundo. No tienen nada que ver las cifras y el dinero disponible con la situación en España", asume. Por ello, pide que "se invierta más, porque aquí se tiene claro que por cada dólar que se destina a investigación su retorno se multiplica", dice. Conejo-García considera que uno de los principales problemas es la "endogamia" en el sector universitario de España que hace que "los más brillantes se queden sin sitio". "Si alguien quiere volver, prácticamente está sin oportunidades. Porque los puestos se reservan para los más sumisos", critica.

Anadón sí que valora ‘cruzar el charco’ de vuelta, aunque tampoco cree factible establecerse en España. A su juicio, considera que lo más probable es estar en Europa, en el sector privado, al tener más posibilidades de crecer y seguir trabajando como investigadora. Para ella, su labor es gratificante. "Te llena, ves que hay una aplicación directa para mejorar la vida de los pacientes, pero todavía falta mucho por hacer", afirma.

Una investigación para vencer la resistencia ante los tratamientos

La revista médica norteamericana ‘Inmunity’, especializada en inmunología, publicó el 14 de noviembre un artículo sobre cómo la utilización de anticuerpos de clase IgA, que atacan al tumor específicamente, puede favorecer la expulsión del citoplasma de onco-proteinas y el control inmunológico de los tumores, superando la resistencia que los pacientes desarrollan al tratamiento previamente utilizado.

En esta investigación, llevada a cabo por 15 científicos, de Moffitt Cancer Center & Research Institute en Tampa y de Duke School of Medicine en Durham, han participado dos aragoneses de origen bilbilitano: Carmen Anadón y José Ramón Conejo-García. Como principal novedad, según apunta Anadón, "no se sabía la función que desempeña la IgA en los tumores".

Pensaron en que "si hay IgA, podría penetrar en las células tumorales y eliminar oncoproteínas anulando el crecimiento tumoral ‘in vivo’". De la misma forma, recuerda que "los compuestos químicos bloquean la proliferación de las células cancerosas, pero que se vuelven resistentes e implica tener que cambiar el tratamiento".

Anadón explica que de esta forma se da pie al desarrollo de métodos para que no fueran compuestos extraños, sino del propio organismo los que pudieran ser suministrados con una pastilla, por vía oral. Como consecuencia, al ser un tratamiento dirigido directamente a las partes afectadas, se evitan los efectos secundarios de otras vías, como la quimioterapia, que afecta a las células cancerosas, pero en cierta medida también a las que están sanas.

"Es una manera de que puedan seguir tratándose, que sean necesarias menos sesiones y, por lo tanto, sufran menos", detalla Anadón. Según consta en el artículo, se ha demostrado que esos anticuerpos IgA neutralizan específicamente los oncogenes mutados dentro de las propias células tumorales y anulan el crecimiento tumoral ‘in vivo’.

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