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De equipo covid a facilitar la acogida de niños ucranianos en Aragón

Dos docentes y una mediadora atienden las dudas y situaciones que surgen en los colegios, desde la convalidación de estudios a problemas de integración. Hay 1.143 menores escolarizados.

De izquierda a derecha, Inna Krushelnytska, Olga Julián y Pilar Salaverría, en Zaragoza.
De izquierda a derecha, Inna Krushelnytska, Olga Julián y Pilar Salaverría, en Zaragoza.
Oliver Duch

Un colegio tiene que matricular a un niño ucraniano que llega con un boletín de notas de su país del que nadie entiende una palabra. En un instituto tampoco tienen clara la equivalencia de los estudios del nuevo alumno con el sistema español. Para resolver estas y otras muchas dudas al otro lado del teléfono del equipo de coordinación de acogida del alumnado ucraniano están Pilar Salaverría y Olga Julián. Su sede física está en el edificio Rosa Arjó de Zaragoza. Ambas formaban parte de los equipos covid educativos que funcionaron durante la pandemia y que se mantuvieron con menos dotación de personal el curso 2021-2022. Desde marzo pasado se ha sumado la mediadora ucraniana del Carei (Centro Aragonés de Recursos para la Educación Intercultural) Inna Krushelnytska, que traduce, acude a los centros y acompaña a las familias cuando lo necesitan para hacer trámites.

Actualmente hay 1.143 estudiantes ucranianos que han huido de la guerra escolarizados en colegios de la Comunidad, 701 en la provincia de Zaragoza, 297 en la de Huesca y 145 en la de Teruel. A los menores que acuden a las aulas se suman 344 adultos que asisten, mayoritariamente, a clases de español. De ellos, 149 en Zaragoza, 122 en Huesca y 73 en Teruel.

«Como equipo covid ya teníamos una relación muy directa y coordinada con los colegios e institutos y se aprovechó que ya se contaba con esta red», explica Salaverría. El curso pasado eran siete profesionales, ya que compaginaban la atención a la covid-19 con la llegada de niños que huían con sus familias de la guerra. Desde la vuelta al cole el pasado septiembre son ellas dos y Krushelnytska.

Las demandas que atienden, cuenta Salaverría, resultan «de lo más variado». «Nos llaman desde una orientadora que necesita de forma urgente ponerse en contacto con una familia y no pueden comunicarse, a la que redirigimos al servicio telefónico de traducción que tiene contratado Educación, hasta orientadores que perciben que un alumno o alumna no se encuentra bien, que no acaba de sentirse a gusto», pone como ejemplos.

Siempre intentan tener una respuesta o un recurso a mano. Incluso al colegio que este pasado viernes les pidió material para utilizar con unos menores afganos recién llegados. «Aunque no disponemos de nada específico les hemos podido remitir a los cuadernos de pictogramas elaborados por el Centro Aragonés para la Comunicación Aumentativa y Alternativa que son muy útiles para quien llega a España sin tener ni idea del idioma», apunta Salaverría.

Más de 200 recursos en la web

Su objetivo desde el principio ha sido «anticiparse» a las necesidades que podían tener los colegios e institutos. Para ello crearon un ‘padlet’ (un sitio web para trabajar y organizar proyectos o tareas en grupo agregando recursos de forma sencilla) en el que han recopilado más de 200 materiales para profesores y alumnos.

Se pueden encontrar desde cursos y juegos para aprender español como lengua extranjera, libros que se utilizan en Ucrania para enseñar el idioma y explicaciones de las equivalencias del sistema educativo ucraniano con el español a un esquema del complicado proceso para la homologación de los títulos, enlaces oficiales para que los escolares pudieran acabar el curso pasado con clases línea en su lengua. Y siguen actualizando y añadiendo pestañas cada semana.

Krushelnytska traduce mantiene reuniones ‘online’ con familias y centros y se desplaza a las aulas si hace falta. Tiene conocimientos de psicología y, destaca Salaverría, «se pone en la piel de las personas que se dirigen a nosotras, muchas veces desprotegidas y angustiadas». Es «un puntal». Además, hay cinco auxiliares de conversación de lengua ucraniana (temporalmente falta una sexta), contratadas por el Ministerio de Educación el curso pasado y que, en principio, van a continuar hasta finales de este año. Cada una de ellas está en dos colegios.

La convalidación de las titulaciones es una de las labores más complejas a las que se está enfrentando este equipo de acogida. Muchos llegan sin papeles, «por lo que tienen que pedir la documentación a su país», y aunque España da facilidades el proceso acaba siendo «tremendamente engorroso». Por eso, uno de los casos de los que se sienten especialmente satisfechas es el del chico que hace dos semanas cumplió 18 años y está cursando el grado en Lenguas Modernas de la Universidad de Zaragoza.

Inna Krushelnytska: «Es otra forma de ayudar a mi país»

Inna Krushelnytska llegó a Zaragoza en 2001, con 22 años, junto a su pareja y su hija de 6 años en busca «de una vida mejor que en Ucrania no encontraba». Un vecino de Jersón, su ciudad natal, le habló de la capital aragonesa como «una ciudad no muy grande y tampoco muy pequeña, agradable para vivir» y eligió su destino. No sabía ni una palabra de español y se hacía entender en inglés, pero hoy estudia Psicología a distancia en la UNED tras familiarizarse con el español en la Escuela Oficial de Idiomas. Tras estar empleada en residencias de mayores y como camarera, decidió montar una pequeña empresa de limpieza.

Cuando el pasado abril tuvo la oportunidad de trabajar como mediadora en el Carei (Centro Aragonés de Recursos para la Educación Intercultural) no se lo pensó. «Es otra forma de ayudar a mi país, mis compatriotas se sienten arropados cuando encuentran a alguien de su misma cultura», dice. Está aprendiendo muchísimo «gracias a los profesionales del Carei, porque no tenía experiencia». Ella estuvo por última vez en Ucrania en 2015 y allí le queda familia por la que está muy preocupada «porque carecen de lo más básico».

Con la ocupación rusa de Jersón sintió que le «arrancaban» algo suyo. Con la situación actual, con los habtiantes huyendo por los bombardeos, no ve a corto plazo «una oportunidad para la paz».

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