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Churrería La Aragonesa: 108 años endulzando a los zaragozanos

Fundada en 1914 en Caspe, hoy Álvaro y José Antonio Pérez encarnan la quinta generación de churreros de la saga familiar.

Álvaro y José Antonio Pérez encarnan la quinta generación de churreros de la saga familiar.
Álvaro y José Antonio Pérez, junto a su madre Laura Sancho.
C.I.

Fue en 1914 cuando el panadero Pedro Martín y su mujer, Pilar Lizano; ambos naturales de Caspe, decidieron abrir una churrería en la localidad bajoaragonesa. Lo que jamás imaginaron es que hoy, 108 años después, una quinta generación de churreros seguiría con las riendas de este negocio familiar. Se trata de Álvaro (31) y José Antonio Pérez (37), quienes siempre acompañados de su madre, la caspolina Laura Sancho (58); continúan surtiendo de churros, porras y chocolate a los aragoneses.

Laura, churrera de toda la vida, y su marido, Antonio Pérez, feriante natural de Zaragoza, continuaron con el legado familiar hasta la llegada del relevo generacional. “Hasta que se fue, mi marido disfrutaba mucho de este oficio y sobre todo de las fiestas del Pilar, adoraba venir a la plaza de Toros”, rememora ella, emocionada. De hecho, ya son 35 los años que llevan acudiendo a esta misma plaza, a la salida y entrada de los eventos taurinos.

El trato, la materia prima y el saber hacer son los secretos de esta 'saga' de churreros.
El trato, la materia prima y el saber hacer son los secretos de esta 'saga' de churreros.
Heraldo

También su hermana, Carmen Sancho (64), regenta su propia churrería ambulante, en estos momentos en Fraga. Ambas se criaron, como quien dice, al calor de la freidora. “Aquí desde que naces, estás en el ajo. No tienes escapatoria”, bromea Álvaro, que reconoce adorar este oficio y ser “churrero de nacimiento”. A su vez, Laura y Carmen cogían el testigo de manos de su madre, Josefa París, que lo hacía de su madre, Carmen Martín.

A su paso por la plaza, pocos son los que se resisten a la hora de acercarse a este puesto ambulante: “Se hacen buenas filas aquí cada día”. Y es que los churros enamoran. “Son uno de los productos españoles más típicos, casi más que el jamón y la paella”, garantiza José Antonio. En su caso, este diseñador gráfico regresaba al mundo de la churrería como una alternativa laboral, aunque él sigue creando sus propias obras de arte, que firma, por cierto, como ‘Churrero’. “José Antonio Pérez hay muchos, churreros que firmen cuadros, no tantos”, bromea.

Aunque hace más de cien años, esta familia no olvida que empezaron en el oficio desde cero. Sin embargo, no tardaron en hacerse con el público recorriendo los pueblos de la zona. “En la época eso de ser ambulante era relativo. Hace cien años no te podías mover como ahora”, bromea el churrero. Poco a poco comenzaron a ganar nombre en la zona de Gelsa, Pina, Fuentes de Ebro, Ricla, Alpartir, Andorra, Fraga, Nonaspe, Zaragoza, Albalate, Alcorisa, Andorra… “Ni la guerra ni la pandemia pudo con nosotros. Algo haremos bien”, reivindica Álvaro.

Y es que si hay algo que destaca de esta familia de churreros es el cuidado con el que trabajan cada una de sus piezas. “Para nosotros la calidad de las materias primas que utilizamos es fundamental”, afirman los hermanos. Eso, y que cada persona que se acerca al puesto es saludada por su nombre, como si fuera el vecino de toda la vida. “Nos conoce todo el mundo, son muchos años”, añaden.

A Zaragoza llegaron el pasado 6 de octubre. Abrían la persiana el domingo y no la cerrarán hasta el próximo día 16, para despedir las fiestas por todo lo alto. “Hace 35 años éramos de los pocos que vendían churros en la ciudad. Hoy hay mucha más competencia”, admiten. En cuanto su horario, trabajan de 6.00 de la madrugada a 12.00 del mediodía -horario vaquillas, que dicen ellos- y por las tardes, de 18.00 horas hasta que el cuerpo aguante. “A veces empalmamos hasta las 6.00, depende del trabajo que vaya habiendo”, relatan.

Una gran responsabilidad

En el interior de este pequeño habitáculo de apenas 20 metros cuadrados, trabajan hasta cinco personas a la vez. La coordinación es, cuanto menos, llamativa. Mientras Álvaro prepara una nueva hornada de churros, una compañera prepara los tradicionales cucuruchos de papel que, en breves, estarán llenos de churros. “Lo más habitual es una docena, o una docena y media. Son a 5 euros. Tenemos precios muy populares”, añade José Antonio.

Para Laura Sancho, continuar con el legado familiar es “un orgullo y una gran responsabilidad”. “Llevamos haciendo lo mismo más de 100 años, por eso mucha gente nos viene a buscar. La gente valora el género, el trato, y también cómo hacemos las cosas”, reivindica esta vecina de Caspe.

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