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barrios rurales

El pregón abre las esperadas fiestas de Casetas

Después de dos años sin festejos populares estos han ido volviendo con el fin de las restricciones por el covid. 

En el barrio zaragozano de Casetas se tenían ganas de volver a la normalidad y la alegría se ha desbordado con el sonido del chupinazo, que marcó a las 20.00 el inicio de sus fiestas mayores, las que se celebran cada primer fin de semana de mayo en honor a la Virgen de la Rosa. Este año del 29 de abril al 3 de mayo.

El coronavirus sigue estando presente, con un repunte incluso estos días en Aragón, pero las restricciones se han levantado en todo el país en una nueva etapa en la que se pide aprender a convivir con el virus. Tras dos años sin festejos populares o limitados, por la necesidad de frenar los contagios, el ambiente de fiestas se vuelve a respirar, aunque algunos lo hagan todavía a través de una mascarilla, pese a no ser obligatoria.

Casetas es el barrio rural más grande de Zaragoza, con 7.550 habitantes"Hay muchas ganas, la gente hasta se ha cogido fiesta en el trabajo", afirma este jueves Ana Villarroya, de 28 años, al otro lado del mostrador de la tienda El armario de Ani. Una clienta pasa a recoger una de las últimas camisetas que han vendido por primera vez con el escudo del barrio y el lema 'Soy casetero' y 'Soy casetera'. Están agotadas. Ella es también una de las vocales de la Comisión de Festejos de la Alcaldía del barrio y socia de la peña El Mambo, formada por 15 amigas hace cuatro años. 

Defiende las fiestas "en la calle", como las recuerda en su infancia. En los últimos años cree que la gente joven ha usado las peñas para "aislarse", en lugar de para animar. En el barrio hay una larga tradición peñista, que ha venido siendo el alma de las celebraciones, con 26 'federadas' a las que se ha sumado ahora otro grupo de otras más jóvenes que han presentado un programa alternativo. "Para sumar, nunca para restar", matiza Ana, que explica que no buscan contraprogramar sino llenar los "huecos" entre los actos oficiales. Dos horas antes del pregón recorrerán el barrio con una charanga que han alquilado, con el apoyo de la Asociación de Comerciantes, e irán 'recogiendo' peñistas hasta acudir a la plaza del Castillo para el arranque de las fiestas.

Encierro, baile y mercado

El programa oficial de este año recupera todos los actos que había antes de la pandemia, con las peñas abiertas, el pabellón sin restricciones de aforo ni mascarilla con orquesta y disco móvil, los encierros de vaquillas por la calle, vacas en la recién estrenada plaza de toros portátil y un mercadillo. Hasta se estrenan gigantes en la comparsa después de un largo trabajo de recuperación. Choni Villarroya, hermana de Ana, suma los actos de las peñas como la 'longanizada' de la suya, la Dosefó, o la chocolatada que se recupera en Los Cocineros, una de las históricas del barrio. Lo que no ha habido tiempo ha sido de buscar publicidad para poder tener un programa en papel 'couché' como los de antes, explican desde la comisión, ante las dudas de qué restricciones habría llegado mayo. Se ha quedado reducido a cuatro páginas.

Peña El Pitote de Casetas.
Manolo Tabuenca y Vicente Rada, de la peña El Pitote de Casetas.
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No falta en la lista de actos la Diana Floreada diaria. A las 9.00 de la mañana la charanga de una de las peñas más veteranas del barrio, El Pitote, fundada en 1973, recorre las calles para despertar a los vecinos y marcar el inicio de la agenda festiva. Manolo Tabuenca y Vicente Rada, ingeniero técnico y administrativo, respectivamente, ambos jubilados y dos de los socios fundadores, se han calzado sus trajes de peñistas para este reportaje en la víspera festiva. Solo les falta la boina roja que completa su 'uniforme' hasta el martes.

Como muchos caseteros, llevan desde los 13 ó 14 años siendo peñistas, primero de Los Golfus, el origen de la actual. Hace 26 años se animaron incluso a formar una charanga, sin saber nada de música. El músico y profesor del barrio Dámaso Casans les dio clase. Hace una década empezaron con la diana floreada. "Hubo carencia de charangas porque solo había una en el barrio, la de la peña La Rosaleda, y nos ofrecimos", recuerda Vicente.

Coinciden con que "las fiestas no son en las peñas, son en la calle. Hay que salir y alternar con otros y estar en otras peñas". Ellos siguen en el mismo local casi 50 años después, aunque no son los mismos. Han llegado a estar medio centenar de socios, pero ahora son 20. Algunos se han ido y otros, lamentablemente, han fallecido. En los dos años de pandemia que han estado cerrados han aprovechado para "hacer reparaciones, pintar y adecentar", cuentan. "La gente tiene una ganas terribles de fiestas", afirma Vicente. Mariano está al tanto también de los actos de la cofradía de la patrona, de la que es presidente.

Tres generaciones a la espera de fiestas

Carla Rodríguez, vecina de Casetas.
Carla Rodríguez, universitaria de Casetas.
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La juventud del barrio cuenta las horas para salir de fiesta, sobre todo, las generaciones que han cumplido 18 años en 2020, 2021 y 2022, que han vivido con retraso la gala que organiza la Alcaldía, la Casa de Juventud y la Comisión de Fiestas en el pabellón de festejos, desde que tomara el relevo a la tradicional elección de reinas. Carla Rodríguez, que tiene 19 años y estudia Relaciones Laborales y Recursos Humanos en la Universidad de Zaragoza, habló el pasado sábado en nombre de su generación, la de 2003. Los que cumplen la mayoría de edad este año tendrán que esperar hasta septiembre para tener su fiesta.

"Después de todo este sufrimiento por la pandemia teníamos muchas ganas, aunque hubiera sido después de un año", cuenta sobre el encuentro en el pabellón. Se juntaron 35 jóvenes, algunos menos de los previstos. "Ha sido duro para nosotros", reconoce sobre la restricciones en la vida social por la crisis sanitaria, pero, sobre todo, "nos ha costado aceptar no poder hacer algo tan normal como ver a tus abuelos", confiesa sobre la época más dura de la pandemia. Ahora espera que todo se pueda "normalizar". De pequeña ha vivido el ambiente de las peñas en la de su padre, La Tringola, y ahora ella se ha independizado con una propia, solo de chicas, Las Odiseas.

Nuevo emplazamiento para las ferias

Ángel Barata, presidente de la Asociación de Industriales Feriantes de Zaragoza.
Ángel Barata, presidente de la Asociación de Industriales Feriantes de Zaragoza.
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Más ganas incluso que los jóvenes tenían los feriantes de recuperar los festejos. En su caso, por necesidad, por ser su medio de vida. "Yo no sé hacer otra cosa, salvo conducir, y de eso no había trabajo para todos", cuenta Ángel Barata, uno de los feriantes instalados y presidente de la Asociación de Industriales de ferias de Zaragoza. La pandemia ha sido un golpe para una actividad que sin celebraciones no tiene alternativas.

En esta Semana Santa han arrancado la campaña de fiestas en municipios como Calanda, Alcañiz, Ejea de los Caballeros, Tauste o Sobradiel y ahora en el barrio zaragozano, Pinseque y Borja.

La construcción del nuevo colegio en la anterior ubicación de las ferias y la plaza de toros ha obligado al traslado de ambas, ahora, junto a las piscinas municipales y el parque de bomberos, a la orilla del Paseo Ciudadano (antigua carretera de Logroño) que cruza el barrio. Cree que el nuevo emplazamiento les beneficiará al tener más viviendas cerca y para tranquilidad de los vecinos explica que el ruido de la música y las luces no durarán más allá de la medianoche, ya que el pabellón de festejos no está en el mismo sitio. Además, atracciones que cerraban más tarde como los autos de choque para mayores "no han cabido". Ya han pedido a la alcaldía ganar espacio las próximas fiestas, además de poder tener luz para sus viviendas sobre ruedas y allanar el suelo, ahora con barro tras la lluvia de esta semana, ya que este año no se ha podido acondicionar a tiempo. Pese a todo, están contentos de poder trabajar.

Se quejan de que el Gobierno de Aragón no deje instalar este año hinchables en la comunidad y de la escalada que vive este año el gasoil para llenar los depósitos de sus vehículos y los de los generadores eléctricos. Los precios por viaje varían según las ferias o si hay descuento por bonos, pero "no superarán los 3 euros", calcula.

De Casetas irán al barrio del Arrabal el siguiente fin de semana y reconoce que tienen problemas para encontrar mano de obra para montar y desmontar las atracciones. Con el parón de la pandemia "la gente se ha buscado la vida."

Choni Villarroya, vocal, y Jorge Eseverri, alcalde de Casetas.
Choni Villarroya, vocal, y Jorge Eseverri, alcalde de Casetas, delante de la alcaldía.
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El alcalde, Jorge Eseverri, recoge las peticiones de los feriantes, y hace malabarismos con el presupuesto con el que cuenta el barrio, que depende del que llega del Ayuntamiento de Zaragoza. Este año ha buscado voluntarios y le ha tocado arremangarse para montar el vallado del encierro. Los vecinos vienen quejándose históricamente de que el dinero es escaso para un barrio tan grande. En este ejercicio, 9.000 euros para las fiestas de mayo y septiembre. Para conseguir dinero se buscan empresas de la zona para patrocinios y se venden bonos de fiestas, con las entradas de las actuaciones el pabellón de festejos  y las vacas en la plaza de toros, que este año han doblado su precio hasta los 30 euros. "La gente entiende que a más dinero, más cosas", asegura. Hay también de 25 euros solo vacas o solo pabellón de festejos.

Para el edil del PP, como para otros que se estrenaron en 2020, son sus primeras fiestas porque el 9 de marzo juró su cargo y apenas cinco días después el coronavirus obligó a cerrar el país.

Entre llamada y llamada con los últimos papeleos reconoce que organizar las fiestas ha sido "algo que se parece más a una Corporación normal". Durante la pandemia le han tocado actividades que nunca imaginó como ir a desinfectar las calles, con otros voluntarios, cuando se pensaba que era necesaria, al inicio de la crisis sanitaria. Destaca la "implicación" de los vecinos durante la pandemia y ahora, que explica que ha sido valorada también para nombrar al pregonero de este año. El encargado será Jaime Gracia, empresario de Persianas Tauste, casetero residente en el pueblo que da nombre a su empresa, que "siempre ha estado colaborando", destaca el alcalde.

Es consciente de que el virus sigue ahí y hace un "llamamiento a la prudencia", para evitar una resaca festiva con repunte de casos, aunque destaca que "la mayoría de eventos son al aire libre".

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