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La Asociación de Vecinos del Arrabal pasa lista a sus reivindicaciones para el Parque Tío Jorge

Los vecinos aseguran que haría falta plantar al menos 200 árboles más. También piden mejorar la iluminación y retirar la pajarera porque supone un peligro.

Falta de bordillos, la pajarera que piden que se retire y tocones en el Parque del Tío Jorge.
Falta de bordillos, la pajarera que piden que se retire y tocones en el Parque del Tío Jorge.
Laura L. M.

Es el tercer pulmón de Zaragoza -después del Parque del Agua y el José Antonio Labordeta- y, sin embargo, al parque Tío Jorge le faltan árboles. Esta es la principal reivindicación que hacen desde la Asociación de Vecinos del Arrabal que consideran que una zona verde y natural como esta, tan cerca del centro de la ciudad, no debería mostrar tal falta de arbolado.

En los últimos años se han dado varias circunstancias -como la ciclogénesis de 2018 o Filomena el pasado mes de enero- que han provocado la caída de muchos ejemplares. Dos hechos a los que hay que sumar que el nivel freático del parque está mucho más bajo que en otras zonas, por lo que las subidas del río provocan la caída de árboles.

El Tío Jorge se vio “muy afectado” por la ciclogénesis del verano de 2018. Se perdieron 84 árboles -entre los que cayeron y los que hubo que podar por seguridad-, la mayoría de ellos de gran porte. “Solo se replantaron 30 entre finales de 2018 y principios de 2019”, lamenta el presidente de la Asociación de Vecinos Tío Jorge del Arrabal, Rafael Tejedor.

A esto hay que sumarle “los 23 que ya habían caído por culpa del bajo nivel freático en las inundaciones de 2017”. Tejedor señala que algunas de las esplanadas del parque están llamativa y preocupantemente vacías y se pueden apreciar los tocones de árboles que cayeron o se talaron y no se han vuelto a replantar.

El presidente de la asociación calcula que en el parque habrá cerca de 1.500 árboles, pero asegura que “son insuficientes” y que hacen falta, “al menos 200 ejemplares más”. Asegura que la plantación es “insuficiente” y lamenta que muchas de las especies que se plantan sean arbustos. Además, los vecinos consideran que no hay suficiente poda. Tejedor admite que no sería necesario hacer una poda tan constante como en los árboles que hay situados en las calles de la ciudad puesto que “aquí solo están generando sombra, no molestan tanto como en una acera”, pero sí cree que podría ser más frecuente.

Fuentes del Ayuntamiento de Zaragoza explican que en los últimos años el ciclo temporal de poda “era de 7 u 8 años”. Señalan que “este Gobierno impulsó ya en el verano de 2019 un plan extraordinario de poda que abordó todos aquellos árboles que tenían riesgo de caída total y parcial”, gracias al cual se han eliminado riesgos en ”miles de árboles” de manera “urgente y extraordinaria”. Añaden que, en el nuevo pliego, que está en vías de adjudicación, “el ciclo de poda será de solamente cuatro años” Es decir: se podará el 25% de los árboles cada año, aunque siempre teniendo en cuenta la especie, tamaño, localización, frecuencia necesaria, etc.

Tejedor saca a colación el Bosque de los Zaragozanos, una “buena iniciativa” pero que “carece de sentido” al compararla con la mala situación de este parque que, como recalca Tejedor, es “el tercer parque de Zaragoza por extensión”. “Que, en el tercer pulmón de la ciudad, el parque más cercano a la ciudad consolidada, no estén cubiertas las necesidades y se planten arbustos en vez de árboles no tiene sentido”, lamenta.

Obras pendientes y destrozos en el muro perimetral

El resto de las reivindicaciones más urgentes de los vecinos del Arrabal con respecto al Parque Tío Jorge tienen que ver con la iluminación, el mantenimiento del parque, las construcciones pendientes o la necesidad de retirar la pajarera.

El principal problema, señala Tejedor, es que este año el Ayuntamiento de Zaragoza eliminó de los presupuestos la partida para el Plan Director del Parque Tío Jorge, lo cual deja en el aire obras que estaban ya contempladas como la construcción de una zona de espectáculo con un escenario permanente en el terraplén situado a la izquierda de la entrada principal del parque, donde estaban ubicadas las piscinas antiguamente.

Tejedor señala que se cumplió con algunas de las iniciativas incluidas en el Plan Director -como la construcción de unas escaleras de acceso desde Valle de Zuriza o la instalación de un parque de juegos adaptado a niños con discapacidad- pero al quedarse sin partida específica para este plan, no saben qué va a pasar con todas las intervenciones que quedan pendientes. Entre ellas, el cambio de los colectores de agua sucia -obra de gran presupuesto que implica levantar ambos paseos principales del parque- o la construcción de tanques de tormentas en la zona del parque cercana a Bomberos.

Otro de los problemas con los que se han encontrado en fechas recientes es con que están desapareciendo fragmentos del muro de hormigón que rodea el parque: faltan 136 bordillos, según ha contabilizado la asociación. Tejedor señala que quienes destrozan este muro perimetral “se llevan esos fragmentos, no sabemos a dónde”. De momento, dice, el Ayuntamiento no les proporciona una solución. El muro se muestra mucho más dañado en la zona norte, colindante con Valle de Broto, que, en el área sur, junto a Fernando Gracia Gazulla. Tejedor opina que la cercanía de viviendas en esta última zona tal vez desaliente a los vándalos para actuar.

Sin luces y con una pajarera que entraña riesgos

Quien haya tenido que pasear a su mascota por el Tío Jorge en las oscuras tardes de invierno o se haya visto obligado a cruzar el parque de noche, tal vez haya notado que en los caminos secundarios la iluminación es “deficiente”, y por eso desde la asociación también solicitan al ayuntamiento que instale más farolas para mejorar la visibilidad y aportar una mayor seguridad a los paseantes.

Otro aspecto que preocupa a los vecinos es la pajarera que se sitúa en una de las entradas del parque por la calle Fernando Gracia Gazulla desde hace más de 20 años. Tejedor explica que, “no solo no hay palomas ni ningún otro tipo de pájaro viviendo allí” sino que la construcción constituye “un peligro” por varios motivos. El primero de ellos es que los barrotes que la rodean están vandalizados además de oxidados lo cual “es un peligro porque cualquier niño podría dañarse al jugar cerca”. Por otro lado, precisamente al estar rotos estos barrotes, se puede acceder fácilmente al interior, lo cual ha llevado a que en ocasiones haya subido gente allí, llegando incluso a vivir una persona sin hogar durante un invierno, tal y como recuerda Tejedor. “Si a alguien le da por subir y hacer una hoguera puede haber problemas”, añade.

Asimismo, son ya muchos los años que llevan pidiendo que se renueven los bancos del parque, “una actuación que quedó pendiente la legislatura pasada”, apunta Rafael Tejedor que hace hincapié en mal estado de algunos de los bancos. 

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