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Zaragoza
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Un expolio que en 1989 causó conmoción en un pequeño municipio de la ribera del Jiloca

Los ladrones tenían claro el botín, se llevaron las piezas más valiosas del retablo y desdeñaron todas las demás.

Estos son dos de los cuatro relieves que fueron robados en enero de 1989 y una figura de San Juan Evangelista, la única que sustrajeron. El resto estaban guardadas en un armario
Estos son dos de los cuatro relieves que fueron robados en enero de 1989 y una figura de San Juan Evangelista, la única que sustrajeron. El resto estaban guardadas en un armario
Heraldo

Los ladrones se llevaron las piezas más valiosas y desdeñaron las demás. Parecía que tenía claro cuáles podrían alcanzar un mayor valor en el mercado. Incluso accedieron al templo por una ventana que los propios del lugar no sabían que existía. Lo recordaba Valentín Sebastián, entonces alcalde de Olvés, en la crónica que se publicó en enero de 1989 en HERALDO.

El robo se descubrió un martes, cuando volvieron al tajo los obreros, la mayoría de Monreal de Ariza, que trabajan aquellos días en la iglesia parroquial de Santa María laMayor de Olvés.Cuatro años y medio llevaba cerrado el templo, que estaba en estado de ruina, y los autores del robo conocían mejor el valor del retablo que los propios vecinos. El sistema de seguridad que utilizaban era tan simple como arriesgado: cambiar las cosas de sitio. Una estrategia inútil cuando el ladrón sabe lo que busca. 

Y en Olvés lo tenía claro: el retablo. A nueve millones de pesetas (54.000 euros de hoy) ascendían las obras que la Diputación de Zaragoza estaba financiando, con las que se pretendía garantizar la sujeción de las columnas y la bóveda central y la reconstrucción del tejado. A los vecinos les preocupaba más que siguieran las obras a los bienes robados. Iluminada Ustero, la alcaldesa, recuerda cómo rondaba mucha gente aquellos días por el pueblo y algunas esculturas de apóstoles se salvaron al estar guardadas en un armario.

Los expolios en los templos eran frecuentes.Sin llegar a las dimensiones del saqueo de Erick ‘El Belga’, que arrasó con 50 piezas de importante valor histórico-artístico de la catedral de Roda de Isábena, entre 1985 y 1986 se registraron una veintena de robos en ermitas rurales. La gravedad de la situación derivó en una comisión entre la Iglesia y la DGA para instalar alarmas y trasladar piezas de gran valor a ermitas más seguras. De nada sirvió en Olvés.

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