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Perder la casa, los muebles y hasta las fotos de familia en la antesala de una pandemia

Tres arrendatarios del edificio demolido en Juslibol por peligro de derrumbe batallan en los juzgados contra el propietario. Persiguen una indemnización por daños y perjuicios.

Mayte, hija de María de los Ángeles, Natalia y José Manuel se reencontraron el pasado jueves en la vista previa entre el acusado –el propietario del edificio– y los afectados.
Mayte, hija de María de los Ángeles, Natalia y José Manuel se reencontraron el pasado jueves en la vista previa entre el acusado –el propietario del edificio– y los afectados.
Guillermo Mestre

El 11 de febrero de 2020 quedará marcado a fuego en el recuerdo de Natalia, María de los Ángeles, José Manuel y los otros diez ocupantes del número 39 de la plaza Mayor de Juslibol. Aquel día, de buena mañana, el edificio comenzó a presentar unos síntomas preocupantes. Y eso que aquello del coronavirus aún sonaba lejano. Lo que le ocurría al inmueble, de 150 años, es que sus grietas habituales eran más profundas y alargadas que nunca. Y que hasta parecía temblar. "Estaba en la cocina y noté algo raro. De repente vi que algunas baldosas empezaron a caerse al suelo y me asusté mucho, así que grabé el vídeo que luego llevé al Ayuntamiento y que derivó en el derribo del edificio", narraba este miércoles Natalia en las entrañas del edificio Vidal de Canellas de la Ciudad de la Justicia. Es precisamente eso lo que buscan, "justicia, que nos paguen por lo que perdimos y por todos los gastos y situaciones que hemos sufrido desde entonces", añade la mujer, de 37 años, que tuvo que dormir varias noches en una pensión y perdió jornadas de trabajo.

Junto a José Manuel y María de los Ángeles, pide una indemnización total de 27.500 euros al propietario del inmueble, que a su vez rubricaba periódicamente los contratos de alquiler de los inquilinos que seguían en el edificio de forma legal. Porque también los había que vivían en él sin acuerdo mediante, como okupas. Todos ellos dejaron de ser vecinos de forma abrupta y perdieron, en la antesala de una pandemia, su hogar habitual, todo tipo de muebles y electrodomésticos y, "lo que casi es peor, los recuerdos personales", lamenta Mayte, hija de María de los Ángeles, una de las arrendatarias de edad más avanzada, apenada por no haber podido salvar "los cuadros y fotos" de su abuela.

Pero aunque la carga emocional sea menor, lo material centra el peso de la reclamación ante el juez. Así lo detalla José Manuel: "Dejamos mucho dinero dentro de nuestras casas en forma de muebles. Las estanterías, los frigoríficos, el mobiliario... todo eso no lo pudimos salvar, apenas nos dieron unos minutos para sacar las cosas de casa. Yo tenía un ‘chaise longue’ que me costó mi dinero y nunca recuperé. Somos gente muy humilde y nos quedamos en la calle justo antes de que empezase la pandemia. Imagina lo que supone cuando no tienes una fuente fija de ingresos".

"He tenido que alquilar una habitación en un piso compartido"

Al volver del trabajo, Natalia se encontró a María de los Ángeles "en zapatillas, apenas con una bata encima, en la calle en pleno mes de febrero". Se hizo cargo "de que no le diera un pasmo" hasta que se llegara su hija, Mayte, que la acogió en casa hasta que encontró "un pisito pequeño en el barrio Jesús".

Menos suerte tuvo José Manuel, quien con el suceso perdió la libertad de vivir solo, a su aire, en un piso: "En Juslibol pagaba 320 euros y, pese a las humedades, las grietas y el poco mantenimiento del edificio, lo consideraba un lugar donde poder vivir tranquilo. Somos gente de pocos recursos que no podemos permitirnos grandes alegrías. En mi caso tuve que dejar la que fue mi casa durante quince años para alquilar una habitación en un piso compartido. Entre el paro y las ayudas es todo lo que me puedo permitir", lamenta.

La que mejor encarriló su destino fue Natalia, que pese a la incomodidad de pasar unos días en una pensión, pudo mudarse a una nueva casa, en la que estuvo sin luz ni agua los primeros días. Eso sí, por el camino perdió bienes personales: "Cuando nos dejaron pasar, tiré el colchón por la ventana y después lancé encima todo lo que pude envuelto en mantas... pero tengo la pena de haberme dejado muchas cosas".

Una de las enormes grietas que aparecían a menudo en el inmueble y que eran parcheadas con yeso.
Una de las enormes grietas que aparecían a menudo en el inmueble y que eran parcheadas con yeso.
Guillermo Mestre

Dice que "no es propietario"

El juicio en el que se dirimirá si merecen un resarcimiento económico se celebrará el próximo 15 de abril. En la vista previa del pasado miércoles, el abogado del acusado, Andrés F., lo descargó de toda responsabilidad y planteó que "no es propietario", sino "comercial" de las empresas con las que se firmaban los alquileres.

La aseguradora, presente en la causa como responsable subsidiaria, indicó que "el derrumbamiento de una comunidad de propietarios por vicios constructivos no es objeto del seguro" y que el propietario avisó a los inquilinos "del peligro del hundimiento de parte del suelo de la planta baja del inmueble" quince días antes de que se produjera, por lo que no cabría reclamación por los bienes y objetos personales que no se llevaron.

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