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Zaragoza

instituciones penitenciarias

Carmen Gambaro: "El virus aún no ha entrado en la prisión de Zuera"

La directora del centro penitenciario lleva un año y medio en el cargo. Ha potenciado las plazas de los presos en régimen abierto para cumplir en el domicilio y sin contagios

MARIA CARMEN GAMBARO DIRECTORA DE LA PRISION DE ZUERA / 16-10-2020 / FOTOS: FRANCISCO JIMENEZ [[[FOTOGRAFOS]]]
María del Carmen Gambaro, directora de la prisión de Zuera, en su despacho
FRANCISCO JIMENEZ PHOTOGRAPHY

Carmen Gambaro (Zaragoza, 1970) dirige el centro penitenciario de Zaragoza desde hace un año y medio. Antes fue funcionaria de vigilancia interior, especialista de oficinas, administradora en la cárcel de Daroca y subdirectora de régimen.

Lleva un año y medio de directora de la prisión de Zuera, con la pandemia desde marzo. ¿Qué balance hace?

La prisión de Zuera estaba funcionando bien y mi objetivo era que continuara. Es importante crear un clima social bueno para trabajar en la plantilla porque eso se transmite a los internos. Había que mantener las actividades y programas de tratamiento. Con el estado de alarma y la pandemia los tuvimos que cortar, pero los recuperaremos en breve.

¿Cómo va la situación sanitaria de 1.300 internos con la covid?

Lo más importante es que el virus no ha entrado en la prisión.

¿Qué medidas tomó para afrontar el estado de alarma?

La Secretaría General nos marcó unas instrucciones de conformidad con la Comunidad autónoma. Han dado muy buen resultado porque la tasa media de contagio en la cárcel de Zuera está cuatro puntos por debajo de la media nacional. Se suspendieron todas las comunicaciones, los permisos, las conducciones, la entrada de personal ajeno al centro y los talleres productivos. La prisión se quedó aislada y solo veníamos el personal a trabajar.

¿Pasados esos meses han recuperado la normalidad?

En la nueva normalidad se restablecieron las comunicaciones por locutorio y las salidas de permiso. Los talleres productivos están funcionando y las conducciones son las estrictamente necesarias. Hemos potenciado el régimen abierto para que muchos internos e internas hayan salido con control telemático. Nos permite que se mantengan en su domicilio sin aumentar la inseguridad y se cortan los contagios.

¿Cuántos contagios han tenido en estos ocho meses?

Hemos tenido casos puntuales, separados en el tiempo y controlados. En la primera fase del estado de alarma tuvimos dos funcionarios y un interno. Ahora tenemos ocho internos, todos ellos procedían de libertad o de permisos porque no se han producido dentro del centro penitenciario, y cinco trabajadores, de los cuales solo hay tres activos y dos ya fueron dados de alta.

¿Todos los positivos vienen de fuera y no se generan dentro?

El virus todavía no ha entrado al centro. Los funcionarios tenemos más posibilidades ya que tenemos más contactos en el exterior.

¿Cómo se manejan los presos dentro con las mascarillas?

Los internos que están en el módulo de cuarentena las llevan aunque estén aislados, pero los demás no porque no está el virus, aunque mantienen la distancia de seguridad entre ellos. Tienen que llevarlas cuando salen a la escuela o fuera de la prisión, al hospital o a los juzgados.

La UME desinfectó la prisión de Zuera. En Daroca, la limpian presos y funcionarios juntos. ¿Se plantea imitar ese proyecto?

Hay internos con destinos en limpieza que han aumentado las horas. Optamos por ampliar el contrato con la empresa exterior para que sea más exhaustiva.

Aun no se permiten las visitas vis a vis de los internos. ¿Afecta a la convivencia?

Ha habido menos incidentes que en la vida normal. Los presos han asumido las restricciones del vis a vis para preservar su salud y la de todos. Se sustituyó por las videollamadas nada más empezar el estado de alarma. Algunos extranjeros han comunicado por primera vez con sus familias en sus países que antes no podían verlos. Nos lo han a  agradecido.

Si los internos tienen permisos de salidas, ¿cómo se procede a su regreso al centro con ellos?

Todos los presos que vuelven de permiso o ingresan de libertad van al módulo destinado para la cuarentena y son examinados diariamente por el servicio sanitario, les miden la temperatura y comprueban si tienen alguna sintomatología. A los cinco días se les hace un PCR, si es negativo vuelven al módulo de origen y si es positivo se quedan allí hasta que se recuperan.

En julio, un preso murió en la entrada de la prisión tras ir al Servet y visitar al cardiólogo.

Este interno salió a la consulta y le hicieron las pruebas necesarias, le dieron el alta médica y en el trayecto de la ambulancia, el conductor dice que se había desplomado. El cuerpo de guardia avisa al jefe de servicio para que disponga la entrada del vehículo hasta la enfermería para que entre lo antes posible y allí le hicieron maniobras de reanimación, pero sin resultado porque ya había fallecido.

Más reciente fue la muerte por sobredosis de un interno. ¿Cómo controlan las drogas?

Es difícil. Se reparte la medicación en función de la autonomía de los pacientes y los funcionarios hacen el cacheo para comprobar que no tienen otras medicinas que las prescritas. Las unidades caninas intervienen cuando vienen los comunicantes para evitar que entre droga. Hay programas del servicio médico. Para evitar que entre droga a la prisión habría que cerrarla por completo y sería un gueto, un pozo sin salida. No tendrían ninguna esperanza y nos olvidaríamos de la reinserción. Abriéndola ganamos más, aunque asumiendo esos inconvenientes.

Recientemente entraron tres hombres detenidos por matar a su padrastro, a su hijo y a su madre, pero con problemas psiquiátricos. ¿La cárcel es el mejor lugar para ellos?

Primero tenemos una decisión judicial que acatar y su enfermedad no le impide cumplir condena en una prisión. Se apoya en informes de forenses. Aquí tenemos programas para enfermos mentales y un psiquiatra los visita. Estas enfermedades tienen etapas: están en un módulo con los demás o en la enfermería por decisión médica. Pero un centro penitenciario no tiene los mismos medios que un centro psiquiátrico para atenderlos.

¿Cómo ha comenzado el curso escolar en el centro?

Las clases están ocupadas por menos alumnos para garantizar la distancia de seguridad. Antes de entrar en la misma se hace una desinfección de manos, se entra de manera escalonada y llevando la mascarilla durante la actividad colectiva. Se ventila la clase, antes y después.

¿Ha habido relación entre las actuaciones sanitarias y un aumento de la conflictividad?

Hubo situaciones puntuales en las que gracias a la profesionalidad de los funcionarios no acabó en un conflicto grave. Si hay baja conflictividad, tengo que agradecérselo a toda la plantilla, desde el personal sanitario, a los funcionarios, los laborales y los colaboradores de las entidades del tercer sector, por su trabajo, profesionalidad, esfuerzo y dedicación al servicio público.

Los funcionarios se quejan de la falta de médicos en Zuera.

Tenemos cinco médicos, pero hay dos que están de baja de larga duración. Por eso, las guardias médicas ya no pueden ser presenciales en las noches y fines de semana, pero están localizables. Hay un médico director de programas y en su horario de oficina nos ayuda pasando consulta y se lo agradezco muchísimo.

¿Cómo afecta al día a día la llegada de internos tan singulares como Sito Miñanco o Igor el Ruso a la prisión, como FIES especiales, que supone una mayor carga de vigilancia y ya se han ido?

La gravedad del delito cometido fuera no tiene que ver con su comportamiento dentro de la prisión. Muchas veces es lo contrario. Prado Bugallo (Sito Miñanco) se adaptó perfectamente al régimen ordinario, desempeñó su destino (en la limpieza) y no tuvo ningún incidente. Y sobre Norbert Feher (Igor el Ruso) la tipología delictiva y la alarma social del delito que cometió hizo que se le encuadrara en un grado de clasificación con un primer grado, sus medidas de seguridad eran más estrechas y control. Pero tampoco tuvo ningún incidente.

La cárcel de Zuera ha llegado a tener hasta 1.900 internos, pero sigue siendo de las mayores de toda España con 1.300. ¿Sigue siendo una referencia junto a Villabona para recibir a presos de ETA en proceso de reinserción hacia el País Vasco?

Ahora hay ocho presos de ETA aquí. El número de presos en 2010 eran 1.900 presos y ahora tenemos 1.300. Zuera es uno más de los centros de los que decide Madrid para enviar a estos internos en función del delito que tienen. Los que están en Zuera se aclimatan a la vida del centro y sin ningún incidente. Reciben visitas habitualmente una vez a la semana.

Instituciones Penitenciarias anunció la voluntad de transferir la sanidad penitenciaria a las comunidades autónomas y la sanidad pública. ¿En Aragón se ha abierto ese proceso?

La Administración penitenciaria ha mantenido negociaciones con las regiones para que la sanidad sea incluida en los sistemas públicos de salud. No sé en qué punto está en Aragón, pero en otras como el País Vasco y Navarra son las más avanzadas. Hay una ley 16/2003 que contiene esta previsión legal y lo suyo es que se lleve a cabo.

Con una población tan particular y tendente al trapicheo, los funcionarios creen que también tienen insuficientes enfermeras para dar tanta medicación.

En cuanto a enfermeras solo nos falta una en la plantilla. En el reparto de medicación se hace como hace cinco o diez años y no genera problemas.

La fuga del interno Benito Ortiz Perea provocó una elevación de la valla para evitar más.

Solo fue esa fuga. La prision de Zuera es segura.

A los yihadistas que reciben en la prisión de Zuera llegaron a descubrir algún delito en sus celdas. ¿Son más peligrosos que los etarras ahora?

Sus delitos nos preocupan ahora mucho más que antes. España tiene la experiencia de la lucha contra el terrorismo, donde se miran otros países europeos. Los internos yihadistas entraron en el FIES por estar condenados por los delitos de terrorismo o porque hacen su proselitismo en las prisiones. Hacemos un seguimiento diario y a los más peligrosos los llevamos al módulo de régimen cerrado, que apenas son un 2% de todos los que hay en las cárceles.

Al preso Rodrigo Lanza lo tuvieron mucho tiempo en ese módulo cerrado hasta que lo cambiaron antes del juicio celebrado recientemente.

La clasificación fue realizada por el centro directivo en función del peligro de su delito y la alarma social que generaba su delito. En función de cómo reaccionaba en la prisión, al final se cambió a un régimen ordinario hace tiempo. Se revisaban cada tres meses para estos presos.

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