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Zaragoza

Zaragoza, ciudad de leones… y de aves zancudas

La capital aragonesa es un escenario privilegiado para la observación de pájaros y cuenta con dormideros en los que descansan colonias de hasta 200 ejemplares.

Las motas blancas son garcetas en su dormidero a la altura de la ribera del Ebro en Zaragoza. A la derecha, de arriba a abajo, Martinete, garza real y garceta común
Las motas blancas son garcetas en su dormidero a la altura de la ribera del Ebro en Zaragoza. A la derecha, de arriba a abajo, garceta común, garza real y Martinete
Tatavasco/Eduard Reerte/Ramón Elósegui

Cada tarde, caminando por la ribera del Ebro y observando sus alrededores, uno puede toparse con una imagen como la de arriba. Árboles salpicados de centenares de motas blancas que no son otra cosa que garzas que acuden al que es su dormidero. La estampa puede sorprender a quienes todavía no se hayan percatado, pero lo cierto es que de unos años a esta parte es habitual verlas allí cuando comienza a ponerse el sol.

Se trata de una colonia de garcetas comunes que a veces también van acompañadas de garcetas bueyeras. “Estas últimas son menos abundantes en la capital aragonesa, aunque también es fácil verlas en los dormideros”, explican desde la Unidad Verde del Ayuntamiento de Zaragoza.

Ya en su día, los agentes medioambientales de esta unidad contabilizaron que la colonia de garcetas que descansa junto al puente de Hierro podía estar integrada por cerca de 200 ejemplares. Y este no es el único dormidero que hay en la ciudad, aunque su uso depende del nivel del río. “Hay otro aguas abajo del Pabellón Puente, aunque este lo utilizan de manera más intermitente. Si el nivel del agua baja, como ocurre a veces, tienen más cerca a los viandantes y los depredadores, por lo que no están tan tranquilas”, comentan.

Todas ellas constituyen un verdadero “tesoro” para el ecosistema, pues son carnívoras y se alimentan principalmente de cangrejo americano -especie invasora-, topillo y ratón, y también pescan muchas especies exóticas.

Los expertos coinciden en que la capital aragonesa es un lugar privilegiado para la observación de estas aves, debido fundamentalmente al Ebro y a la cercanía de la huerta. “Desde el punto de vista de las aguas continentales, es el mejor. Tenemos el río más ancho y caudaloso de España y el municipio de Zaragoza cuenta con 22 sotos que ofrecen un escenario ideal para las aves”, añaden desde la Unidad Verde.

En el mismo sentido se manifiesta Luis Tirado, delegado de SEO/BirdLife en Aragón. Tirado cree que Zaragoza es “excepcional” para el estudio de las aves y, aunque otras capitales como Mérida y Toledo también comparten ese potencial, “no tienen la diversidad ni la cantidad que hay aquí”.

Aguas arriba y abajo del río se pueden ver ejemplares de garceta grande, garza real, garza imperial e incluso martinete, “una especie muy rara de ver en España, pero muy fácil de ver en Zaragoza”, explican.

“El confinamiento no ha hecho que haya más aves, pero se han visto mejor”

Las semanas de confinamiento también han hecho que las aves estén más presentes que nunca en nuestras calles, aunque eso no significa necesariamente que haya más ejemplares. “No ha hecho que haya más aves, aunque sí hemos tenido más facilidad para verlas. Se detectaban muy bien porque habían adquirido mucha más confianza y se acercaban a lugares que no suelen visitar”, afirma Tirado.

Muchas de estas especies, pese a no estar amenazadas, sí que gozan de cierto grado de protección. A pesar de ello, de vez en cuando se dan casos como el ocurrido la semana pasada en la ribera, cuando un hombre fue denunciado por cazar jilgueros con pegamento.

Afortunadamente, según los expertos, se trata de “casos aislados”. “La caza con pegamento, ya prohibida, era común en el Levante y Andalucía. Solía ser furtivismo para comer o criar”, explica Tirado. En ese sentido, las especies más codiciadas suelen ser las que pertenecen al grupo de los fringílidos: cardelinas, verdecillos, lúganos, verderones o pardillos.

Lo que sí preocupa al delegado de SEO/Birdlife es lo que ocurre durante la llamada media veda, por lo que piden que se pongan en marcha programas de educación ambiental. “Nos encontramos cantidad de casos de rapaces y otras especies que no se pueden cazar muertas tiroteadas. Esto no es accidental”, concluye.

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