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fiestas del  pilar

Los cabezudos buscan fórmulas para estar presentes en las próximas fiestas del Pilar

Pocos conciben un Pilar sin los cabezudos. Son escasísimas las ocasiones en las que no han salido a la calle en los últimos 200 años. Los integrantes de la comparsa piden que no se les confine y que las figuras puedan exponerse sin aglomeraciones.

HOY PILAR. Colegio El Espartidero. Sale la comparsa de gigantes y cabezudos / 07-10-2019 / FOTO: GUILLERMO MESTRE [[[FOTOGRAFOS]]] [[[HA ARCHIVO]]]
Los cabezudos, el año pasado, a su salida del colegio El Espartidero, de Santa Isabel.
Guillermo Mestre

Han ‘encorrido’ a los niños desde hace siglos. Con sus cabezas de cartón piedra primero y de fibra de vidrio después. Los cabezudos son, junto a la Ofrenda de Flores, el emblema de las fiestas del Pilar. “Pero somos mucho más tradicionales”, dice el Morico, Domingo Carrillo, consciente de que la primera Ofrenda fue en 1958 mientras que las carreras con los chavales están documentadas desde 1807. En principio, la comparsa de Gigantes y Cabezudos sale a la calle tres veces al año, en San Valero, el Carnaval y las fiestas patronales de la ciudad, pero el próximo mes de octubre causará baja. Con motivo de la pandemia el Ayuntamiento ha decidido que los cabezudos no recorran las calles para que no se creen aglomeraciones y, por primera vez en muchos años, el Torero, la Pilara o el Berrugón tendrán que quedarse en casa.

“Desde que a partir de la Transición se recuperaron las fiestas populares, esto nunca antes había sucedido. Tenemos todos un sentimiento de ausencia, como de que no va a haber fiestas, y llevamos dentro una pena inmensa”, dice Carrillo, que lleva la friolera de 35 años dando vida al hiperbólico mozo de cuadra vestido de jockey. En 1985 se apuntó como voluntario a la comparsa y, desde entonces, no ha dejado de portar a su querido Morico.

“Hay muchas maneras y formas para que la comparsa, respetando las medidas de prevención impuestas por Sanidad, pueda estar presente en las fiestas. Además, en unas  tan emotivas, sufridas y especiales como serán las de 2020”, opina. Él y sus compañeros serían partidarios de que, si no pueden salir a las calles, al menos, no se les encierre ni se les confine en los consabidos almacenes municipales de Cogullada, donde descansan los personajes tras unas vitrinas. “Podrían estar expuestos en muchos lugares sin necesidad de que se celebre un acto multitudinario”, apuntan, recordando que en las vísperas de San Valero se colocan las figuras en el zaguán del Ayuntamiento y reciben visitas de forma ordenada.

La historia de los cabezudos de Zaragoza es profusa en anécdotas y ha hecho las delicias de los cronistas de la ciudad, si bien pocas veces han tenido que contar que la Forana o el Robaculeros se quedaban sin salir. Las únicas suspensiones han sido en días muy puntuales por catástrofes meteorológicas y no por pandemias, si bien con la gripe de 1918 las fiestas del Pilar hubieron de retrasarse y se celebraron en mayo de 1919.

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Una estampa de la comparsa en la década de 1930.
Archivo HERALDO

En la accidentada hoja de servicios de los cabezudos figuran, entre otras curiosidades, la caída de una farola al paso de la comparsa en las celebraciones de 1979 -hubo dos viandantes heridos leves- o las ‘celebraciones familiares’ como hace cuatro años cuando la Forana y el Forano conmemoraron sus bodas de hueso, recordando su casamiento por todo lo alto allá por 1916. La pareja, incluso, tuvo un hijo al año siguiente, el Foranico, que fue bautizado con toda la pompa festiva de la época y del que nunca más se supo años después.

En 1910 el alcalde amenazó con retirar la comparsa si los niños cantaban coplillas soeces

Para encontrar una antecedente en la hemeroteca de una posible cancelación de la comparsa de los cabezudos hay que remontarse al año 1910. El entonces alcalde, Julio Juncosa Molins, publicó un bando en el que prohibía a los niños cantar las coplillas de los cabezudos por ser “maleducadas” y amenazaba con que si la chiquillería desobedecía al año siguiente no habría comparsa. Aquel bando, que abrió las fiestas hace 110 años a falta de pregón anunciador, fue de lo más polémico. "¿Cuánto mejor sería que los cabezudos repartieran confites en vez de zurriagazos? Y vería entonces el alcalde cómo las criaturas entonarían hasta cánticos celestiales”, escribía con sorna el redactor de HERALDO en su crónica de las fiestas.

Sin embargo, en aquellos años -como para los niños también hoy- los cabezudos eran el alma de la fiesta y había mil y una propuestas para aumentar la nómina de integrantes del pasacalles. De hecho, en el mismo 1910 se crearon dos muñecos nuevos que no acabaron de cuajar y desaparecieron pronto. Se trataba de Pascual y 'el Mansi' y estaban inspirados en personajes conocidos de la vida zaragozana de aquella época: Pascual era el vigilante de la calle Alfonso y 'el Mansi' era el cobrador de las sillas del paseo de la Independencia. Parece que el homenaje o la ocurrencia no les hizo excesiva gracia y ambos elevaron una instancia al municipio para que se enterrasen sus respectivos cabezudos y así se hizo.

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