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Ana Langarita: "Hay una gran dignidad y entereza en cómo los mayores se están adaptando a esto"

Esta psicóloga, que trabaja en un centro del zaragozano barrio de Las Fuentes libre del virus, documenta sus vivencias y las conversaciones con "sus abuelos Jedi" en Instagram. "En mi residencia soy la escuchadora", dice.

Una de las fotos del Instagram de la psicóloga de la residencia de Las Fuentes, Ana Langarita.
Una de las fotos del Instagram de la psicóloga de la residencia de Las Fuentes, Ana Langarita.
@alangarita

Estos días se habla mucho de los mayores. Pero a ellos se les oye más bien poco. Muchos se encuentran aislados en residencias, algunas convertidas en verdaderos infiernos, en el escenario más negro de esta pandemia. Pero también hay algunas libres, al menos de momento, del virus. En ellas, la pandemia añade, como en todos los lados, grandes dosis de tristeza, a la par que también hay espacio para la ternura y para las experiencias compartidas con unos trabajadores que estos días dan el do de pecho, no solo para cuidar a los yayos sino para suplir, en la medida de sus posibilidades, la ausencia de los seres queridos.

Es el caso de Ana Langarita. Ella es psicóloga en el centro de día y residencia de Las Fuentes de Zaragoza, de propiedad pública y gestión privada.

Desde que el coronavirus llegó a nuestras vidas, las instalaciones están cerradas y los residentes internos, unos 60 de los más de 100 que tiene habitualmente, permanecen principalmente en sus habitaciones.

Casi todos son del barrio zaragozano, aunque, paradójicamente no lo puedan pisar. Su rutina ha cambiado. Se han suspendido las actividades a las zonas comunes. Pero no las ganas de hablar.

"En la residencia soy la escuchadora", cuenta Ana Langarita. Desde hace tiempo, documenta en Instagram algunos de los momentos que disfruta con "sus" abuelos. Lo hace con imágenes, lo que caracteriza a esta red social, pero también publica sus historias. Recuerdos y sentimientos que la pandemia no ha conseguido enterrar y que son una enseñanza diaria para Ana que busca compartir con todo el mundo, particularmente ahora. "Me gustaría que fuera un álbum de vida".

"En mi residencia soy la escuchadora. Si escuchas, las historias vienen", sostiene. Y estos días, su papel es más necesario que nunca. Desde que comenzó el estado de alarma no hay visitas. Y, por ejemplo, algunos matrimonios se han visto obligados a separarse porque los que solo usaban el centro de día han tenido que irse a casa. Se informa a los familiares y se intenta mantener el vínculo: hay llamadas, videollamadas y una cuenta de correo a la que se pueden mandar mensajes. "Por ejemplo, una residente recibió un vídeo de su hija cantándole 'Ojos verdes', había que ver cómo tocaba la táblet, como si estuviera ahí mismo. Fue muy emocionante...".

Ana cuenta que la mayoría de los residentes, de más de 80 años, "son conscientes de la situación y están informados: ven la tele, leen el periódico...". Teniendo esto en cuenta, Ana destaca "la súperentereza y la dignidad que tienen para adaptarse a esta situación, la gran dignidad que reside en aceptar las cosas no como queremos que sean sino como son". La psicóloga está aprendiendo mucho. "Todos los días hablo con abuelos que han pasado una guerra, una postguerra, que han trabajado duramente en el campo, que son de barrio, son personas duras, abuelos que se han criado en Soria sin 'goretex'. Y yo echo de menos ir a un concierto o cortarme el pelo". Por estas cosas, Ana los describe en Instagram como "mis abuelos Jedis". De los que se guarda muchas frases e historias. "Quiero compartir su sabiduría".

Se acuerda, por ejemplo, de Irene, cuando le dijo que "como se prieta la tierra, se prieta el corazón". O Pascuala, callada pero que cuando hablaba tiraba con bala: "Cuando callo soy solo mía", decía.

Y tantas historias estos días: Como la de M., que tiene su blusa de los martes; o como la de C. quien tras ver 'Bajo el sol de la Toscana' le contó a Ana cómo de joven fue en un 600 a Venecia, aunque su marido nunca le había besado como "ese italiano de la película".

Ana Langarita se siente "una privilegiada" que asiste a la última etapa de la vida de las personas y, aunque ve a mucha "gente irse", cuando les pide a los abuelos "un balance de su vida, siempre es positivo. Como le dijo Pascuala: 'La vida te enseña que vale la pena quererse'".

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