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Zaragoza

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La intermodal de Delicias, una estación de autobuses 'fantasma': "A veces sube un viajero, dos como mucho"

Por la terminal de Zaragoza pasan unas 150 personas al día, cuando antes lo hacían más de 5.000. Quienes cogen un bus, extranjeros en su mayoría, lo hacen "porque no queda más remedio".

Un autobús entra en una estación Delicias semivacía y sin apenas servicios.
Un autobús entra en una estación Delicias semivacía y sin apenas servicios.
Oliver Duch

El autobús de Therpasa que llegaba de Soria este miércoles a las 14.00 lo hizo sin un solo viajero. Cuando se fue de vuelta, a las 16.00, también partió totalmente vacío. "A veces sube una persona, dos como mucho...", contaba Ángel Fernández, su conductor. Es lo habitual estos días en la terminal de autobuses de Zaragoza, en la intermodal de Delicias. La actividad allí ha caído en picado hasta parecer una estación fantasma. Los datos refrendan esta impresión: desde que empezó el estado de alarma por el coronavirus llegan o parten en autobús de la capital aragonesa unos 150 viajeros al día, cuando una jornada normal había más de 5.000. Es decir, un 97% menos.

Meberk Zreiby es un saharaui que vive en Bilbao con su mujer y su hija, pero que ha estado estos días trabajando en Barcelona. Este miércoles hacía escala en Zaragoza para volver a casa, con un papel que justificaba y autorizaba su viaje. "Da mucho respeto porque te subes al autobús y no sabes lo que te vas a encontrar, pero no queda más remedio", apuntaba.

Meberk Zreiby, esperando a un autobús para ir a Bilbao.
Meberk Zreiby, esperando a un autobús para ir a Bilbao.
Oliver Duch

Las personas que estos días sacan un billete lo suelen hacer por ese motivo: porque no hay más remedio. En la estación de autobuses ahora hay una media de 90 operaciones (autobuses que salen, llegan o hacen escalas), cuando un día normal había 400. La media de ocupación de cada uno es de menos de dos personas por vehículo. La imagen es desoladora, muy alejada del trasiego habitual de maletas y mochilas.

Además de Maberk, en el autobús a Bilbao se subió una persona más. David Cantos es empleado de Renfe, y tenía que desplazarse para sacar un tren desde la capital vizcaína. Iba protegido con máscara de seguridad, guantes, gorro… Apenas unos centrímetros cuadrados de piel asomaban alrededor de sus ojos. "Claro que da respeto subir a un autobús, pero no queda otra", señalaba. Acostumbrado a hacer este trayecto, veía la estación "rara y desoladora". "Deprime un poco, la verdad", apuntaba.

En la dársena de al lado, Pablo Lluis esperaba para llevar un autobús hasta Valencia. Una ruta con ocho paradas en la que, como mucho, se suelen subir cinco personas, pero ninguna desde Zaragoza. "Se suben algunos para ir de Maella a Caspe, o a Tortosa… suelen ser extranjeros que se mueven por trabajo al campo", explicaba.

Pedro Lluis, preparado para arrancar su autobús hacia Valencia.
Pedro Lluis, preparado para arrancar su autobús hacia Valencia.
Oliver Duch

En los autobuses se aplican medidas de seguridad. Siempre que es posible, se entra por la parte de atrás, y se pide a los pocos que van a bordo que permanezcan separados. Los conductores coinciden en que, tras unos primeros días de más dudas, ahora se respeta totalmente. Algunas empresas van a cerrar la mitad del autobús con cintas, para tener más controlados los lugares en los que se sientan los viajeros y, después, poder desinfectarlos de manera más eficaz.

Se han suprimido todas las rutas internacionales y los servicios discrecionales (de empresas, turistas, etc.). Por eso, la sensación es de vacío. Solo hay abiertas 13 de las 40 dársenas, y el personal es el mínimo e imprescindible. Las taquillas, las oficinas y los bares están cerrados, así como el servicio de paquetería. La empresa que gestiona la terminal empezó ayer a aplicar un ERTE que afecta a 12 de sus 17 trabajadores.

Se mantienen (aunque reducidos) los servicios de limpieza y de seguridad –esta cubre las 24 horas–, por lo que los gastos de la concesionaria se mantienen muy elevados, pese al escaso uso que se le da. El director de la estación, Íñigo Laín, dice que casi sería más barato "mandar a la gente en taxi". Pide que este servicio se suprima por completo, ya que "por un lado, se pide a la gente que no viaje, pero luego se le ofrece la posibilidad de hacerlo".

Muchas empresas del sector también han tenido que aplicar expedientes de regulación de empleo, ya que las rutas se han reducido notablemente. Aunque la demanda es insignificante, las concesionarias deben mantener un servicio mínimo que permita desplazarse a los viajeros que no tengan otra opción.

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