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La Policía descubre un piso de Zaragoza convertido en bar clandestino en pleno coronavirus

Los agentes levantaron el jueves varias actas por desobediencia a las personas que se encontraban en esta vivienda de la calle Pignatelli de Zaragoza.

La intervención se produjo en una vivienda del número 48 de la calle de Ramón Pignatelli de Zaragoza.
La intervención se produjo en una vivienda del número 48 de la calle de Ramón Pignatelli de Zaragoza.
José Miguel Marco

La Policía Nacional se está viendo obligada a capear y sancionar las imaginativas pero ilícitas soluciones que algunos ciudadanos están encontrando para sortear el confinamiento que ha impuesto la batalla contra el coronavirus. El pasado jueves, por ejemplo, varias patrullas del 091 tuvieron que intervenir en un piso de la calle de Ramón Pignatelli al detectar un movimiento inusual de personas. Una vez allí, los agentes comprobaron que los inquilinos, que regentan un bar en Conde de Aranda, habían decidido aprovechar la clausura temporal y obligatoria del negocio para acoger a la clientela en su propio domicilio.

Según los vecinos, que fueron los que denunciaron lo que estaba ocurriendo, a lo largo de toda la semana se veía como grupos de jóvenes se acercaban al edificio ubicado en el número 48 y desde la calle llamaban a gritos a una mujer. Esta resultó ser la ocupante de uno de los pisos de la tercera planta, que es donde intervino la Policía Nacional pasadas las diez de la noche del día 19 de marzo.

Cuando les abrieron la puerta, los funcionarios comprobaron que, además de los inquilinos, allí se encontraban varias personas bebiendo y de fiesta. No hubo detenciones, pero ello obligó a tramitar varias actas por desobediencia al Real Decreto que restringe el libre movimiento de las personas durante esta crisis sanitaria.

Según explican los vecinos del entorno de la calle Pignatelli, el edificio ubicado en el número 48 está ‘okupado’ y los actuales moradores saben que había prevista una orden judicial de desalojo para finales de mes. En cualquier caso, todo apunta a que la actual situación retrasará su salida.

El barrio recupera la calma

Paradójicamente, para quienes residen en este degradado sector de la capital, el estado de alarma ha significado su «vuelta a la normalidad». Porque, al vaciarse las calles, han cesado los altercados, el ruido y los problemas. «El barrio está ahora como si fuese un barrio normal. Pasan coches, hay gente que va a comprar o trabajar, pero ya está», señala un vecino que se identifica como O. V. M. «por seguridad».

Lo cierto es que, aunque el confinamiento no es una situación deseable para nadie, ha permitido a los residentes de Pignatelli y su entorno hacer algo que creían olvidado: descansar de un tirón por las noches. «Ahora se puede dormir… Y sin tapones», apunta este vecino.

Porque el ruido y las broncas han dificultado durante mucho tiempo a los residentes de calles como Pignatelli, Agustina de Aragón o José Zamoray, entre otras, conciliar el sueño a la primera. «No hay niños dando balonazos a una chapa o a las puertas de los garajes a partir de las seis de la tarde, no hay ruidos por la noche ni de madrugada… Se nota», resume el vecino, que reconoce que hay gente que sigue haciendo caso omiso a las prohibiciones. «Hay quienes siguen haciendo su vida normal, muy pocos, pero es cierto que hay gente que no respeta el confinamiento», señala.

Con todo, las cifras señalan que la cuarentena ha frenado en seco los delitos que se producen en la capital aragonesa, y el número de arrestos y órdenes de prisión ha disminuido drásticamente. Cabe recordar que la pequeña delincuencia encontró su refugio en Pignatelli este verano, cuando se comprobó que muchos menores utilizaban edificios vacíos para esconderse de la Policía tras perpetrar robos con violencia e intimidación en el entorno.

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