zaragoza 

Confesó en varios wasaps que quiso matar a su ex pero ahora lo niega y alega que "fanfarroneaba"

El acusado de quemar el piso en el que dormía la mujer con sus dos hijos pequeños se enfrenta a 29 años de cárcel. El incendio se produjo en agosto de 2017 en Torrero

El incendio se produjo en agosto en el edificio de la calle Francisco Izquierdo Molins, número 21, en el barrio de Torrero-La Paz. Hubo 18 afectados por inhalaciones de humo.
El incendio se produjo en agosto en el edificio de la calle Francisco Izquierdo Molins, número 21, en el barrio de Torrero-La Paz. Hubo 18 afectados por inhalaciones de humo.
Toni Galán

"La he quemado viva", "he liado una que no veas", "he ido y le he echado bolas de petroball (arrancadores de fuego) encendidas" o "lo planeé bien". Estos son solo una muestra de los numerosos mensajes que Manuel O. L. envió en la madrugada del 22 de agosto de 2017 a familiares y amigos en los que reconocía abiertamente que acababa de quemar el piso de su ex pareja mientras ella dormía con sus dos hijos pequeños (de 9 y 5 años) y su entonces novio dentro.

Estos wasaps fueron decisivos para que la Policía lo detuviese unos días después y luego fuera procesado por tentativa de homicidio en concurso con un delito de incendio, lesiones y quebrantamiento de condena.

Manuel O. L. será juzgado el próximo mes de mayo en la Audiencia Provincial de Zaragoza. La Fiscalía solicita 24 años de cárcel mientras que la acusación particular, ejercida por la abogada Laura Vela, la eleva a 29 años.

Sin embargo, su defensa, a cargo del letrado Óscar Espinosa, pide la absolución alegando que cuando su cliente envió esos wasaps solo quería "fanfarronear" y "atribuirse el mérito" del incendio. Este afán por "colgarse la medalla" se debería, según su abogado, a la mala relación con su ex y a la "animadversión" que ella le tiene a raíz de que "él la dejara". 

Argumenta que tal y como están escritos los mensajes –plagados de faltas de ortografía–, denotan que su cliente estaba tan bebido y drogado que ni tan siquiera era capaz de escribir correctamente. En su escrito, resalta que, a pesar de lo que dijo su cliente, técnicamente no se ha derminado la presencia de acelerantes del fuego.

El acusado sí que admite que sobre las 3.55, cuando se produjo el incendio, se encontraba en las inmediaciones –a pesar de que tenía una orden de alejamiento de la mujer–, aunque esta circunstancia también la atribuye a que como iba drogado y tienen una "inteligencia límite" no se percató de lo cerca que estaba de su domicilio.

No opinan lo mismo las acusaciones, las cuales destacan el riesgo de morir que corrieron las cuatro personas que estaban dentro. Los dos adultos salieron e intentaron poner a salvo a los pequeños, pero solo lograron sacar al mayor. 

El más pequeño se metió debajo de la litera y tuvo que ser un policía local quien lo rescatara más tarde inconsciente. El niño sufrió quemaduras de segundo grado en una mano y todos se intoxicaron con el humo. El edificio tuvo que ser evacuado. 

Para la acusación, frases como "lo que quería era matarla, te lo juro no me duele nada" o "la vida de sus hijos no me interesa" son palmarias.

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