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Zaragoza

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“He vivido la reforma del Mercado Central como si fuera mi casa”

Los primeros visitantes de la centenaria lonja recién remodelada, donde no cabía un alfiler este jueves, mostraban alegría, emoción, sorpresa y alguna que otra crítica.

Primera jornada de apertura al público del Mercado Central de Zaragoza. Cuando son las 10.00 de la mañana, en sus pasillos no cabe un alfiler. “¡Qué bonito! Me gusta, me gusta”, “Ha quedado una chulada”, opinan algunos de los recién llegados nada más acceder por la fachada principal. La nueva lonja, que cuenta con 78 puestos y muchos más servicios, presenta una imagen moderna y luminosa marcada por la nueva organización de los puestos y todo lujo de detalles.

Se preveía una asistencia “en masa” y el público zaragozano no ha defraudado. Entre otras novedades, destacan la zona de restauración, los baños y los asientos en los que durante esta primera mañana de estreno es difícil encontrar hueco. También la exposición de los más de 100 años de historia del mercado. Entre críticas y piropos de curiosos, clientes y visitantes, se entremezclan algunas expresiones que nos trasladan al mercado de hace 19 meses, justo antes de que comenzase la rehabilitación integral. “¿Quién da la vez?”, “¿A cuánto están los ajos?”, “¡Qué bien huele!”.

Son muchas las personas que se han acercado de propio para echar un vistazo. “Trabajamos aquí cerca y queríamos ver cómo ha quedado”, explican Paula y Chus nada más hacerse una foto para mostrar que ya han estado en el nuevo Mercado.

Entre los presentes también se encuentran muchos clientes de “los de siempre” que andan en busca de sus puestos “de toda la vida”. “Está precioso, ahora es mucho más bonito. La verdad es que le hacía buena falta”, afirma Mari Carmen, quien a sus 72 años asegura llevar viniendo toda la vida al Mercado Central. Natural del barrio de Torrero, por casualidad acaba de encontrarse con sus primas, María Trinidad y Lupe, vecinas de Delicias

El Mercado Central del Zaragoza ha abierto sus puertas al público este jueves a las 9.00 y ha recibido desde primera hora de mañana a decenas de personas, ansiosas por conocer cómo ha quedado la lonja tras su renovación y por hacer las primeras compras en este nuevo mercado histórico.

“Yo venía ya con mi madre, en los años 70, ¡calcula!”, añade Carmen, quien va en busca de setas y asegura que acude a la lonja una vez por semana y, de paso, le hace una visita a la Virgen del Pilar. Entre los compradores también hay gente joven. Los detallistas opinan que la nueva imagen fomentará la llegada de nuevos públicos. “Mi madre me ha enviado a por morcilla a su puesto de toda la vida pero siempre hemos venido desde pequeñas con ella. Ahora parece que tiene más vida. Prefiero el producto fresco y de proximidad”, destaca Victoria (27).

Por su parte, Benito (68), que conoce el Mercado desde hace tres años, asegura sentirse “orgulloso” con la nueva imagen. “Se parece a otros mercados de ciudades como Madrid, Barcelona o Palma. Antes daba vergüenza como estaba”, añade. Benito aguarda a su turno en el puesto número 67, la Frutería Martín Marí Fe. Todavía le tocará esperar un rato. “Estamos muy contentos pero está siendo algo estresante. Hay muchísima gente, no hemos parado”, destacan. Eso sí, “lo importante es que se mantenga”, añaden.

“Llevamos 24 años en el mercado y esta jornada está siendo histórica. La reforma era muy necesaria. Está llamando mucho la atención de la clientela y esperamos que sirva de reclamo para gente más joven"

En esta misma línea se posiciona Luis Argón, de Bacalao Pil Pil, donde tras las cuatro primeras horas desde su apertura aseguran no dar abasto. “Llevamos 24 años en el mercado y esta jornada está siendo histórica. La reforma era muy necesaria. Está llamando mucho la atención de la clientela y esperamos que sirva de reclamo para gente más joven”, añade.

En la zona central, una de las más atractivas para los recién llegados, se ubican los cuatro establecimientos que conforman la parte de restauración. “Es original y toda una novedad pero hay que reconocer que es un poco caro. 5 euros por dos cortados y dos empanadas siendo que fuera vale la mitad… nos ha pillado de nuevas”, espeta Puri, otra de las fieles clientas del Mercado desde hace años. “He vivido la reforma del Mercado Central como si fuera mi casa”, añade.

El reto de cautivar a los clientes

Junto a ella, Ana, ambas vecinas del Actur, aseguran no faltar a su cita semanal con sus detallistas de confianza. “Antes éramos seis en casa y comprábamos más cantidad, ahora estamos los dos solos y podemos comprar otras cosas y de más calidad”, opina.

Sin embargo, ambas coinciden en sus dudas en torno a este nuevo espacio: “Lo único para lo que va a servir la barra es para que los maridos esperen a sus mujeres mientras compran”. Entre los detallistas también existen algunas críticas hacia la nueva instalación, como Lorenzo, de Carnes Lorvi. “Algunos puestos no son muy accesibles para quienes trabajamos ahí. Son más amplios pero tienen errores en cuanto a infraestructura”, lamenta.

En su caso, asegura que después de tres generaciones de su familia dedicados al sector cárnico, la clave del éxito no radica tan solo en la nueva imagen sino en el trato y el servicio personalizados que sepan dar al cliente. “Ellos ya han hecho su parte, ahora el trabajo es nuestro. Toca atraer a la gente vendiendo producto de calidad y siendo buenos profesionales, y de eso el Mercado Central de Zaragoza puede presumir”, reivindica. 

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