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"Han hecho de la okupación su negocio y actúan como mafias"

Los vecinos cuentan que hay gente que se ha organizado para entrar en pisos vacíos y ceden el espacio a gente necesitada a cambio de dinero. 

Los cables van conducidos por una tubería de agua en Pignatelli 43.
Los cables van conducidos por una tubería de agua en Pignatelli 43.
José Miguel Marco

La degradación y abandono que desde hace años padecen la calle de Ramón Pignatelli y aledañas han vaciado muchos de sus edificios, tanto antiguos como recién construidos, provocando a la vez un efecto llamada entre algunos jóvenes extranjeros que, al cumplir la mayoría de edad, abandonan los centros de acogida y se ‘emancipan’ como okupas. 

Duermen de día y viven de noche, en la que se amparan para flirtear con la delincuencia y hacer de ella su modus vivendi. Pero no son estos nuevos vecinos los únicos que preocupan a quienes llevan años viviendo en este olvidado rincón del corazón de Zaragoza. Para algunos, el verdadero problema son aquellos que han hecho de la okupación su particular negocio y se han aprovechado del éxodo que ha sufrido esta manzana para montar sus particular ‘inmobiliaria’.

"Rezas para que el piso de al lado del tuyo no se quede vacío, porque sabes que en cuanto pongan el cartel de se vende lo van a okupar. Ellos pasan el día en la calle y tienen fichadas todas la fincas", explica Rosa García, nombre ficticio tras el que se oculta la propietaria de un vivienda de una de las calles conflictivas, que, como muchos otros residentes, reconoce tener miedo. 

Cuando habla de "ellos", se refiere a personas que, cual agentes inmobiliarios, buscan acomodo a todo aquel interesado en instalarse en la zona como okupa.

"Han hecho de la okupación un negocio y actúan como verdaderas mafias. En cuanto saben que un piso se ha quedado disponible, mandan una avanzadilla para asegurarse. Acto seguido, envían a la gente que revienta la puerta y cambia la cerradura. Y una vez hecho el trabajo, ofrecen la vivienda a una familia necesitada a cambio de dinero. No sé cuánto les cobran, pero seguro que se llevan unos cuantos euros", explica esta vecina.

Al constatar que alguien se ha instalado ilegalmente en su edificio, la comunidad se pone en contacto con los legítimos propietarios de los pisos, que casi siempre son entidades bancarias.

"Pero a estos les importa poco o nada", comenta Rosa García. ¿Por qué? Porque los bancos tienen tantas propiedades que muchas veces no han cambiado la titularidad en el Registro, y esa circunstancia la aprovechan para redactar contratos falsos y pasan las llaves a los nuevos okupas", apunta.

Cuando la Policía se presenta en las viviendas con inquilinos instalados ilegalmente y pide explicaciones, los recién llegados enseñan estos contratos, sin importarles que en ellos no aparezca el nombre legal.

 En ocasiones son los vecinos que viven en los otros pisos –tanto propietarios como arrendatarios– y que sufren los problemas de convivencia con los residentes conflictivos quienes tratan de hacer ver a los agentes que les están engañando y que esos contratos ya no son válidos. Pero este esfuerzo les expone y a veces han sufrido amenazas y represalias.

Quienes invirtieron en su día sus ahorros en un piso del entorno de Pignatelli se sienten atrapados, porque no quieren seguir viviendo atemorizados, pero saben que ahora resulta casi imposible vender.

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