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Sector Pignatelli: un pedazo del corazón de Zaragoza okupado y degradado

Solo en 3 calles hay ocupados 6 edificios enteros, que además están catalogados. Otros 19 inmuebles tienen varios pisos habitados de forma ilegal o irregular. Los vecinos se han movilizado por el incremento de la delincuencia y los conflictos

El problema y la inseguridad en el entorno de la calle de Pignatelli de Zaragoza quedó patente hace unos días. Los okupas violentos que viven en la zona lanzaron una bicicleta contra la Policía Nacional que había acudido al lugar.
El problema y la inseguridad en el entorno de la calle de Pignatelli de Zaragoza quedó patente hace unos días. Los okupas violentos que viven en la zona lanzaron una bicicleta contra la Policía Nacional que había acudido al lugar.

Hace décadas que dejó de ser uno de los sectores boyantes de Zaragoza, a pesar de estar en pleno corazón de la ciudad y lindar con la flamante sede del Gobierno de Aragón, antiguo hospicio reformado e impulsado por el ilustre e ilustrado Ramón Pignatelli en 1777, artífice también del coso de la Misericordia.

Durante los años previos a la Exposición de 2008 varios de sus edificios fueron rehabilitados, pero la crisis económica y social volvieron a sumir al barrio en un entorno de pobreza, marginalidad, prostitución y delincuencia. Buena prueba de ello son los seis inmuebles, degradados y sin condiciones de habitabilidad, que están ocupados ilegalmente al completo. Paradójicamente, están catalogados como bien de interés ambiental o artístico.

Además, hay otras 19 fincas en el sector –entendiendo por tal las calles comprendidas entre Conde Aranda, Madre Rafols y César Augusto– que tienen varios de sus pisos okupados.

Muchas de las viviendas pertenecen a bancos o a particulares que se han desentendido de ellas y no quieren hacerse cargo de su conservación. Y otras son de Hacienda, un patrimonio que ha adquirido a raíz de embargos por impagos o responsabilidades penales en juicios, como el que tuvo el dueño de Fincas Atlanta, Eduardo Lacasta, condenado por delitos contra Hacienda, estafa, insolvencia punible y grupo criminal.

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Así ocurre con bloques como el del número 2 de José Zamoray, cuyos vecinos pagan directamente al juzgado su cuota mensual de alquiler de unos 250 euros. En este edificio vivía la niña de 4 años brutalmente agredida en abril por (presuntamente) el novio de su madre delante de esta; y residía un hombre de 49 cuyo cadáver en descomposición fue hallado el pasado jueves. Además del número 2 de Zamoray, a Lacasta se le enajenaron inmuebles en Pignatelli, Agustina de Aragón y Cerezo.

Pero también hay algún piso ocupado propiedad de la sociedad municipal Zaragoza Vivienda, concretamente uno en el 44 de la calle de Agustina de Aragón, como reconoce el Ayuntamiento, el cual tiene abierto un procedimiento judicial desde 2017 para desalojar a los inquilinos.

Paseando por Pignatelli o Zamoray se pueden encontrar locales o huecos de escalera adecuados como infraviviendas. Levantando la mirada se ven enganches al tendido eléctrico. Este jueves técnicos de Endesa, apoyados por la Policía, cortaron los empalmes del edificio ocupado (y catalogado) Pignatelli 67. Por la noche lo habían vuelto a pinchar.

La desidia, la burocracia y la utilización perversa del sistema permiten que situaciones absurdas e insalubres se prolonguen en el tiempo. Un ejemplo: el Ayuntamiento tiene catalogada la fachada del número 78 de Pignatelli y desde hace 15 años la estructura la sujeta un andamio que ocupa la mitad de la calzada. El solar que oculta el andamio es un improvisado vertedero de basuras y trastos. 

El Consistorio ha requerido a su propietario para que lo limpie y quite el andamio. Incluso se planteó ejecutar subsidiariamente la retirada, pero el dueño ha recurrido por vía contencioso-administrativa, tal y como explican fuentes de Urbanismo.

También han requerido a la propiedad de Agustina de Aragón 29 que, por seguridad, tome medidas antes de su demolición.

La situación de deterioro urbanístico ha derivado en problemas de convivencia vecinal, agudizados por la llegada de jóvenes con antecedentes por robos que se han instalado en el 26 de Agustina de Aragón, una ruina de casa que solo tiene restaurada la fachada (como bien catalogado) y el interior se cae a pedazos.

Las broncas alcanzaron su punto crítico el 30 de junio cuando un vecino del 76 de Pignatelli, inmueble catalogado con todas sus viviendas okupadas, atacó con un machete de 40 centímetros a dos policías nacionales que acudieron al lugar por una reyerta y tuvieron que dispararle a las piernas para evitar la agresión.

Desde ese día, los vecinos, algunos del colectivo Calles Dignas, decidieron que había llegado la hora de movilizarse y convocaron al barrio a una manifestación para el 6 de septiembre. Los residentes son conscientes de que allí siempre ha habido pisos ocupados por familias sin recursos que no tienen donde meterse. Su objetivo no son estas personas, sino las que han hecho de determinadas casas degradadas su guarida para ocultar y trapichear con los objetos que roban o traficar drogas.

Insisten en que el problema no es solo de delincuencia o seguridad ciudadana –la Policía Nacional y Local han incrementado visiblemente sus actuaciones esta semana–, sino también de urbanismo y asuntos sociales y de todas las instituciones. Al conocerse su malestar a través de HERALDO, el alcalde, Jorge Azcón, anunció su intención de tratar el asunto en una Junta Local de Seguridad, lo que se hará en la que ya estaba convocada el 4 de septiembre por la delegada del Gobierno en Aragón, Carmen Sánchez.

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