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Zaragoza

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Un palacio para la memoria de la ciudad

Una muestra reivindica el zaragozano palacio de Montemuzo, que se rescató hace un cuarto de siglo para albergar la documentación histórica municipal

El estado en el que se encontraba el palacio hace 25 años y en la actualidad.
El estado en el que se encontraba el palacio hace 25 años y en la actualidad.
Heraldo.es

Hay legajos que son una auténtica hermosura y el continente que los albergue también debería serlo. En Zaragoza, felizmente, se da esta circunstancia desde hace 25 años, que fue cuando la ciudad recuperó el palacio de Montemuzo para convertirlo en sede de la hemeroteca, la biblioteca y el archivo del Ayuntamiento. Hace unos días se estrenó una exposición virtual con motivo del Día Internacional de los Archivos, en la que se narra el proceso de rehabilitación del edificio.

El palacio es un edificio aragonés del siglo XVI, que allá por los años 80 amenazaba ruina. El inmueble tiene una fachada típica de la arquitectura aragonesa renacentista en la calle de Santiago, y otra de estilo modernista en Espoz y Mina. La rehabilitación se prolongó durante cinco años y la obra fue dirigida por Javier García de Parada y Ricardo Usón. Costó más de 2,7 millones de euros y, como comprobarán quienes completen este paseo por ‘el antes y el después’ del palacio, casi hubo que poner todo en pie de nuevo para poder reestrenarlo en 1994.

El palacio de Montemuzo fue adquirido por el Ayuntamiento en 1985, y se encontraba en lamentable estado de conservación. El patio interior, uno de los elementos artísticos más notables (con esbeltas columnas jónicas anilladas que soportan un piso alto con arquería de medio punto) estaba a punto de desplomarse. Inmediatamente se hicieron obras de consolidación y se decidió hacer un esfuerzo no solo por rescatar lo que quedaba, sino también por incorporar otros elementos ajenos que pudieran darle más esplendor. Uno de ellos fue el artesonado del siglo XVI que pertenecía a la casa-palacio de Gabriel Sánchez, y que se guardó durante décadas en una habitación tapiada de la Aljafería. Cuando se amplió la sede de las Cortes no se sabía qué hacer con él, así que se instaló –provisionalmente– en el techo de una de las salas de consulta. También incorporaron otros artesonados de una casa en la plaza de San Bruno.

Estos y otros detalles –también sobre los 12 kilómetros lineales de estanterías y todo el continente– podrán conocerse en una serie de charlas, seminarios y muestras que comenzaron hace un par de semanas y se extenderán durante los próximos meses. También se han organizado jornadas de puertas abiertas, en las que se disfruta de una selección de documentos y prensa histórica (hay títulos desde 1689), de un vídeo sobre la reforma del edificio y de visitas guiadas. Este programa se repetirá a finales del próximo mes de octubre y también el día de San Valero de 2020.

Del rico patrimonio artístico del palacio presumirá una exposición itinerante que iniciará su recorrido en la plaza de España, antes de recalar por los distintos barrios. Además, para acercar la historia a los más jóvenes se ha ideado una actividad didáctica ‘¿Dónde está Palafox?’ para que rastreen las huellas del pasado en los nombres y edificios de la ciudad.

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