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Ruido, peleas y robos, a la orden del día en la calle Dato

Lejos de mejorar, la situación que tienen que soportar los residentes de las calles Dato, Fita y Ricla debido al ocio nocturno empeora con la llegada del verano y las vacaciones.

calle dato
Las molestias que aguantan los vecinos de la calle Eduardo Dato aumentan con la llegada del verano
L. R.

La llegada del verano es para muchos sinónimo de vacaciones, más tiempo libre y un merecido descanso después de un duro año de trabajo. Sin embargo, no es así para los vecinos de la calle Eduardo Dato y alguna de sus adyacentes, ya que la época estival recrudece el principal problema que sufren desde hace años: el ruido provocado por el ocio nocturno.

Quienes viven en esta zona del centro de la ciudad ya han denunciado en reiteradas ocasiones las molestias con las que tienen que convivir gran parte de la semana. “Esto no mejora ni a tiros”, lamenta un vecino de la calle Dato que prefiere mantenerse en el anonimato. A los gritos que tienen que escuchar por las noches, las continuas trifulcas a las puertas de los bares y la suciedad que se encuentran cuando salen por las mañanas de sus casas, los vecinos tienen que sumar ahora el miedo a sufrir un robo. Y es que, al parecer, en las últimas semanas ya ha habido varios intentos. “La vecina de enfrente vio cómo abrían un coche para robarlo. Les echó el alto desde el balcón, lo dejaron y se metieron tranquilamente en una de las discotecas”, explica indignado este ciudadano, que asegura que hace poco también intentaron entrar en un piso de la zona.

Estos últimos intentos de robo han hecho que la sensación de inseguridad que sufren los residentes se incremente, ya que temen que el vandalismo y las gamberradas que se producen en la calle afecte también a sus vehículos y viviendas. Por este motivo, vuelven a reclamar una mayor presencia policial que vigile la zona de manera continuada. “Hay peleas constantemente y hacen lo que les da la gana, porque la presencia policial sigue sin ser suficiente. Si lo fuera, estas cosas no pasarían”, apunta el vecino. Y es que, si bien reconoce que las patrullas acuden “muy rápido” cuando requieren sus servicios, creen que la situación no mejorará hasta que la vigilancia “sea constante”.

La falta de descanso y las dificultades para conciliar el sueño comienzan a afectar a la calidad de vida de muchos de los vecinos de la zona, que tienen claro que durante el verano se verán obligados a marcharse de sus casas por un tiempo para poder descansar. “El mes de julio me da miedo porque trabajo y no podré marcharme, tendremos que dormir con las ventanas cerradas, pero en agosto sí que nos iremos. Si no, no se puede vivir”, apunta este ciudadano.

En la actualidad, solo dos locales de ocio nocturno mantienen su actividad en la calle Dato, aunque los vecinos llevan meses advirtiendo de que otra de las discotecas conflictivas podría abrir sus puertas próximamente. Se trata de Casa Manelelor, situada en el número 18, y que tuvo que echar la persiana debido a la cantidad de denuncias y sanciones que acumulaba. “Estamos a expensas de que salga el juicio para ver qué pasa”, apunta este vecino.

Según este residente, ya ha habido vecinos que han decidido mudarse y muchos otros que se lo están pensando. El problema, como en otras zonas de Zaragoza en las que el ruido del ocio nocturno se ha convertido en un verdadero quebradero de cabeza para quienes tienen que soportarlo, es la devaluación del precio de los inmuebles, que puede llegar a ser hasta del 50%. Quienes piensan en marcharse acaban por no hacerlo al ver que no pueden vender o alquilar su piso o que su valor ha descendido.

Desde la Asociación de Vecinos Puerta del Carmen reconocen que en verano, las quejas de los vecinos de estas zonas aumentan, y que las calles Dato, Ricla y Fita siempre han albergado locales de marcha.

“Hemos interpuesto algunas denuncias, y no solo a nivel de Comisión de Urbanismo en la Junta de Distrito”, señala Carlos Terrer, responsable de urbanismo del colectivo vecinal. Terrer asegura que la lucha contra el ruido y las infracciones que cometen algunos hosteleros es importante para la asociación, que se muestra vigilante ante la reapertura de nuevos locales. “Estamos hablando de una zona saturada en la que no se pueden abrir más bares. Por eso, cada vez que reabre un local que llevaba un tiempo cerrado, la asociación solicita ver la caducidad de la licencia para saber si esta se ajusta a la legalidad o no”, concluye.

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