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Vistabella, de hacer carbón a usar carboncillo

La apuesta cultural del antiguo municipio carbonero mantiene el pulso elevado de un núcleo de población que no quiere dejarse llevar por la desidia y sabe valorar su excepcional entorno natural.

Un refrán muy popular en el Campo de Cariñena habla de Vistabella y su vecina Aladrén, ‘que están juntas pero no se ven’. El monte tiene la culpa; está atravesado por una carretera revirada y en estado mejorable, pero algo superior al de la otra que llega al pueblo, y que conecta a Vistabella con Cerveruela. "Lo de la carretera ponlo, anda –comenta Juanjo Gasca, teniente de alcalde– que ya la habréis sufrido al venir, y a otra no está mucho mejor". El premio por transitar estas vías es hallar un pueblo de belleza enmarcada en monte y carrasca, que surca el Huerva y todavía cuenta con huertos que brindan entretenimiento a los vecinos. Otro cantar es el de la conectividad; mala por móvil, pésima en lo referente a internet. Una constante en tantos y tantos municipios de Aragón.

En Vistabella había carbón; casi todos los pobladores veteranos hicieron carbón de mozos, producto que se bajaba luego a Zaragoza. Juanjo recuerda que hace unos años se hizo un poco como demostración para las nuevas generaciones. "Mi padre –recuerda– lo trabajaba muy bien, cuando acababa aquí se iba a Aguarón o Luesma a hacer más". El carboneo se desarrollaba en la llamada Sociedad del Tío Alejos, y durante mucho tiempo fue la principal ocupación de los vistabelleros.

Juanjo Gasca es locuaz y muy expresivo; su primo hermano Joaquín Berné, pausado y sereno. Ambos nacieron en Vistabella: Joaquín fue impresor y profesor de artes gráficas en Zaragoza; Joaquín ha trabajado en el sector de la electricidad toda la vida, y ha tenido hasta hace unos meses empresa propia. Ahora trabaja orgulloso para su alcaldesa, María Ángeles Serrano, que declara estar "orgullosísima de su pueblo y de su gente". Los dos primos recuerdan que en sus tiempos mozos, los jubilados se sentaban en el Rincón de las Eras a hablar de sus cosas; ahora ellos han trasladado esa tertulia al bar, que funciona como teleclub.

El río Huerva es el motor de Vistabella, y en el pueblo quieren intentar que se adecenten las orillas, invadidas de broza; hay muchos huertos a la vera de la corriente. "Antes –cuenta Joaquín Peralta, otro vecino que se ha unido a la charla– había ocho kilómetros llenos de huertos, hasta Cerveruela por un lado y Herrera por el otro, pero eran parcelas muy pequeñas que no rendían suficiente". "En el agua tenemos un pato de guardia –bromea Juanjo– que se acerca siempre a buscar comida. Ah, y tenemos un puente rumano muy majo; rumano, sí, porque es la nacionalidad del que lo ha hecho, que trabaja muy bien, por cierto".

En sus tiempos de esplendor, Vistabella tenía dos carpinterías, herrería, y un negocio cestero que llevaba Joaquín Peralta con su padre, famoso en todo el Campo de Cariñena cuando llegaba la vendimia.

Un poco de historia

En Vistabella se conserva documentación alusiva al pueblo fechada en el siglo XV; a principios del XX llegó a 600 habitantes, pero se despobló desde finales de los 60 con el éxodo masivo hacia Zaragoza. Ahora los hijos del pueblo se acercan a darle un poco de calor humano en vacaciones, con especial hincapié en las fiestas de los patronos Santa Quiteria (22 de mayo) y San Miguel (29 de septiembre). San Roque también se celebra, aunque no es patrono. La iglesia de San Miguel trazas mudéjares en las torres, pero su planta fue planta rehecha en el XIX.

Apasionado de la tinta

Joaquín Berné trabajó muchos años en una pequeña imprenta y estudió artes gráficas en Zaragoza, en un centro de educación de adultos situado en pleno barrio del Gancho. "Luego aprobé la oposición de profesor de secundaria en Madrid y estudié Filosofía y Letras e Historia. Empezaba la actual formación profesional, y arrancamos en el IES Pilar Lorengar del barrio de La Jota; de hecho, teníamos convenio de prácticas con HERALDO. Muchos de los profesores que se quedaron en el Instituto los he formado yo; ahí me jubilé, y ahora trato de disfrutar todo lo posible de mi pueblo".

Al Ayuntamiento se le llama Casa del Lugar; muy cerca está el curiosísimo frontón local, con portón lateral inferior y una reja a considerable altura en medio de la pared central en la que se suelen colocar grandes fotos; estos días alguien había puesto una del Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

El Güeira, tres lustros de actividad cultural en pro de la salvaguarda de la ilusión creativa

En 2003 se fundó en Vistabella la Asociación Cultural y Recreativa El Güeira, llamada así por un pozo del río existente en el término. Desde su creación decidió no limitarse a canalizar actividades que ‘llovían’ y se dedicó a fabricarlas, de cero o de uno, siempre con la colaboración de los vecinos. La revista La Martucha viene siendo anualmente su vehículo de expresión. En El Güeira se hace un poco de todo, desde actividades de artesanía a catas de vinos, jornadas divulgativas y el Concurso La Huerva, que engloba relatos, pintura, fotografía, dibujo y artesanía. Hace unos meses se organizó en Vistabella la presentación formal del Proyecto Spagyria, con la catedrática de Unizar Ana María Mainar al frente. Ana María es hija del pueblo, donde ya se han organizado seis ediciones de las Jornadas del Conocimiento del Medio Natural. Allí se versó sobre alternativas energéticas, como el nuevo aprovechamiento de la madera. El fin último del proyecto es crear una línea de extractos de plantas para la producción de cosméticos ecológicos. La Asociación también edita cuadernillos y libros. Uno de los más valorados es el de Félix Agustín Sánchez, titulado ‘Un día de primavera en Vistabella’. Además, desde El Güeira también se maneja la biblioteca del pueblo, que se nutre principalmente de donaciones de vecinos y allegados, y que coordina Teresa Giner, presidenta de la Asociación El Güeira y esposa de Juanjo Gasca. En el pequeño pero bien aprovechado local de El Güeira se apilan libros, revistas, carteles de actividades y, sobre todo, una notoria voluntad de seguir haciendo cosas por el pueblo.

En datos

Comarca: Campo de Cariñena

Población: 49

Distancia a Zaragoza: 64 km

Los imprescindibles

Casimiro Manuel Mainar

Fue alcalde del pueblo en la II República, durante dos años y centró sus esfuerzos en abrir nuevos caminos vecinales, amén de paliar los daños de las inundaciones. Murió en el campo de concentración nazi de Mauthausen.

El club social

Bar con tapas muy ricas, Joaquín Serrano, alcalde 32 años ahora se encarga con su familia. La de boquerón con oliva tiene muchos seguidores, y tambén la de pimiento, anchoa, oliva negr,a flor de cebolla roja y escabeche.

Juan Cabeza

Dramaturgo originario del pueblo, criado en Cariñena y autor de numerosas obras en su juventud. José Ángel Sánchez Ibáñez le dedicó uno de los ‘Cuadernos de Aragón’, impulsados por la Institución Fernando el Católico.

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