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Zaragoza

Dos siglos, cuatro torres

El Pilar no tuvo siempre 4 torres. Sus obras duraron más de dos siglos.

Vista de las 4 torres de la Basílica del Pilar de Zaragoza
Vista de las 4 torres de la Basílica del Pilar de Zaragoza
Víctor Lax

El Pilar barroco se proyectó sin torres altas. Sus esquinas debían ser rematadas por unos pequeños torreones que no superarían la altura de la cúpula central. Pero el proyecto se modificó una vez comenzado para añadir más cúpulas y las cuatro altas torres que hoy conocemos.

Las obras se prolongaron durante más de dos siglos: desde el siglo XVIII hasta la inauguración de la última torre en 1961. Sólo entonces el Pilar alcanzó su actual perfil, imagen y símbolo de Zaragoza en el mundo.

La primera: la torre de Santiago

Primero se levantó la torre del lado suroeste (la de la puerta alta de la plaza), bajo la dirección del maestro aragonés Gaspar Serrano, que había participado anteriormente en la construcción de la torre de la Seo. La obra se interrumpió cuando, al colocar la cornisa de piedra del último nivel de la torre, ésta se rajó por sus cuatro caras. Mucho tiempo después, en 1872, el arquitecto Ricardo Magdalena estudió el problema y culminó la torre con el gran chapitel de cuarenta toneladas que hoy la adorna. El templo fue entonces consagrado solemnemente.

El Pilar con un torre
El Pilar con un torre
Archivo Heraldo

La segunda: la torre de Nuestra Señora del Pilar

El proyecto de la segunda torre del lado de la plaza fue planeado por Ricardo Magdalena y Fernando de Yarza en 1891 pero las obras se realizarían más de un decenio después, entre 1903 y 1906. La declaración del Pilar como monumento nacional en junio de 1904, aun estando inacabado, impulsó la construcción, aunque el ingeniero Eugenio de Gorosábel en junio de 1903 y en septiembre de 1904 su colega Carlos Mendizábal y Brunet ya avisaban del peligro de ruina del edificio. La segunda torre seguía el diseño de la anterior, pero simplificando su decoración. Sólo esta torre y la anterior son campanarios. Fue en esta segunda donde se colocó la campana que había estado en la Torre Nueva, alertando a la población de los ataques franceses durante los dos asedios napoleónicos de la ciudad en 1808 y 1809. Tiene 2,27 metros de diámetro de boca y un peso de ocho toneladas.

El Pilar con la segunda torre en plena construcción
El Pilar con la segunda torre en plena construcción
Archivo Heraldo


Las dos últimas: San Francisco de Borja y Santa Leonor

En la memoria de muchos aragoneses pervive aún el recuerdo de la construcción de las dos últimas torres del Pilar, las del lado de la ribera, y de las figuras de sus patrocinadores, Francisco de Urzaiz y Leonor Sala, sobre todo de esta última ya que su esposo falleció poco después de impulsar la construcción.

HERALDO DE ARAGÓN -a cuyo archivo fotográfico pertenecen estas imágenes- también fue testigo del proceso y dio cuenta detallada del mismo a sus lectores desde su inicio, en diciembre de 1949, hasta su finalización, en noviembre de 1961, periodo a lo largo del cual las obras estuvieron a cargo de los arquitectos Miguel Ángel Navarro, padre e hijo.

El Pilar con la tercera torre en plena construcción
El Pilar con la tercera torre en plena construcción
Archivo Heraldo


El conjunto

Las cuatro torres guardan similitud en su diseño y tienen la misma altura. Aunque siempre ha primado el respeto a su aspecto original, en ocasiones se han realizado intervenciones de "alto impacto", afortunadamente corregidas.

Así, en 1954, con motivo de la celebración en Zaragoza del Congreso Mariano Internacional, torres y cúpulas se adornaron con la jaculatoria "Bendita y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza", en rótulos de neón. Esta intervención tuvo un impacto visual tremendo y perjudicó tanto la estructura del tejado que los rótulos tuvieron que ser retirados y el tejado, restaurado.

Los esposos benefactores

Tras exhibir durante casi dos siglos una única torre –la ubicada al suroeste del templo–, en 1903 comenzaron a instalarse nuevos andamios y en 1909 el Pilar contempló la inauguración de la situada al otro extremo de la plaza. Pero todavía tendría que transcurrir más de medio siglo hasta que en 1961 el conjunto quedase completado, gracias al mecenazgo del matrimonio Urzaiz Sala, con la culminación de las obras de las dos torres situadas en el lado del Ebro.

Si la segunda torre, inaugurada en 1909, había costado seiscientas mil pesetas, en 1939 el arquitecto Teodoro Ríos Balaguer estimaba en tres millones el coste de las dos que se situarían en el lado del Ebro y consideraba necesarios dos años para su construcción. Llevar a la práctica semejante proyecto constituía un auténtico desafío tanto para las instituciones públicas como para entidades privadas, pero fue asumido sin embargo por un particular, Francisco Urzaiz, que, a comienzos de 1947, realizó ese ofrecimiento al arzobispo de Zaragoza, Rigoberto Doménech. El entonces ministro de Educación Nacional, el turolense José Ibáñez Martín, remitió a Urzaiz la siguiente carta de agradecimiento: "En primer lugar quiero manifestar mi profundo reconocimiento en nombre del Ministerio de Educación Nacional por su iniciativa de terminar las torres del primer templo Mariano de España. Con ello prestan un servicio que nunca podrá agradecerse bastante a la ilusión de todo aragonés de ver terminado el templo del Pilar, al sentir religioso de España, ayudar a esa Santísima basílica, a España y al Arte".

Francisco Urzaiz designó como responsable de la empresa al arquitecto Miguel Ángel Navarro, cuyo proyecto fue informado favorablemente por la Dirección General de Bellas Artes en marzo de 1949. Para entonces Urzaiz ya había fallecido, pero su viuda Leonor Sala recogió el testigo y continuó apoyando la ambiciosa empresa. El 11 de diciembre de 1949 se pusieron las primeras piedras de las dos torres. A Navarro le sucedió su hijo del mismo nombre y periódicamente la prensa zaragozana publicaba fotografías que daban cuenta del avance de las obras, como se puede observar en las páginas anteriores. La torre situada río arriba, correspondiente a la esquina noroeste del templo, fue terminada el 10 de octubre de 1959 y el 25 de noviembre de 1961, una vez finalizada la segunda, ambas fueron inauguradas con toda solemnidad y dedicadas respectivamente a San Francisco de Borja y a Santa Leonor, en homenaje a los esposos benefactores.

Sólo un año más tarde falleció Leonor Sala y sus restos fueron sepultados junto con los de su esposo en un sencillo oratorio ubicado al pie de la última torre construida. Posteriormente fueron trasladados ambos a la cripta del Pilar.

Doña Leonor Sala, viuda de Urzaiz el día de la inauguración de la última torre del Pilar.
Doña Leonor Sala, viuda de Urzaiz (en el centro, con mantilla) el día de la inauguración de la última torre del Pilar.
Archivo Heraldo

En 2007 concluyeron las obras de restauración de la más antigua de las torres, la torre de Santiago, con un coste de dos millones y medio de euros que garantizaron la salud estructural de la construcción.

La restauración de dos capillas y dos torres de la basílica del Pilar fue una magnífica noticia en 2011, a la que se añadía la inauguración del Museo Diocesano. Unos trabajos sufragados con la valiosa colaboración de empresas y entidades bancarias que dieron a la basílica el cuidado y atenciones que requiere.

Es curioso constatar cómo, desde casi noventa años antes de que finalizasen las obras de las dos últimas torres, los fieles zaragozanos ya podían contemplar una vez al año lo que llegaría a ser la imagen del Pilar con sus cuatro torres. En efecto, el resultado lo anticipó la carroza con el farol del templo del Pilar que continúa exhibiéndose cada 13 de octubre en la procesión del Rosario de Cristal. La hizo en 1872 Policarpo Valero con miles de piezas de cristal que reproducen tanto el interior de la basílica como su aspecto exterior con las cuatro torres. Una imagen ideal que, con el tiempo y mucho esfuerzo, llegó a convertirse en realidad. 

Consulta las últimas noticias sobre la basílica del Pilar.

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