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Manuel Murciano, alcalde de Moscardón desde hace 44 años : “Lo único que falta en los pueblos es impulso financiero”

Es el alcalde turolense con más tiempo en el cargo: 11 legislaturas. Está orgulloso de ello y no descarta volver a presentarse

Manuel Murciano, alcalde de Moscardón, en el balcón de la Casa Consistorial.
Manuel Murciano, alcalde de Moscardón, en el balcón de la Casa Consistorial.
Jorge Escudero

Ocupa el sillón de alcalde de Moscardón –un municipio de la Sierra de Albarracín con 60 vecinos– desde que comenzó la Democracia, en 1979. ¿A qué achaca tal fidelidad de sus votantes?

La verdad es que algunas veces me lo pregunto, porque aquí hay personas de muchos sitios, ya no es el pueblo de antes, y ver una misma cara en el Ayuntamiento tantos años...

¿Se encuentra a gusto después del desgaste que deben suponer 11 legislaturas y casi 44 años gobernando el pueblo?

Sí. Es mucho tiempo, la verdad, porque 44 años son toda mi vida, pero sigo volcado en la alcaldía. Tenía 38 años cuando entré y ahora tengo 81. Y he de decir que en cada convocatoria de elecciones he ganado por goleada, es decir, con una mayoría muy holgada.

Murciano, en su despacho municipal.
Murciano, en su despacho municipal.
Jorge Escudero

¿Hay mucha competencia de partidos políticos en la localidad?

En todos los comicios concurren distintas candidaturas. Hay quien no me vota, está en su derecho, pero todos los demás candidatos que se han presentado han sacado menos papeletas que yo.

A lo largo de tanto tiempo habrá podido culminar proyectos. ¿Cómo ha cambiado Moscardón desde que llegó al Ayuntamiento?

Al estar en la alcaldía una misma persona, hemos seguido siempre un rumbo. No había luz ni agua corriente. Yo mismo tuve muchos problemas con la explotación cunícola que monté al volver de Francia en 1970, a donde me había ido en busca de trabajo. Lo primero fue pavimentar las calles y traer el agua. Hemos reparado ermitas y un molino y construido una nave para que jueguen los niños. Al principio de la etapa democrática, los alcaldes no sabíamos ni lo que era ser alcalde, eso se había perdido en los pueblos.

¿Le queda algo por hacer desde el Ayuntamiento?

Un pueblo es como una casa, nunca se acaba. Ahora damos prioridad a construir viviendas. En 20 años no hemos bajado de población y crecemos ligeramente. Tenemos 12 niños de entre 10 y 16 años, no somos un pueblo envejecido. Funcionan dos hoteles, un restaurante y un bar y en verano sumamos 400 personas. Hay 100 viviendas, pero ni una casa para alquilar, así, ¿quién va a venir?

Con menos de un centenar de vecinos, la recaudación por tasas e impuestos no llenará las arcas municipales. ¿De dónde sacan los recursos económicos los pueblos pequeños?

En Moscardón, el 90% de las inversiones vienen de subvenciones. Me rompo la cabeza por conseguirlas. Conozco todos los entresijos y no se me escapan. Las pedimos todas, hasta las ayudas europeas. La experiencia vale mucho en política.

¿Se presentará a las próximas elecciones, en mayo de 2023?

Está muy lejos todo y me siento mayor, pero no digo ni una cosa ni la otra. Cualquier vecino puede ser alcalde, pero si uno quiere ser un buen alcalde, la cosa es diferente. Un Ayuntamiento pequeño no tiene el dinero en la caja, hay que buscarlo, y eso genera muchas preocupaciones. Es muy difícil.

¿Es la falta de recursos el principal escollo para regir un pueblo de 60 vecinos?

Claro. Quedamos gente que queremos trabajar, tenemos el orgullo de vivir aquí y queremos que sigan nuestros hijos y nietos, pero no nos llega dinero y sin él cuesta mucho crear empleo. Lo único que falta es el empuje financiero. Le doy vueltas a la cabeza y pienso que hemos criado niños para que se vayan a otro sitio.

¿Cómo atraería gente al pueblo?

Yo nunca he llamado a nadie. He hecho obras, han salido a concurso, la gente se ha enterado de que había trabajo y ha venido. No soy de esos alcaldes que quieren solucionar el problema de la escuela llamando a familias con niños a cambio del puesto de alguacil. Eso no funciona porque la gente ni siquiera llega a acostumbrarse a la vida en el pueblo, que no es un camino de rosas; hay que ganarse la vida. Prefiero cuidar a los que están para que no se vayan.

Se estrenó como alcalde por la UCD, luego se pasó al PP y luego al PAR. ¿Qué le llevó a cambiar de partidos?

Dejé la UCD cuando se desbarató el partido. Me fui al PP y allí estuve 20 años, cinco legislaturas, las dos últimas coincidiendo con mi presidencia en la histórica Comunidad de Albarracín, que agrupa 23 pueblos. Hubo promesas muy grandes para la Comunidad, pero no se llevaron a cabo y el dinero se quedó en Albarracín, no subía a la sierra, así que me marché al PAR, donde llevo otras cinco legislaturas.

¿Y ahora, llegan las inversiones a la sierra?

Los recursos llegan a Albarracín, pero a otros sitios no. Ocurre lo mismo con el turismo. Albarracín tiene miles de visitantes y a estos pueblos no vienen. Quizá no hemos sabido hacer las cosas bien, porque en Albarracín han logrado recuperar el enorme patrimonio que tenían abandonado. En la sierra no hemos crecido lo necesario y un pueblo con 60 vecinos no se puede sostener.

¿Qué momentos le han marcado en su larga trayectoria municipal?

No he tenido nunca un problema y, en cambio, sí muchas alegrías. Cada vez que hemos inaugurado algo lo he considerado un triunfo.

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