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La casa de Los Moyas, el proyecto de juventud de un matrimonio valenciano que hoy promueve el ecoturismo en Olba

Teresa Laguna es periodista de profesión pero desde hace siete años se dedica en cuerpo y alma a su negocio rural. El alojamiento ha recibido el premio Rusticae a la sostenibilidad 2021.

Teresa Lagunas regenta La casa de Los Moyas, en Olba (Gúdar-Javalambre).
Teresa Lagunas regenta La casa de Los Moyas, en Olba (Gúdar-Javalambre).
Heraldo

Teresa Laguna y su marido Toño aterrizaron por casualidad en Olba (comarca de Gúdar-Javalambre) hace 33 años. Buscaban un sitio donde parar a tomar un café y cogieron una carretera “infernal” que les llevó hasta el fondo del valle, bajando la garganta del río Mijares. “Nos enamoramos de aquel lugar y compramos un bloque formado por tres casas en la aldea deshabitada de Los Moyas, justo en frente del pueblo, cruzando el puente de Carlos IV sobre el río”. Así es como comenzó la aventura de este matrimonio valenciano. Fue, tal y como ella lo describe, "su proyecto loco de juventud".

Por aquel entonces, Teresa, periodista de profesión, rondaba los 30 años y, junto a su marido, se embarcaron en un sueño que les llevó a pasar prácticamente todos los fines de semana y vacaciones de su juventud en el pueblo, restaurando las casas. “Al principio, nos lo propusimos como una forma de recuperar la memoria de aquella pequeña aldea. Además, vivíamos en Valencia y lo planteamos como una casa de veraneo”, recuerda. Conforme pasaba el tiempo, se iban implicando más y más en un proyecto que actualmente es una casa rural donde se promueve el ecoturismo y se ofrecen experiencias como baños de bosque, trufiturismo, astroturismo, mindfulness o yoga.

Desde hace siete años, además de aquel proyecto loco de juventud, La casa de Los Moyas es también un negocio. “Mi marido había fallecido y mis hijas estudiaban fuera. Pensé que aquel sueño que nos había dado tanta felicidad no se podía quedar vacío. Todo el trabajo que habíamos hecho debía seguir teniendo sentido y quería que ese lugar especial lo pudieran usar otras personas”, resume Teresa. Ahora, a sus 62 años, se dedica a pleno rendimiento a cuidar a sus visitantes. “Acojo a personas que buscan algo especial. Son viajeros responsables y comprometidos con el entorno, ecoturistas”.

En este sentido, quienes se alojan en La casa de Los Moyas llegan allí motivados por el lugar y por el concepto de turismo que promueve. “Muchos son clientes recurrentes y también viene mucha gente con referencias”, asegura Teresa. La mayoría son de la Comunidad Valenciana y también de Cataluña y Madrid. “De Zaragoza viene muy poca gente, no conocen la zona y los que vienen se van encantados, queriéndose comprar una casa aquí. Es una lástima porque el sur de Aragón merece mucho la pena, es una naturaleza muy primigenia. De esto ya no queda”, defiende.

Premio Rusticae al proyecto sostenible 2021

Aunque a Teresa no le hacen falta premios para sentirse satisfecha de haber conseguido sacar adelante su proyecto, los reconocimientos siempre suman y son un soplo de aire para continuar. Esta dosis de energía ha llegado a La casa de Los Moyas en forma del premio al Proyecto Sostenible 2021 de Rusticae, el club de calidad de alojamientos rurales. Junto con sus hijas, Alba y Clara, lo recogieron en Madrid en enero de este año.

"Queremos que quienes nos visitan no sean meros espectadores, sino que también se impliquen"

La distinción valora la filosofía con la que Teresa plantea su negocio, basado en el respeto al medio ambiente, la sostenibilidad y el consumo de productos de cercanía. Una de sus iniciativas es ‘Plantando biodiversidad’, un proyecto que invita al visitante a paliar en la medida de lo posible la huella de carbono que emite con su viaje en coche hasta allí plantando un árbol con sus propias manos. “Queremos que quienes nos visitan no sean meros espectadores, sino que también se impliquen. Cada fin de semana hacemos replantaciones con las familias y la respuesta está siendo muy positiva. La gente cuida su árbol y nos pregunta por él, lo que también hace que el turista cree vínculos con el valle”.

El complejo de Los Moyas está formado por tres sencillas casas del siglo XVII, de arquitectura típica del medio rural aragonés. El más grande de los alojamientos tiene capacidad para grupos de 10 a 13 personas. Luego hay una casa más pequeña, para cuatro, y un ático, para dos o tres. De esta forma, en La casa de Los Moyas tienen cabida tanto grupos grandes, como familias más reducidas o parejas. Más que casas, son, como dice Teresa, “hogares listos para recoger a quienes buscan una verdadera conexión con la naturaleza sin renunciar al confort y al verdadero lujo, que es el espacio y el tiempo”.

Unas ventajas que, si cabe, todavía se han revalorizado más con la pandemia. “En general, todo el turismo rural se ha visto beneficiado por la covid porque todos hemos sido muy conscientes de lo necesario que es el campo y la naturaleza para nosotros. Hemos tenido la necesidad de sentirnos libres, de estar en contacto con el medio natural. Proyectos como el nuestro aportan esa seguridad y esa tranquilidad para desconectar de la realidad, que es muy apabullante. Ver los informativos nos sitúa en un mundo tremendo del que de alguna forma hay que desconectar para poder seguir adelante”, reflexiona Teresa.

Aunque durante los meses más complicados de la crisis sanitaria la casa estuvo cerrada, desde julio del año pasado no ha parado de recibir visitantes. “Cerramos 15 días después de navidades porque llevábamos mucho trabajo acumulado y teníamos que descansar”. Habla en plural porque sus hijas también están involucradas en el proyecto. Clara está allí mismo, codo con codo, y Alba las ayuda desde la distancia con temas de comunicación y marketing. Además, cuentan con ayuda externa para la limpieza y lavandería, y ofrecen desayunos con productos de la zona. “La repostería la hacemos nosotras y los quesos, el jamón y otros embutidos así como todo lo que servimos es de cercanía”.

Cercanía en los productos y cercanía en el trato es lo que quienes escojan La casa de Los Moyas para su próxima experiencia van a encontrar. Un sitio como Olba, a orillas del Mijares, ya ofrece garantías de éxito en la elección. A esto se suma la hospitalidad de Teresa, quien hace siete años se enfrentó a uno de los mayores retos de su vida. “He tenido que poner en marcha un proyecto empresarial yo sola desde cero, sin saber nada. Ahora estoy muy satisfecha y encantada con el cambio de vida. Ha sido una aventura apasionante y conseguirlo, muy gratificante”.

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