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El confinamiento de Teruel, otra vuelta de tuerca al epicentro de la España vaciada

Las ventas del comercio caen un 23% en la ciudad con mayor impacto de la covid.

La céntrica plaza del Torico, desangelada.
La céntrica plaza del Torico, desangelada.
Jorge Escudero

El confinamiento impuesto a Teruel como consecuencia de la alta incidencia de la covid-19 tiene consecuencias más extremas en una ciudad que constituye el epicentro de la España vaciada y que con su propia población es incapaz de mantener un mínimo pulso comercial y hostelero. Con 36.240 habitantes, es la capital menos poblada del país y su oferta de tiendas, restaurantes y bares está dimensionada en función del público que llega del entorno y por el turismo, dos clientelas que han desaparecido con el cierre perimetral del municipio desde el pasado 16 de enero.

Los hosteleros y los comerciantes son los peor parados con el confinamiento por el desplome de las ventas. El recién elegido presidente de Teruel Empresarios Turísticos, el hotelero Roche Murciano, explica que la ocupación hotelera ha caído entre semana al 10% de media, mientras que los fines de semana todavía se hunde más, hasta unos porcentajes que oscilan entre el 3% y el 5%. Murciano, propietario del hotel El Mudayyan, en el Centro Histórico de la ciudad, explica que la situación está "al revés" de la que se daba en la normalidad, con ocupaciones modestas en los días laborables y llenos los fines de semana.

Ahora los peores resultados se dan en viernes, sábados y domingos debido a la ausencia total de turismo, mientras que, entre semana, subsiste una mínima demanda derivada de la llegada de trabajadores temporales o de comerciales. Señala que también la escasa actividad industrial de Teruel lastra la demanda porque las empresas reciben pocos empleados del exterior que tengan que alojarse en hoteles. Advierte de que el bum de los alojamientos hoteleros de las últimas tres décadas en Teruel, al pasar de media docena a los 25 actuales, está totalmente volcado en el turismo.

Parecido o incluso mayor impacto soportan los bares y restaurantes, que solo pueden sobrevivir si tienen terrazas –se pueden ocupar al 50% de su aforo y con mesas de cuatro personas como máximo–. La actividad está prohibida en los interiores. Media docena de bares y restaurantes han bajado la persiana definitivamente. La clientela local se concentra en las terrazas más soleadas por el duro clima turolense en invierno, pero el 44% de los bares carece de espacio para veladores.

El comercio acumula en 2021 una caída de la demanda del 23% respecto del mismo periodo de 2020, antes de estallar la pandemia. El gerente del Centro Comercial Abierto (CCA), Rodolfo Pangua, explica que el sector se apoyaba "en tres patas" –la demanda local, la del entorno de la ciudad y la del turismo–, pero con el confinamiento se ha quedado sin dos de sus tres pilares, la clientela de la comarca y la turística. "Es muy difícil subsistir cuando dos de los tres apoyos del comercio han desaparecido. La situación es crítica", advierte Pangua.

El gerente del CCA reconoce que seis tiendas han dado ya el cerrojazo en el Centro Histórico de la ciudad, pero aclara que, en general, "la gente aguanta" porque mantiene la esperanza de que lleguen las demandadas "ayudas directas" de la Administración y, sobre todo, de que la situación de pandemia mejore y las ventas remonten. "Los comerciantes planifican el futuro y tienen esperanza, aunque me temo se basa más en deseos que en realidades", admite. Para paliar, aunque sea mínimamente, el bajón de las ventas, el CCA ha puesto en marcha una oferta que consiste en llevar sus productos gratis a cualquier pueblo de la provincia por compras realizadas por cualquier conducto, como el teléfono, el whatsapp o a través de la recién creada web 44calles.com. Además, si la compra se realiza a través del portal de internet –habilitado dentro del plan de medidas del Ayuntamiento para paliar los efectos de la crisis generada por la covid-19–, la gratuidad incluye también las devoluciones. Rodolfo Pangua señala que estas ofertas están pensadas para mantener, al menos, al cliente habitual del comercio turolense.

El cierre de la ciudad impide, además de la llegada de turistas y visitantes, la salida de los propios turolenses a los pueblos de los que son originarios muchos de ellos. El presidente de la Federación de Asociaciones Vecinales, Pepe Polo, reconoce que la actual situación "deprime" la vida urbana en general. Pero otras medidas, como la prohibición de los encuentros de más de cuatro personas, impiden la estrecha convivencia vecinal en "una ciudad pequeña en la que todos se conocen". Polo recuerda que en Teruel no existe el formato de los "barrios dormitorio" y las relaciones sociales son más comunitarias que en las grandes ciudades, una cercanía evaporada con la prohibición de las reuniones.

La interrupción del contacto de algunos mayores con sus familias por residir fuera de la ciudad genera situaciones de soledad que la Federación vecinal y el Ayuntamiento atienden a través del programa Acompañando Teruel, que desde el pasado mes de septiembre ha ayudado a 39 personas, en su gran mayoría ancianos que viven solos. La coordinadora del servicio, Samantha Gómez, explica que en muchos casos las personas mayores, que son atendidas por voluntarios que ofrecen acompañamiento, "no están solas, tienen familiares, pero viven fuera de la ciudad y no se pueden reunir con ellos".

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