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Teruel

agricultura

El arte de embolsar 7.000 melocotones en un día

Durante los dos últimos meses de crecimiento del melocotón D.O. de Calanda, el fruto es embolsado en el propio árbol. ¿El objetivo? Protegerlo de plagas o productos fitosanitarios.

melocotón de Calanda
Nico Ilie lleva siete años trabajando en el melocotón de Calanda.
C.I.

Durante estos días los campos de melocotón del Bajo Aragón comienzan a teñirse, un año más, de blanco. Los agricultores comenzaron hace apenas unas semanas a colocar las tradicionales bolsas de papel que protegen el fruto hasta el momento de la recolecta final que tendrá lugar en septiembre. Pero ¿de dónde viene esta tradición? ¿Cuántas bolsas pueden llegar a colocarse en un día? y, ¿en qué consiste esta técnica?

A pesar de que la tradición del cultivo del melocotón en la zona aragonesa es centenaria, el incremento en su producción no se desarrolla hasta mediados del siglo XX cuando, precisamente, se introdujo una de las técnicas singulares en el cultivo: el embolsado. Dicha técnica, con la que se busca proteger el fruto del efecto de las plagas –como la mosca de la fruta- o de productos fitosanitarios, se realiza de forma completamente manual entre los meses de junio y agosto.

Afanados y aprovechando la tregua que les ofrece el tiempo durante estos días de verano debido al descenso de las temperaturas, Aristide Lache (48) y sus 15 compañeros trabajan sin descanso en esta labor de embolsado. Por delante les quedan 24 hectáreas y más de 9.000 árboles. A penas son las 9.30 de la mañana y Lache, que lleva 14 años trabajando en el mismo campo, ya lleva 13 gomas colgadas en su muñeca. Cada una de ellas se corresponde con un fajo de 100 bolsas de papel, es decir, ha colocado 1.300 bolsas en apenas 2 horas. “Según el día puedo llegar a colocar entre 5.000 y 6.000 bolsas, aunque tenemos compañeras que superan las 7.000. Las mujeres suelen ser más habilidosas”, asegura.

Sin embargo, afirma que este trabajo depende de varios factores externos: “Depende del tiempo, del día que haga, de lo que hayas descansado y como te encuentres y de la calidad del árbol y el estado de la fruta”. A unas cuentas filas de distancia se encuentra Nico Ilie (38), quien, junto a su mujer, Georgeta, lleva siete años trabajando con el melocotón de Calanda. “Me gusta, es un trabajo sencillo y se cobra bien”, opina.

En su opinión, las claves para colocar un buen número de bolsas en una jornada –que suele ir de 7.00 a 13.00- es la concentración y la constancia. “Intentamos mantener la velocidad durante toda la jornada y no bajar el ritmo”, afirma mientras embolsa un melocotón en apenas unos segundos. Los embolsadores se colocan un cinturón en la cintura del cual cuelgan las bolsas. Con una mano la colocan con la otra grapan, y así sucesivamente.

En el caso de Iona Parvu (25), se trata de su primer verano en el campo, sin embargo; tras tres meses ya ha llegado a colocar en torno a 3.500 bolsas. “La verdad es que el trabajo me gusta mucho, es entretenido. Simplemente tienes que estar atento y entregarte”, explica la joven. En su segunda campaña, Parvu posiblemente duplique su productividad ya que, en este caso, la experiencia juega un papel fundamental.

Todos ellos trabajan en el campo de Miguel Fraga, ingeniero agrónomo calandino de 47 años que se dedica al cultivo de melocotón desde 2005 tras tomar las riendas del negocio familiar. Este proceso comienza, explica, entre noviembre y marco cuando se lleva a cabo la poda. “Dejamos unas 150 rapas por árbol, contando que saldrán entre 2 y 3 melocotones por rama”, afirma. De los más de 1.200 frutos que dará el árbol, al almacén tan solo llegará en torno al 30%. “Durante la fase de aclareo, en el mes de mayo, tiramos el exceso y los melocotones defectuosos, y ahí comienza el embolsado. El melocotón que llega al almacén tiene que estar inmaculado”, explica.

Además, como explica el agricultor, el embolsado permite una maduración más homogénea y uniforme de cada fruta, que al estar mejor repartida en la rama engorda mejor, y se evita el contacto directo con el producto químico. Actualmente, la Denominación de Origen del Melocotón de Calanda se encuentra ubicada al sureste de la depresión del río Ebro y la comprenden un total de 45 municipios de Zaragoza y Teruel.

Cuestión de tamaño y dulzura

Pero, ¿cuáles son los peores enemigos de este cultivo? Como explica Fraga, sin duda el primero sería el granizo, seguido de las heladas y las plagas. “También tiene que ver el momento en el que se producen estos fenómenos, porque si el granizo llega con el melocotón embolsado ya has invertido unos 20 o 25 céntimos por pieza y el gasto es considerable”, añade el agricultor. De ahí, los frutos seleccionados y recopilados en cajas son llevados hasta la Cooperativa La Calandina, en el corazón de Calanda, donde se pesan y se introducen en unas cámaras a 2 grados de temperatura para detener su maduración.

“Ahora mismo llevamos unos 20 días de trabajo acabando de seleccionar la fruta que ha sido más temprana y esperamos le llegada del melocotón tardío”, afirma Antonio Cerdán, su gerente. Actualmente la cooperativa cuenta con más de 150 socios y 90 trabajadores en la fábrica y otros 150 en el campo. Nada más llegar el melocotón medimos su azúcar con un espectrómetro: “La D.O. garantiza una dulzura mínima de 12 grados Brix”.

Ya en el interior de la nave, un complejo sistema de cintas y rodillos es el que se encarga de trasladar, bajo la atenta mirada de los operarios, los melocotones de primera, segunda o tercera –que se convertirán en zumo- a sus respectivos destinos. “El de segunda se vende en nuestra tienda a un precio algo inferior, y el de primera va directo a la cinta clasificadora por calibre, en la que se selecciona según su peso y su color”, añade Cerdán. En la fase final, los melocotones se colocan según su calibre –tamaño o peso- en cajas de 15, 18, 20, 24 o 26 unidades, siendo el primero el de mayor precio. “Actualmente el calibre 20 ronda 1,50 euros el kilo, por ejemplo”, afirma. Ya en cajas, estos melocotones viajarán hasta grandes superficies de toda España como El Corte Inglés o Mercadona, y a mercados mayoristas de todo el país. 

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