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Sabiñanigo alto

Comienza el desmantelamiento del vertedero de lindano entre fuertes medidas de seguridad

Las máquinas empezaron a sacar ayer las tierras contaminadas y a trasladarlas a la nueva celda de Bailín.
La operación emplea a 50 personas y mueve 180 camiones de residuos diarios

Mª José Villanueva Actualizada 20/05/2014 a las 22:22
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Primeros residuos en la nueva celda. La celda de seguridad empezó ayer a almacenar los primeros residuos.

La operación para desmantelar el vertedero de Bailín (Sabiñánigo), el mayor foco de contaminación conocido en Aragón, donde hay enterrados casi 200.000 metros cúbicos de suelos con lindano, arrancó ayer con el traslado de los primeros residuos a la nueva celda de seguridad. Aquí quedarán definitivamente sellados, evitando así las actuales filtraciones en el subsuelo. El Gobierno de Aragón invertirá 5,7 millones de euros en esta fase del plan de obras, adjudicada a la UTE FCC y Ámbito Adiego Hermanos, y lo hará además en solitario, al retirar su aportación el Ministerio de Medio Ambiente.

De aquí a septiembre, 50 personas trabajarán en dos turnos en lo que la DGA considera como una de las operaciones de gestión de residuos más ambiciosas acometidas en España. Las máquinas empezaron ayer a mover las tierras del antiguo vaso, activándose la denominada ‘fase negra’, que conlleva unas medidas de protección especiales para los trabajadores y un estricto sistema de control para evitar la salida al exterior de partículas del peligroso pesticida que fabricó Inquinosa.

Cada día se moverán 180 camiones. Al final, habrán trasladado al nuevo vaso 180.000 metros cúbicos de materiales (unas 340.000 toneladas). "Hay tierras (110.000 o 120.000 m3), lindano (45.000 toneladas) y voluminosos", explicó Pedro de Miguel, director de la obra por parte de Sarga, a la que encargó el proyecto la DGA.
Cada sustancia tiene una gestión distinta. Antes de llegar a la celda van a la estación de transferencia, donde pasan por diferentes tolvas según su tipología. La más peligrosa, el denominado residuo libre (líquido más denso que circula por las fracturas del macizo), se lleva a incinerar a Francia; mientras que el lindano se mete en sacas antes de echarlo a la celda. Aquí permanecerá acotado en la zona central.


La peligrosidad de los materiales ha obligado a adoptar un plan especial de seguridad, que incluye desde la separación de zonas en el vertedero (‘blancas y negras’) hasta el equipamiento y el control sanitario de los trabajadores. "Toda la gente que trabaja dentro está muy controlada y dispone de los mejores equipos de protección", aseguró De Miguel. Los vehículos (entre ellos, dos retroexcavadoras, seis camiones, un camión pluma y un bulldozer) no abandonarán el recinto, ya que habría que limpiarlos en cada salida.

Además de los controles interiores, se han previsto los posibles riesgos ambientales. Los trabajos se interrumpirán bajo determinadas condiciones meteorológicas, como precipitaciones por encima de 8 l/m2. "Las lluvias podrían generar una fuga y el viento, la dispersión de partículas. En este caso se paran todos los tajos de obras y cubrimos los frentes, asegurándonos la eliminación de los focos de emisión", explicó el director de obra. De ahí que la autorización ambiental se limite a los meses de mayo a septiembre, el periodo menos húmedo. "No podemos llegar al invierno con esto abierto, por eso trabajamos en dos turnos", comentó De Miguel.

Veinte años después

El vertedero del barranco de Bailín fue utilizado desde mediados de los años 80 hasta comienzo de los 90 por Inquinosa, que llegó a arrojar tinajas de residuos libres con total impunidad. No había normas que regularan el sellado y se construyó en condiciones precarias. Esto, unido a la tipología de los residuos, "dio lugar a un importante foco de contaminación en el valle", según los técnicos de la DGA. En 1995 se aplicaron unas actuaciones urgentes, pero no se pudo aislar, poniendo en riesgo las aguas del Gállego. De ahí que se contemplara una nueva fase de obras, con la construcción de una celda de seguridad donde encapsular los residuos.

Tras el desmantelamiento del viejo Bailín, se acometerá un estudio del macizo rocoso para ver el alcance de la contaminación y proceder a remediarla. La Dirección General de Calidad Ambiental ha conseguido que la UE financie hasta 2017 (a través del programa Life +) un proyecto de limpieza de acuíferos que previamente se ensayará en laboratorio.





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