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Aragón bautiza los 10 nuevos ibones nacidos del cambio climático

La Comisión de Toponimia pone nombre a los lagos de montaña surgidos a consecuencia de la fusión de los glaciares para evitar denominaciones "espontáneas poco adecuadas". 

Imagen tomada en 2015 del ibón del Aneto.
Imagen tomada en 2015 del ibón del Aneto.
Javier San Román

Los nuevos lagos de alta montaña surgidos de la fusión de los glaciares, por efecto del cambio climático, crecen y se hacen más evidentes a ojos de los montañeros a medida que avanza el deshielo. El ibón nacido a los pies del Aneto ha pasado de ser una charca hace una década a convertirse en una masa de agua de dimensiones considerables. Lo mismo otros nueve en el Pirineo. Sin embargo, ninguno tiene todavía nombre oficial. Se les conoce por el topónimo de lugares geográficos cercanos, o en el caso mencionado se le ha llegado a calificar como el ibón 'Innominato'.  

Para remediarlo, la Comisión Asesora de Toponimia de Aragón contactó con los ayuntamientos implicados para que éstos realizaran una propuesta indicando qué nombres les parecían más apropiados, "siempre desde la lógica lingüística y la tradición toponímica de estas montañas", comentaron fuentes del Gobierno de Aragón. El objetivo es evitar la proliferación de "bautizos espontáneos con nombres poco adecuados". 

Los dos ibones aparecidos en Fanlo, cuya denominación cuenta ya con la aceptación del municipio, pasarán a denominarse oficialmente Ibons d’Arrablo. A ellos se suma otro que surgió hace más de 80 años, conocido popularmente como Lago Helado de Monte Perdido, que ahora tendrá doble denominación al incluirse su versión en aragonés: Ibón Chelau de Treserols.

En Benasque han aparecido en las últimas décadas otros seis. La propuesta actual para su denominación es Ibons Bllancos de Lliterola, en el caso de los cuatro aparecidos en el valle de Lliterola, y a ellos se añadirían el Ibón de Malpás, en el valle de Remuñé, y el Ibón de la Maladeta

El próximo jueves, en la Comisión Asesora de Toponimia, se planteará la aprobación de la propuesta de denominación de estos accidentes geográficos, que estará condicionada por la decisión que tome el Ayuntamiento de Benasque. En el pleno celebrado este miércoles la cuestión se somete a debate. Según el alcalde, Ignacio Abadías, el municipio plantea denominar al de la Maladeta ibón del Aneto, ya que está a los pies de este pico. Los otros ya se conocían popularmente con esos nombres. 

El primer ibón Blanco apareció en los años 40 y el último en los 90. Un fenómeno similar se produjo en el ibón de Malpás y en el valle de Lliterola, donde quedaron cuatro cubetas inundadas conocidas como los ibones Blancos por el color lechoso que les proporciona la ‘harina de roca’ que lleva el agua en suspensión y que procede del pulimento que realiza el hielo del glaciar sobre su base rocosa, según el biólogo y geólogo José Luis Piedrafita, autor junto a Javier San Román del libro ‘Glaciares del Pirineo’.

El que más ha llamado la atención de estos dos investigadores es el del Aneto. A pesar de intuirse en el 2012, no fue hasta el 2015 cuando se constató que era un ibón. Su principal atractivo es que el glaciar acaba en estas aguas, pero también destaca por su rápido crecimiento y el tamaño alcanzado. "Conforme el glaciar vaya retrocediendo, el lago continuará creciendo tanto en extensión como en profundidad", afirman. En 2015 ya medía 0,05 hectáreas, y en 2019, seis veces más (0,3), con una profundidad de 4 o 5 metros. Se ha convertido en el de mayor altitud del Pirineo, entre los más de 200 existentes en Aragón, y en el último incorporado al inventario de los lagos vinculados al glaciarismo.

La toponimia de los ibones no ha suscitado controversia, salvo la modificación que quiere incluir el Ayuntamiento de Benasque. Pero sí la hubo hace cuatro años cuando se planteó la denominación de los picos en el conocido como 'Proyecto tresmiles' del Gobierno de Aragón para establecer los nombres oficiales de las 160 montañas del Pirineo de esa altitud. 

La Federación Aragonesa de Montañismo había reclamado una relación oficial de tresmiles, una vieja aspiración para acabar con listas arbitrarias, como la del belga Juan Buyse. Finalmente, el actual consejero de Vertebración Territorial, José Luis Soro, recogió el guante, pero el resultado no gustó del todo y la FAM criticó que no se contara con los usuarios para renombrar muchos picos con topónimos aragoneses, borrando del mapa los de los primeros pirineístas. Era el primer proyecto de la Comisión Asesora de Toponimia de Aragón. Su lista de nombres es de uso obligado en la cartografía oficial. 

No se entendió que el techo de los Pirineos pasara a ser Tuca de Aneto/Maladeta de Corones. Ni la sustitución del pico Russell (en honor de Henry Rusell, quien dedicó gran parte de su vida a estudiar estas montañas), por el de Cap de la Vall.

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