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Estufas, una carpa y plumíferos para salvar el bar más antiguo de Almudévar

Fundado en la década de los 30, el Bar Samuel continúa abriendo sus puertas cada día a pesar de las pérdidas: “hacemos más labor social que otra cosa”.

Terraza y estufas en el bar Samuel de Almudévar.
Terraza y estufas en el bar Samuel de Almudévar.
C.I.

A pesar de la pandemia, una mañana cualquiera del mes de diciembre en el bar Samuel, ubicado en el número 1 de la plaza España de Almudévar, está llena de vida. Ni la distancia de seguridad, ni las mascarillas o la presencia de botes de gel hidroalcohólico por la barra del establecimiento han podido con las ganas de los vecinos de la localidad oscense de reunirse en torno a un café para comenzar el día.

Y es que, su actual gerente, el joven Pablo Casajús (24), se ha tomado muy en serio esto de adaptarse a la era covid. En los últimos meses ha colocado una gran carpa en la plaza, así como varias estufas. Una de sus últimas acciones ha sido el diseño de sudaderas personalizadas para sus clientes habituales. “Han sido todo un éxito, ya han reservado más de 50 unidades”, advierte el hostelero.

Pedro Dena y Pablo Casajús, en el bar Samuel.
Pedro Dena y Pablo Casajús, en el bar Samuel.
C.I.

Cualquier acción se queda corta para salvar al bar más antiguo de Almudévar en tiempos de pandemia. “Adaptarse a esta nueva realidad está siendo muy complicado. Ahora mismo abrir no es rentable, mucho menos tras el desembolso que hemos tenido que hacer para seguir atendiendo. Creo que hacemos más labor social que otra cosa, hay días que no gano ni para butano”, afirma el joven.

Casajús llegó al local como camarero de su anterior gerente, José Carlos Dena, quien falleció en 2018 sin descendencia y sin una persona dispuesta a continuar con este proyecto familiar que comenzó a dar sus primeros pasos en la década de los años 30. “Llevaba más de dos años aquí y estaba encantado con el bar, el trabajo y sobre todo con la gente. Creo que los bares somos fundamentales en los núcleos rurales. En el momento que cierra un bar, muere un trozo del pueblo”, asevera.

En los pueblos, estos lugares se convierten en espacios de socialización fundamentales para sus vecinos: “Muchos de ellos son muy mayores o se han quedado solos. Durante la pandemia nos hemos cuidado entre todos pues nos sentimos familia”.

Vecinos y clientes del bar Samuel de Almudévar.
Vecinos y clientes del bar Samuel de Almudévar.
C.I.

Y eso es algo de lo que entiende muy bien pues tuvo que cerrar su otro establecimiento, el bar Mestizo, ubicado a unos pocos metros del Samuel, con el inicio de la pandemia. “Era inviable económicamente. Pronto comenzaron a acumularse los pagos y sabía que no podría aguantar de esta manera”, explica.

En palabras del hostelero, sin lugar a dudas lo peor de la crisis sanitaria está siendo la “tremenda sensación de incertidumbre”. “Cuando comenzó todo pensé que duraría apenas 15 días y mira ahora. Jamás pensé que mi vida podía cambiar de esta manera en tan solo unos meses”, reflexiona Casajús.

“Sentí que se me iba de las manos”

Las ganas por sacar adelante el proyecto del joven han sido muy bien recibidas por sus vecinos que no dudan en acudir, a pesar del frío, a apoyar la continuidad del lugar. “La gente se ha volcado, y eso es muy emocionante porque la situación está siendo muy dura. Con la plantilla en ERTE estoy prácticamente solo todo el día, y he pasado de tener un proyecto bien encaminado a sentir que todo se me iba de las manos”, resume.

"Mi hermano dedicó toda su vida a este proyecto y siguió sus pasos su hijo, que falleció hace dos años y medio... Casi me alegro de que no les haya tocado ver nada de esto"

Por eso, aunque reconoce que en ocasiones ha sentido miedo de verse abocado al cierre, el apoyo del pueblo y de su familia están siendo fundamentales. Entre su clientela habitual se encuentra Pedro Dena (88), hermano del fundador del bar, Samuel Dena. “Cuando volvió de Jaca de hacer la mili, mi tío Pedro -dueño del antiguo bar Casa Pedro- lo mandó para allá porque de joven había trabajado mucho tiempo con ellos”, rememora.

Aunque por aquel entonces el bar era mucho más pequeño -casi la mitad de lo que es ahora- y no contaba con la amplia variedad de tapas y bocadillos que se puede encontrar ahora, Dena asegura que, en aquel momento, su apertura fue una gran noticia para los vecinos del pueblo. “Mi hermano dedicó toda la vida a este proyecto, se jubiló en el bar en el año 85 y siguió sus pasos su hijo, José Carlos, quien falleció hace dos años y medio”, relata.

Hoy, con cierto grado de melancolía, Pedro asegura que no sabe cómo habría reaccionado ninguno de ellos si hubieran sabido de la pandemia: “Casi me alegro de que no les haya tocado ver nada de esto”.  

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