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Huesca

Explorando las entrañas de Ordesa en busca del río Perdido

Espeleólogos y científicos trabajan juntos en el Parque Nacional para investigar sus aguas subterráneas a lo largo de kilómetros de galerías y anticipar los efectos del cambio climático. Texto: María José Villanueva

El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido ofrece imponentes paisajes de montaña que atraen cada año a 600.000 turistas. Pero bajo el suelo que pisan se oculta un mundo subterráneo solo al alcance de unos pocos. Las entrañas del mayor macizo calcáreo de Europa esconden kilómetros de cavidades, ríos y grutas heladas, un auténtico queso gruyere horadado por la erosión del agua sobre la roca caliza donde espeleólogos e investigadores estudian la dinámica de las corrientes del subsuelo en el contexto del cambio climático. Uno de los frutos de esta colaboración es el informe hecho público recientemente sobre la cascada de la Cola de Caballo y la amenaza que pesa sobre ella por el calentamiento global.

La imagen más icónica del Parque debe su existencia a la descarga de agua subterránea proveniente del manantial de Garcés, explorado por el grupo Otxola de Pamplona durante 3 años siguiendo la pista de lo que ha bautizado como el río Perdido de Ordesa. La cueva de Garcés se conocía desde antiguo, pero la presencia de un sifón, una galería inundada de 60 metros de largo y 12 de profundidad, que nadie había podido superar, interrumpió su recorrido. El Instituto Geográfico y Minero de España (IGME), que desde hace más de una década investiga las aguas subterráneas de Ordesa, se puso en contacto con Otxola porque cuenta con especialistas en espeleobuceo. "Superamos el sifón y llegamos a un gran río subterráneo. Se sabía que existía en esa zona pero no se había logrado localizar. Por eso lo llamamos el río Perdido, por el monte pero también porque nadie lo había encontrado hasta ahora", explica el espeleólogo José Javier Ruiz. Lograron avanzar y topografiar 3 km de la cueva de Garcés y remontar el curso, con sus cascadas, sus rápidos y sus simas, desde la Cola de Caballo hasta debajo del refugio de Góriz. "Había un segundo sifón que consiguieron cortocircuitar por una galería aérea hasta un tercero, donde ha quedado interrumpida la exploración. Buceamos pero se nos hacía difícil continuar".

Garcés y la Cola de Caballo

El río Perdido se ha convertido en un referente de los secretos guardados por el Parque Nacional en su interior. Se trata del colector principal de toda la zona de Monte Perdido. Aparece después de la Cola de Caballo, más arriba de la cascada ya no se ven cursos de agua importantes porque están bajo tierra. En sus exploraciones, los espeólogos localizaron el gran pozo de la sima P1, estudiada por los franceses en los años 80 hasta descender a -80 metros. "Lo revisamos este año y, tras conseguir atravesar un paso estrecho con agua, vimos que continuaba por una zona inexplorada. Bajamos varios pozos pero hay una estrechez impenetrable de -120 metros de profundidad", cuenta José Javier Ruiz.

En colaboración con el IGME, han instalado sensores en la cueva de Garcés, tomado muestras del agua y documentando las cavidades con mapas topográficos. A cambio de su aportación, han podido penetrar en el subsuelo de Ordesa, ya que la espeleología en el Parque Nacional está regulada y solo se permite con fines científicos.

El hecho de que sea un macizo calcáreo y esté situado a gran altitud, lo convierte en un paraíso para los exploradores de las grutas subterráneas. "No estábamos acostumbrados a adentrarnos en cuevas tan altas, con unas características tan concretas. Encontramos salas llenas de nieve, zonas heladas..., porque exploramos en torno a 2.500 y 2.700 metros de altura. Eso hace que las condiciones sean muy duras, a veces terribles, con prácticamente el cien por cien de saturación de humedad y una sensación de frío muy intensa".

El tránsito por la cueva de Garcés, la de la Tartracina y el río subterráneo les obliga a estar muy pendientes de la meteorología. "Cualquier tormenta o lluvia un poco intensa varía mucho el nivel del agua en las cavidades, puede ser muy peligroso", advierte José Javier Ruiz. Su trabajo se reduce a los meses de verano, cuando no hay nieve en el exterior. Montan un campamento base desde el que hacer sus incursiones, algunos años por encima de la Cola de Caballo y más recientemente en una faja a 2.500 metros de altitud, cerca del refugio de Góriz.

Cascadas amenazadas

La colaboración del grupo Otxola ha sido "esencial". "No podríamos llegar hasta donde hemos llegado sin ellos", declara Luis Javier Lambán, científico titular y jefe de la unidad del IGME en Zaragoza. Esta lleva desde el 2007 trabajando en el conocimiento de las aguas subterráneas del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, "algo todavía muy desconocido, dada la falta de datos y la dificultad de acceso". En los últimos años se han identificado los principales acuíferos existentes, y desde 2018 estas investigaciones se enmarcan en el proyecto europeo Piragua (del programa Interreg Poctefa), cuyo objetivo es evaluar el impacto del cambio climático en el ciclo hidrológico en los Pirineos. El proyecto incluye siete casos de estudio, uno referido a la evaluación en áreas de especial valor ambiental, "y Ordesa tiene todas las figuras de protección posibles".

El equipo de científicos del IGME, integrado también por Jorge Jódar, Antonio González, Sergio Martos y Javier Heredia, centra actualmente su trabajo en el manantial de Garcés, que es el punto de descarga de agua subterránea procedente del sistema kárstico homónimo, el cual está prácticamente inexplorado por su difícil acceso. Esta descarga es la principal fuente de alimentación de la Cola de Caballo durante el estiaje. Fue la razón para contactar con espeleólogos capaces de bucear en las cavidades inundadas. Uno de los primeros resultados se refiere precisamente a la emblemática cascada y la amenaza que pesa sobre ella por el cambio climático.

Los científicos estudiaron la dinámica del caudal de descarga del manantial de Garcés y han concluido que la mayor parte del agua que brota por él procede de la infiltración de la fusión nival. Eso significa que, ante el previsible aumento de temperaturas en el Pirineo para finales de siglo, de entre 2 y 7,1 grados, se reducirán las nevadas, y con ello la recarga al acuífero que alimenta el manantial y por ende a la Cola de Caballo, por lo que en verano perderá su aspecto actual. La hipótesis sería extrapolable a otras cascadas, como la de Fuen Blanca, en el cañón de Añisclo, un salto de agua también representativo del Parque Nacional, o a la de Gavarnie, en el lado francés, otro icono turístico.

Por otra parte, el análisis de los isótopos del agua permite deducir el tiempo de permanencia de esta en el acuífero y la altitud de procedencia, lo que facilita el conocimiento del funcionamiento hidrogeológico del Parque. También se trabaja con la inyección de trazadores, colorantes que no se ven a simple vista ni afectan a la calidad del agua, pero sí detectables con fluorímetros para averiguar el comportamiento de las corrientes subterráneas. Además, explica Lambán, en el ámbito del proyecto Piragua "se están haciendo otros estudios para modelizar los recursos hídricos superficiales y subterráneos de todo el Pirineo teniendo en cuenta diferentes escenarios de cambio climático".

52 años de exploración

Otxola no es el único grupo que ha podido adentrarse en las entrañas de Ordesa. En el sector de Escuaín están las cuevas más importantes del macizo, alguna con más de 1.000 m de profundidad, y casi 40 km de galerías plasmadas en planos topográficos que llevan la firma del Grupo Badalona. Los predecesores de los navarros llegaron desde Cataluña en 1960, recogiendo el testigo de los pioneros franceses, para centrar sus investigaciones en Escuaín. En 1980 consiguieron el récord mundial de profundidad integral (-1.150 metros), después de perseguirlo durante una década. Su ambición por realizar nuevos descubrimientos va más allá del reto deportivo. "Es una actividad física extrema, pero no se trata de espeleoaventura, lo hacemos con afán científico", aclara Francesc Alfambra, miembro de esta asociación, quien acude a Ordesa desde 1971.

El grupo ha descubierto dos especies animales cavernícolas hasta ahora desconocidas, dos coleópteros endémicos del macizo, y puede presumir del hallazgo del yacimiento de la cueva de los Osos de Tella. Lleva 8 años colaborando con el Instituto Pirenaico de Ecología en sus estudios sobra las cuevas heladas y la historia del clima en el Pirineo. "Hemos acompañado al investigador Miguel Bartolomé bajando a grandes profundidades para tomar muestras de estalactitas y estalagmitas", indica Alfambra.

Estos espeleólogos montan cada verano su campamento base en Escuaín. Dentro de las grutas tienen otros, a 700 o 900 metros de profundidad, para poder realizar los largos recorridos subterráneo sin estar entrando y saliendo. En ellos disponen de un lugar donde comer y dormir protegidos de las aguas y el viento y alejados de los puntos de inundación. "Es necesaria fuerza física y mental porque no todo el mundo aguanta 10 días dentro", comenta Alfambra, quien habla de la magnitud de algunas cuevas y pozas, "donde podría caber una catedral" y del "impresionante rugido del agua" en las crecidas.

Él recuerda momentos difíciles, como una inundación en octubre de 1991 en la surgencia de Escuaín. "Tuvimos que bucear a pulmón libre. En unos minutos llegó el agua al techo". Peor suerte corrió un grupo de Valencia, uno de cuyos integrantes murió congelado en 1978 colgado de una cascada. "Entonces habíamos hecho la sima más profunda de España y ellos lo intentaron también".

El grupo Otxola cogió el testigo de los catalanes en la cueva de Garcés hace 3 años. "Desde 1963 no se había explorado. Son unos ‘supermanes’ porque ya no solo se meten en las cuevas, también exploran bajo el agua", menciona el representante de los de Badalona. El espeleobuceo permitió a los primeros superar el primer sifón y seguir adelante en la exploración del río Perdido. En grandes cavidades es habitual la colaboración entre los grupos, explica Francesc Alfambra, quien asegura que "cada vez hay más afición por la exploración subterránea" o, lo que es lo mismo, por descubrir secretos como los que guardan las entrañas de Ordesa.

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