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Huesca

El cambio climático amenaza la popular Cascada de la Cola de Caballo de Ordesa

Un estudio del Instituto Geológico y Minero demuestra que el caudal de descarga depende fundamentalmente de la fusión nival, por lo que parte del año perdería su esplendor.

La cascada de la Cola de Caballo, el pasado lunes, en el Parque de Ordesa.
La cascada de la Cola de Caballo, en el Parque de Ordesa.
Heraldo

El calentamiento global está transformando algunos paisajes emblemáticos del Pirineo. El retroceso de los glaciares es un hecho ya desde hace años, pero el cambio climático amenaza con alterar otros en un futuro más o menos cercano. Es el caso de la cascada de la Cola de Caballo, una imagen icónica bautizada así por su forma, situada en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. No es la más larga y compite en espectacularidad con otras, como las del Cinca, en el mismo Parque, o las de Cerler; pero sí es la más visitada, destino de miles de personas en la ruta de la Pradera de Ordesa hasta el fondo del valle. 

Un estudio que acaba de hacer público el Instituto Geológico y Minero de España (IGME) advierte de la amenaza que pesa sobre ella si las previsiones de los modelos climáticos se confirman. Según estas, la temperatura media en el Pirineo podría subir a finales del siglo entre 2 y 7,1 grados, tal y como señaló el informe del 2019 del Observatorio Pirinaico del Cambio Climático. Este ascenso hará que paulatinamente haya menos precipitaciones de nieve, y que dure menos la cobertura nival, señalan los científicos, y a su vez una disminución de la recarga que garantiza los caudales de descarga en épocas de estiaje, "perdiendo durante buena parte del año su esplendor, tal y como lo conocemos hoy día".

En su trabajo, para el que han contado con la colaboración de los miembros del grupo de espeleología Otxola, han podido comprobar que una cuarta parte del agua se infiltra de manera concentrada a través de profundas simas que conectan la superficie del terreno con la red de galerías, descargando a través del manantial de Garcés que alimenta la cascada en apenas diez días. Sin embargo, las tres cuartas partes restantes del agua de fusión nival se infiltran, de manera difusa, a través de la extensa red de fracturas del terreno. "Esta agua va percolando lentamente hasta llegar al nivel freático del acuífero. Una vez aquí, el agua subterránea comienza a fluir subhorizontalmente con un régimen de flujo laminar, alcanzando el punto de descarga en el manantial de Garcés tras un viaje subterráneo de algo más de un año de duración", precisan.

El estudio constata que la abundancia de nieve acumulada en otoño, invierno y primavera garantiza una generosa recarga del acuífero a través de la fusión nival, y una descarga "continua y estable" que mantiene el esplendor visual de la cascada de la cola de caballo, "esplendor que le ha hecho ser merecedora de ser nombrada la cascada de agua más bonita del mundo, según los lectores del diario británico ‘The Guardian’". Pero con el ascenso de temperaturas, las precipitaciones en forma de nieve de reducirían en otras épocas del año. 

El equipo de científicos del IGME está integrado por Jorge Jódar, Antonio González, Sergio Martos, Javier Heredia y Luis Javier Lambán (director del proyecto) y ha contado con la colaboración de Fernando Carmena, José Ignacio Gómez, Marta Quintana y Elena Villagrasa (directora del Parque) así como del grupo de espeleología Otxola. Esta actividad se enmarca dentro del proyecto europeo Piragua de 'Evaluación y prospectiva de los recursos hídricos de los Pirineos en un contexto de cambio climático, y medidas de adaptación con impacto en el territorio (2018-2020)'.

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