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La defensa de la abuelastra de Naiara carga toda la culpa en el asesino

El abogado de la mujer afirma que ella no sabía nada de las torturas que sufría la niña por parte de su tío.

Nieves P. y Carlos P., abuelastra y padrastro de Naiara, a la salida de los Juzgados de Jaca.
Nieves P. y Carlos P., abuelastra y padrastro de Naiara, a la salida de los Juzgados de Jaca.
Rafael Gobantes

El representante legal de la defensa de la abuelastra y del padrastro de la niña Naiara, fallecida en Sabiñánigo (Huesca) tras horas de castigos y torturas por parte de su tío político, considera que la acusación contra ambos por maltrato continuado no se ajusta a la realidad y carga toda la responsabilidad de los hechos en el asesino confeso.

En su escrito de defensa, el letrado de ambos acusados destaca que la decisión de Naiara, de 8 años, pasara unos días en la casa de su tío y de su abuelastra a finales de junio de 2017 fue de su madre biológica a fin de que estuviera con sus dos primas.

Subraya que la madre, que trabajaba en esos momentos fuera de Sabiñánigo, tenía una gran confianza en la abuelastra, a quien la menor, destaca el abogado en su escrito, "adoraba y llamaba abuela".

Un cariño, continúa el escrito, que también profesaba hacia la niña su padrastro, que la atendió desde su matrimonio con la madre de la menor y que se ocupaba en esos momentos del cuidado de las dos hijas menores de la pareja.

Destaca el abogado que fue el presunto asesino quien asumió y reconoció que había impuesto a Naiara tareas de estudio, que la abuelastra, que trabajaba todo el día fuera de casa, le reprochaba ser estricto pero sin sospechar un posible maltrato, y que el padre no se acercaba por el domicilio de sus parientes.

Según asegura, "era Iván P.P. (el asesino) y sólo él quien corregía y castigaba cuando lo consideraba oportuno a las tres menores, comentando en alguna ocasión dichos comportamientos con su madre, quien habitualmente le reprochaba ser tan estricto con ellas".

También destaca que una de las menores colaboró de un modo "activo y pleno", pero insiste que la abuelastra "nunca maltrató ni golpeó pues ni apenas la veía ni tenía conocimiento cabal de cuanto su hijo hacía con ella y sus primas aquellos días".

Añade, además, que a la propia abuelastra le generaba "angustia e incluso temor" que su propio hijo le amenazara y le reprendiera a ella, y señala que no tuvo conocimiento de que le impidiese dormir a la niña por un castigo porque la noche antes del crimen observó a las tres menores sentadas en el sofá ante la televisión.

El abogado cuestiona, asimismo, los mensajes por Whatsapp esgrimidos por la fiscalía y la acusación particular del padre biológico de la niña al ser generados por terceros y no por los propios acusados.

Califica, por otra parte, de ejercicio de "funambulismo jurídico" los cargos imputados por esta acusación a sus clientes por presuntos delitos de "asesinato por comisión por omisión".

Ambos acusados se sentarán en el banquillo ante un jurado popular junto al asesino confeso de la menor, al que la fiscalía y las acusaciones particulares en representación de la madre de la menor y de su padre biológico coinciden en pedir prisión permanente revisable por estos hechos. 

El letrado de la defensa de este acusado responsabiliza a su cliente de lesiones en concurso ideal con otro de homicidio culposo, y deja en manos del tribunal el establecimiento de la pena a cumplir.

Por su parte, el fiscal ofrece, por contra de lo alegado por esta defensa, un pormenorizado relato de las torturas a las que fue sometida la niña entre las 8.30 y las 13.30 horas del 6 de julio de 2017.

Según el ministerio público, el acusado actuó de forma "salvaje, despiadada e inmisericorde" al forzar a la menor a permanecer de rodillas sobre gravilla, y proceder posteriormente a sujetarle las manos con grilletes y utilizar un calcetín como mordaza para impedirle gritar. 

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