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Tercer Milenio

Transición ecológica

Cuando tiras comida desperdicias también los recursos empleados para producirla

A día de hoy, tiramos demasiada comida a la basura, un error que, por la escasez de agua y el aumento de población del planeta, no podremos permitirnos seguir cometiendo en el futuro. En breve comenzará en el CITA el proyecto ‘Presente y futuro del desperdicio alimentario en los hogares españoles y su impacto en la huella hídrica’, financiado por la Agencia Estatal de Investigación.

Nos cuesta mucha agua producir alimentos. La agricultura gasta el 70% del agua que se consume.
Nos cuesta mucha agua producir alimentos. La agricultura gasta el 70% del agua que se consume.
Pxhere

Conseguir reducir el desperdicio alimentario tendría un efecto directo en la disminución del despilfarro de los recursos empleados para producir esa comida que acaba en la basura. Según los últimos datos ofrecidos por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, cada persona tira cada día alrededor de 72 gramos de alimento, lo que equivale a tirar un yogur cada dos días. "Si ese ‘yogur’ se tirase cada cuatro días, no solo se conseguiría reducir el desperdicio alimentario a la mitad, sino también la pérdida de recursos empleados para producirlo", ejemplifica el investigador Hugo Ferrer.

En diciembre comienza, en el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA), un proyecto que va a analizar el desperdicio alimentario de los hogares en España, qué factores lo determinan y cuál es su impacto sobre la huella hídrica a nivel nacional y regional. Porque "tirar alimentos implica tirar unos recursos que son escasos –advierte el investigador del CITA–. Esto significa que se está desperdiciando el agua utilizada en la producción de esos alimentos que no se van a consumir. Hay que tener en cuenta que la agricultura, en promedio, gasta el 70% del agua que se consume".

Una vez calculadas las tasas de desperdicio de los hogares, junto a sus compañeros de la Unidad de Economía Agroalimentaria George Philippidis y Pilar Gracia de Rentería estudiarán cuáles son sus factores determinantes y utilizarán esa información para, posteriormente, analizar cuáles serían los impactos –a nivel social, medioambiental y económico– de una reducción en dichas tasas en España en 2050. Tras este estudio de dos años de duración, Hugo Ferrer cree que "los resultados van a contribuir a mejorar el conocimiento que tenemos acerca de los factores que determinan las tasas de desperdicio alimentario en los hogares en España, así como su impacto medioambiental en términos de cuánta agua empleada se ha desperdiciado y de cómo está previsto que evolucionen en el futuro, considerando distintos escenarios, con la mirada puesta en 2050". 

Es complejo contemplar todos los factores que influyen en el desperdicio alimentario. Ferrer precisa que "si solo nos centramos en el desperdicio en hogares, aparte de los impactos de las tendencias generales como variabilidad climática, la coyuntura económica (crisis o conflictos), se pueden distinguir factores de tipo sociodemográfico como el estilo de vida de los individuos, la estructura del hogar, los hábitos y habilidades a la hora de cocinar, de planificar compra, los hábitos de compra, la conciencia del problema de desperdicio, entre otros, así como de tipo económico como la renta, los precios de los productos, por nombrar algunos". 

Considera que se podría influir, para evitar tanto desperdicio, "centrándonos en los factores que afectan a los hogares, principalmente a través de iniciativas que proporcionen más información sobre el problema". Para fomentar la concienciación y educación de la sociedad en materia de desperdicio, el mensaje en el que incidir es "que ese producto que no se consume y se tira tiene un valor, por lo que necesitamos otra forma de gestionar los alimentos". El objetivo: tratar de transformar comportamientos "para que llegue un momento en que sea algo natural".

El gran reto de alimentar un planeta 

Las proyecciones oficiales indican que en 2050 se prevé que la población mundial alcance los 10.000 millones de personas y se estima que para alimentarlas se necesitará un 56% más de comida, que se tendrá que producir evitando usar más tierra y con menos emisiones. "Esto supone un gran reto para alimentar al planeta de manera sostenible, manteniendo el compromiso de eliminar el hambre y la pobreza, la inseguridad alimentaria y la malnutrición a la vez que se garantizan dietas asequibles, sin dejar a nadie atrás", señala el investigador del CITA Hugo Ferrer. 

Pero no vamos por buen camino. En 2020, una de cada tres personas en el mundo no tenía acceso a una adecuada alimentación. Entre 720 y 811 millones de personas padecieron hambre y casi 2.370 millones no tuvieron acceso a alimentos adecuados. Ferrer constata que el último informe publicado en 2021 conjuntamente por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, la Organización Mundial de la Salud, el Programa Mundial de Alimentos y Unicef "muestra que el mundo, ya antes de la pandemia, no iba encaminado a lograr el objetivo, marcado para 2030, de hambre cero, ni las metas mundiales sobre nutrición y seguridad alimentaria, pese a los progresos realizados hasta la fecha". 

Mientras tanto, se estima que alrededor de un tercio de la producción global de alimentos destinados a consumo humano se despilfarra o se desperdicia. Esto implica que un tercio de los recursos que se utilizan para producirlos se está, literalmente, tirando a la basura. "En cifras, hablaríamos de alrededor de 1.300 millones de toneladas al año, de las cuales casi 570 millones se originarían en los hogares", apunta Ferrer. "Esto sería unos 74 kg por persona cada año, alrededor de 200 gramos al día, lo que equivaldría a tirar diariamente casi dos yogures o unas cuatro latas de atún en conserva". El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación estima que, en 2021, 1.246 millones de kilos o litros de alimentos fueron desperdiciados en los hogares españoles. "Unos 26 kg por persona y año o, para visualizar mejor la cifra –aclara–, casi 72 g al día. Parece una cantidad muy pequeña, pero es como tirar un yogur cada dos días".  

Un objetivo global

  • A nivel mundial, la Agenda 2030, que fue adoptada por Naciones Unidas en 2015, plantea en uno de sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): "De aquí a 2030, reducir a la mitad el desperdicio de alimentos per cápita mundial en la venta al por menor y entre los consumidores y reducir las pérdidas de alimentos en las cadenas de producción y suministro, incluidas las pérdidas posteriores a la cosecha" (ODS 12.3).
  • A nivel europeo, la Unión Europea, comprometida con los ODS y buscando reconciliar progreso económico y sostenibilidad, adoptó el Pacto Verde y la estrategia ‘De la granja a la mesa’ con el objetivo de establecer un sistema alimentario sostenible que, entre otros objetivos, promoviera acciones para reducir la pérdida y desperdicio a lo largo de la cadena alimentaria.
  • A nivel nacional, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación tiene activa una estrategia llamada ‘Más alimento, menos desperdicio’ con el objetivo de concienciar a la sociedad y resto de agentes que participan en la cadena alimentaria a limitar las pérdidas y desperdicio de alimentos, así como su impacto medioambiental".

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