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Maluenda, esfuerzo popular y pasional a pesar de la lluvia

Más de treinta de vecinos, con ropa de calle, participan en los ensayos para que la representación de más de una hora salga a la perfección.

Ensayo de la representación de la Semana Santa de Maluenda, que se lleva a cabo al aire libre, en la plaza Benito López, más conocida por plaza Baja.
Ensayo de la representación de la Semana Santa de Maluenda, que se lleva a cabo al aire libre, en la plaza Benito López, más conocida por plaza Baja.
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Detrás de una representación popular se acumulan a partes iguales ilusión, esfuerzo y entrega. Es el caso de la que se hace en la localidad zaragozana de Maluenda para relatar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, que tradicionalmente se hace en la tarde-noche del sábado de Semana Santa.

Para que todo salga según establece el guion, la práctica totalidad de las personas que participan en ella –cerca de medio centenar– apuran estos días los ensayos, incluso con un ‘plan B’ por si la meteorología se pusiera en contra. Son los momentos para acabar de pulir multitud de detalles: esa frase que no sale, ese giro que tendría que haber sido hacia el otro lado, aquel decorado que tendría que estar unos pasos más allá o ese cañón de luz que busca que la atención se centre en una parte de la acción…

Cañones de luz

«Solemos hacer cuatro o cinco sesiones de preparación. Este año una menos, por la lluvia», explica Silvia Molina, colaboradora en la organización en la última reunión a la que asisten una treintena de actores, vestidos de calle en su mayoría y con los elementos de atrezo justos, y a la que se suma una fina cortina de agua durante algunos momentos. «La del miércoles previo es la general, en la que está prácticamente todo el mundo y en la que vemos esas cosas que hay que modificar, refrescamos lo que había que cambiar…». Este particular entrenamiento tiene lugar al aire libre, en la plaza Benito López (más conocida por plaza Baja), donde tendrá lugar la representación ante el público, que dura algo más de una hora.

Antes de empezar, colocan los cañones de luz y el equipo de sonido, elemento que servirá para reproducir la ambientación musical, la narración y, en este caso, las indicaciones a los actores. «Se empezó a hacer en la década de 1980 por iniciativa del párroco, hacia media tarde. Luego se dejó de hacer porque falleció el chico que representaba a Jesús. Y ya cuando se creó la cofradía de los Hermanos del Cristo de la Columna, al segundo año, se volvió a retomar y decidimos hacerlo cuando ha oscurecido para poder jugar con la iluminación y el sonido». También se usa la casa de uno de los vecinos –también participante en la obra– para emular los palacios de Pilatos, Herodes y Caifás.

Como es habitual en este tipo de actividades, la mayoría de integrantes repiten. «Los personajes principales –Jesús, las tres marías, los apóstoles– suelen repetir, por lo que ya partimos de una base más segura. Siempre falla alguien, por cambios de última hora o imprevistos, pero casi todo el mundo sabe que el sábado a las 20.30 tiene que estar en la plaza con los trajes», puntualiza.

Entre los que acumulan más años a sus espaldas está Javier Pascual, que por octava vez pone cara a Jesús de Nazaret. «La persona que lo hacía antes tuvo que dejarlo por problemas en la espalda y me ofrecí», recuerda, a la vez que rememora cómo «la primera vez cuesta, pero tiene su magia y antes de empezar me preguntaban si estaba nervioso y, la verdad, sentía una paz…». Tras dos años en blanco por la pandemia, Pascual subraya que «se hace con mucho sentimiento e implicación de todos, desde los actores a los que llevan el sonido y las luces. Ya teníamos ganas».

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